jueves, 10 de febrero de 2011

El cardenal Ravasi "bendice" a Pagola y a su libro

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Gracias a Dios. A la postre, la verdad se abre camino. Tengo en mi computadora una serie larga de artículos a favor y, sobre todo, en contra de la persona y del libro de Pagola.

Parece que, por una vez, en Roma han decidido poner las cosas en su sitio. El asunto Pagola estaba desde hace un año en Roma pendiente de sentencia: por una parte, Uriarte el obispo anterior de Donostia que abogaba por Pagola; por otra, unos cuantos obispos españoles en contra furibundamente (no precisamente por razones escriturísticas ni teologales; más bien, por razones mezquinas, que muchas veces no las han mostrado ellos personalmente, pero sí han aparecido por acólitos que los siguen a ciegas). Al fin, Roma ha querido decidir. Gracias, Ravasi. Felicidades a Pagola y a todos los que lo han defendido, aunque sufriendo muchos ellos también. Felicidades también a quienes han luchado denodadamente contra Pagola persona y contra Pagola libro; a ellos también el Espíritu de la verdad, a través de Ravasi, les ha llegado la hora de volverse al Espíritu que vivifica a todos y a cada uno desde dentro de uno mismo. Felicidades a la Iglesia de Dios.
Dionisio Amundarain

21/12/2010
Archivado en Curia romana

Es el ministro de Cultura del Papa. Y uno de los mejores biblistas de la Iglesia católica. Se llama Gianfraco Ravasi y algunos lo colocan en la rosa de los papables con garantías. Pues bien, esta autoridad curial y de prestigio teológico resulta que acaba de publicar un artículo en el periódico italiano "Il Sole 24 Ore", en el que reivindica al "Jesús" de Pagola en términos muy elogiosos. Tanto es así que el purpurado asegura que "la mejor forma para guiar al lector no técnico en medio de esta selva (de interpretaciones cristológicas) me parece la narrativa realizada en España por dos teologos, Armand Puig i Tarrech (Jesús. Respuesta a los enigmas. San Pablo) y José Antonio Pagola (Jesús. Una aproximación histórica. PPC)". Se puede decir más alto, pero no más claro.
¿Qué va a hacer, ahora, el actual obispo de Córdoba, Demetrio Fernández, que difundió en la página web de la diócesis de Tarazona, de la que entonces era titular, un informe, en el que desacreditaba por completo la obra y la teología de Pagola, a la que llegaba a acusar de herejías? ¿Qué va hacer, ahora, el secretario técnico de la comisión episcopal para la Doctrina de la Fe y obispable, José Rico Pavés, que firmaba dicho estudio?
¿Qué va hacer, ahora, Martínez Camino, con las presiones que ejerció contra PPC y su matriz SM, obligándo a la editorial de los marianistas a no volver a imprimir el libro de Pagola?
¿Quién va a reivindicar, ahora, la figura del anterior obispo de San Sebastián, monseñor Uriarte, que dio siempre la cara por su teólogo y, más aún, colocó su nihil obstat en el libro?
¿Qué van a hacer los "talibanes" que quemaron en la hoguera de sus insultos primero al libro, a Pagola, a la editorial PPC y a SM, Euskadi, teología y hasta a monseñor Setién por extensión? ¿Quién les va a resarcir por los daños causados? Daños y perjuicios económicos, pero sobre todo morales.
Demetrio Fernández, José Rico Pavés y Juan Antonio Martinez Camino deberían salir a la palestra pública y pedir perdón humildemente, reconocer su error, rehabilitar el honor pisoteado del teólogo y de monseñor Uriarte, resarcir a la editorial y...retirarse, los tres en comandita, a un monasterio a rezar. Con saco y sayal durante una larga temporada. O quedarse allí.
Nos alegramos por Pagola, nuestro colaborador, por SM, la empresa que tanto sufrió en este envite, por monseñor Uriarte, que siempre dio la cara por su teólogo, y, sobre todo, por tanta gente que encontró en el libro de Pagola, ahora refrendado por el Vaticano, una fuente de encuentro con el verdedero rostro de Jesús.
Este es el párrafo del artículo del cardenal Ravasi en "Il Sole 24 Ore" del pasado dia 5 de diciembre:
Siamo giunti, così, alla Third Quest, il terzo sentiero aperto nel 1985 e ancora in cantiere: è «il paradigma giudaico postmoderno», come lo definisce Segalla, inaugurato da Ed Parish col suo Gesù e il giudaismo, tradotto da Marietti nel 1992. Alla base c’era la fiducia di conoscere il Gesù storico collocandolo all’interno dell’alveo del giudaismo in cui egli era sorto e vissuto, ma col quale aveva anche segnato discontinuità e originalità. Questo nuovo modello storiografico e teologico, accuratamente presentato da Segalla, ha subito alcune ramificazioni interessanti attraverso il «Gesù ricordato» nella tradizione orale (James D. G. Dunn) e il «Gesù testimoniato» (Richard Bauckham). Ma fermiamoci qui per non disperdere i nostri lettori che comunque rimangono avvertiti della complessità attuale della ricerca, dell’alto livello degli studi storico-critici condotti dagli esegeti, della conseguente volgarità di chi pensa che “cristiano” sia sinonimo di “cretino”, ma anche dei rischi di offuscamento che una simile galassia di analisi può generare. Il modo più trasparente per guidare il lettore non “tecnico” in questa selva rimane forse quello narrativo adottato in Spagna da due studiosi, Armand Puig i Tàrrech (Gesù. Risposta agli enigmi, San Paolo) e José Antonio Pagola (Gesù. Un approccio storico, Borla). Certo è che rimane sempre viva quella domanda che Cristo aveva lasciato serpeggiare nel suo uditorio e che Mario Pomilio aveva posto al centro del suo Quinto Evangelio (1975): «Cristo ci ha collocati di fronte al mistero, ci ha posti definitivamente nella situazione dei suoi discepoli di fronte alla domanda: Ma voi, chi dite che io sia?».
José Manuel Vidal

El orígen de las migraciones modernas

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Os presentamos una Conferencia muy interesante de Arcadi Oliveres, economista y presidente de Justicia y Paz de Barcelona.


sábado, 5 de febrero de 2011

Sal y Luz

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6 de febrero de 2011
Mateo 5, 13-16

Si los discípulos viven las bienaventuranzas, su vida tendrá una proyección social. Es Jesús mismo quien se lo dice empleando dos metáforas inolvidables. Aunque parecen un grupo insignificante en medio de aquel poderoso imperio controlado por Roma, serán «sal de la tierra» y «luz del mundo».
¿No es una pretensión ridícula? Jesús les explica cómo será posible. La sal no parece gran cosa, pero comienza a producir sus efectos, precisamente, cuando se mezcla con los alimentos y parece que ha desaparecido. Lo mismo sucede cuando se enciende una luz: sólo puede iluminar cuando la ponemos en medio de las tinieblas.
Jesús no está pensando en una Iglesia separada del mundo, escondida tras sus ritos y doctrinas, encerrada en sí misma y en sus problemas. Jesús quiere introducir en la historia humana un grupo de seguidores, capaces de transformar la vida viviendo las bienaventuranzas.
Todos sabemos para qué sirve la sal. Por una parte, no deja que los alimentos se corrompan. Por otra, les da sabor y permite que los podamos saborear mejor. Los alimentos son buenos, pero se pueden corromper; tienen sabor, pero nos pueden resultar insípidos. Es necesaria la sal.
El mundo no es malo, pero lo podemos echar a perder. La vida tiene sabor, pero nos puede resultar insulsa y desabrida. Una Iglesia que vive las bienaventuranzas contribuye a que la sociedad no se corrompa y deshumanice más. Unos discípulos de Jesús que viven su evangelio ayudan a descubrir el verdadero sentido de la vida.
Hay un problema y Jesús se lo advierte a sus seguidores. Si la sal se vuelve sosa, ya no sirve para nada. Si los discípulos pierden su identidad evangélica, ya no producen los efectos queridos por Jesús. El cristianismo se echa a perder. La Iglesia queda anulada. Los cristianos están de sobra en la sociedad.
Lo mismo sucede con la luz. Todos sabemos que sirve para dar claridad. Los discípulos iluminan el sentido más hondo de la vida, si la gente puede ver en ellos «las obras» de las bienaventuranzas. Por eso, no han de esconderse. Tampoco han de actuar para ser vistos. Con su vida han de aportar claridad para que en la sociedad se pueda descubrir el verdadero rostro del Padre del cielo.
No nos está permitido servirnos de la Iglesia para satisfacer nuestros gustos y preferencias. Jesús la ha querido para ser sal y luz. Evangelizar no es combatir la secularización moderna con estrategias mundanas. Menos aún hacer de la Iglesia una "contra-sociedad". Sólo una Iglesia que vive el Evangelio puede responder al deseo original de Jesús.
José Antonio Pagola

jueves, 3 de febrero de 2011

Jóvenes consagrados, un reto para el mundo

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Carta semanal del Arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz Montes
06.02.2011

Queridos hermanos y amigos: paz y bien. Cada 2 de febrero se celebra la Jornada Mundial de la Vida Consagrada. Este año, ante el próximo encuentro entre el Papa Benedicto XVI y los jóvenes del mundo que se darán cita en Madrid, se ha propuesto el mismo lema: firmes en la fe.
También los consagrados tiene una juventud que vivir sin que les caduque la esperanza lozana y la pasión ilusionada. No se trata añadir años a la vida, sino vida a los años. Lo han dicho todos los autores que han tratado de las edades del hombre, que la juventud no es un factor cronológico sin más, sino una actitud ante la vida, con la mente y el corazón. Hay viejos prematuros o jóvenes perennes, y esto lo da no tanto la edad sino el modo de vivir las cosas.
Firmes en la fe significa para un cristiano, y máxime para un consagrado, estar arraigados en esa tierra que acoge las raíces y las permite nutrir a fin de que el árbol plantado junto a la buena acequia pueda seguir dando frutos en sazón. Es la fe lo que permite tener una firmeza que no es la intransigencia de los confusos ni la pretensión de los demagogos. La fe que nos pone delante de un Tú ante el cual cada instante de nuestra vida se decide. Es el Tú nada menos que del mismo Dios.
No es una figura fantasmal sino Alguien completamente real. Alguien que es quien más se corresponde con las verdaderas exigencias de mi corazón. Es el encuentro con un Dios vivo que cotidianamente me llama por mi nombre, que lo tatuó en la palma de su mano, y que a diario se asoma al ventanal de su misericordia para ver si regresamos de nuestros devaneos pródigos. Precisamente en el Mensaje para la Jornada Mundial de la Juventud 2011, hay un párrafo inicial en el primer punto en el que se aborda esta cuestión de lo concreto del Señor en nuestras vidas: «El hombre en verdad está creado para lo que es grande, para el infinito. Cualquier otra cosa es insuficiente. San Agustín tenía razón: nuestro corazón está inquieto, hasta que no descansa en Ti. El deseo de la vida más grande es un signo de que Él nos ha creado, de que llevamos su “huella”. Dios es vida, y cada criatura tiende a la vida; en un modo único y especial, la persona humana, hecha a imagen de Dios, aspira al amor, a la alegría y a la paz. Entonces comprendemos que es un contrasentido pretender eliminar a Dios para que el hombre viva. Dios es la fuente de la vida; eliminarlo equivale a separarse de esta fuente e, inevitablemente, privarse de la plenitud y la alegría. La cultura actual, en algunas partes del mundo, sobre todo en Occidente, tiende a excluir a Dios, o a considerar la fe como un hecho privado, sin ninguna relevancia en la vida social… se constata una especie de “eclipse de Dios”, una cierta amnesia, más aún, un verdadero rechazo del cristianismo y una negación del tesoro de la fe recibida, con el riesgo de perder aquello que más profundamente nos caracteriza».
Ante este reto, emerge la esperanza de la que son destinatarios y agentes a la vez los jóvenes consagrados: ser un desafío para este mundo de nuestra generación que sigue buscando a Dios mientras a veces de aleja de Él. La consagración en sí es un reto en medio de un mundo secularizado y anticristiano. El testimonio de los jóvenes consagrados acerca apasionadamente al Señor, hablando de una firmeza que arraiga en las auténticas raíces, y que narran desde un carisma suscitado por el Espíritu Santo en su Iglesia, lo que los demás jóvenes y el mundo entero necesitan ver: que los cristianos somos la prolongación en la historia la salvación de Dios. Demos gracias por los consagrados jóvenes, tengan la edad que tengan, pues son un don para la Iglesia y para el mundo.

Recibid mi afecto y mi bendición.
Jesús Sanz Montes, ofm
Arzobispo de Oviedo

Bendecidos para ser bendición

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Los miembros de la Sagrada Familia de Burdeos, el 3 de febrero de 1822 celebramos algo más que un mero evento histórico, es un acontecimiento que nos trae frutos que no perecen, una bendición especial, llamada a una alabanza incesante porque “ el Señor ha hecho maravillas y estamos alegres” (Sal 126,3).
Una refle..

martes, 1 de febrero de 2011

De Dioses y hombres

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LA PELÍCULA DEL AÑO, DE LA SEMANA… Y DE TODOS LOS DÍAS
Francisco R. de Pascual, monje cisterciense
Cóbreces (Cantabria).
Eclesalia, 21/01/11

Acabada ya la Navidad, que debería haber sido
una meditación litúrgica eclesial colectiva sobre el tiempo y lo que
nosotros somos en él, nos llega una película que ha recibido diversos
calificativos, y que, para mí, coincide en su título sobre lo que
acaba de decir, o sea, sobre el misterio de los dioses y los hombres
en el tiempo…
Jesús, María y José se encontraron con que su tiempo, su vida,
coincidió con unos designios misteriosos, anunciados por lo visto por
los profetas y reconocidos por unos reyes “paganos”, pero ignorado por
“los de casa”.
La película sobre los monjes de Thibirine, mis hermanos de Orden y de
ideal monástico, ha sorprendido a muchos, por lo visto. Y a mí se me
ocurre una reflexión a bote pronto, entre el orgullo “familiar” y un
poco de pena penita pena por lo que algunos “de casa” han descubierto:
que había monjes entre musulmanes, que esos monjes eran “humanos”, que
“decidían juntos” su suerte, y que, al fin, se vieron envueltos en el
absurdo de una guerra “que no iba con ellos”, pero de la que fueron
víctimas y salieron gloriosos.
Bien. Los monjes cistercienses. En muchas comunidades, hemos vivido
esas situaciones a lo largo de los siglos, y concretamente ahora se
viven, como en Midlet, en otros lugares del mundo. Es decir, que para
nosotros es la película de todos los días.
Muchas personas nos escriben, nos envían los videos y nos regalarán la
película, pirateada o cuando salga en DVD. Y algunos casi como que nos
preguntan si sabemos algo de la historia.
Bien. Lo que se dice aquí de estas comunidades sucede en otras de todo
el mundo cristiano, y en algunas con más crudeza y crueldad.
De acuerdo. De vez en cuando necesitamos una película, una página de
periódico o un reportaje “impactante”. Eso está bien, son momentos de
toma de conciencia importantes.
La pena penita pena que a veces siento es que las realidades esas en
que se junta el tiempo de los hombres y los dioses no es tan exótico
como parece, sino que es algo de cada día, de cada momento, que existe
muy cerca de nosotros y que está, probablemente, a nuestro lado. Pero
que no vemos. Y que, a veces, incluso hasta infravaloramos por
prosaico y banal.
Quiero decir –me da la impresión- que nos enteramos de lo que hay sólo
por las películas o por los periódicos.
Hablé algunas veces con el P. Christian con motivo de reuniones de
nuestra Orden, hace años. Me pareció un monje sencillo, fino,
agradable y casi tímido, nada singular, como hay tantos en nuestra
Orden. Quizá en la misma Orden tampoco teníamos conciencia de lo que
pasaba en Thibirine hasta que pasó lo que pasó. Una casa más, unos
monjes más, una situación difícil como otras, y hasta pensábamos que
para lo que hacían quizá fuera mejor se hubieran ido a otro sitio más
“rentable” vocacional y monásticamente “productivos”.
La cuestión capital. Sólo cuando los tiempos de los dioses y de los
hombres se juntan, coinciden, se cruzan, se produce la salvación y la
gracia. Es la historia de Navidad repetida en el tiempo.
Sólo en esos momentos emerge la gratuidad y la libertad de los hombres
y los dioses, características personales e intransferibles de
cualquier aventura espiritual, vetada a los calculadores y
funcionarios de lo religioso.
Los monjes de Thibirine, como otros muchos monjes, son sólo testigos
de un cruce de caminos entre los dioses y los hombres, entre la
libertad y la gracia, entre la dignidad de los hijos de Dios y la
debilidad de lo mundano.
La película podemos verla todos los días. Quizá nos hayamos alejado,
como cristianos, del cine de la gracia universal, de la historia de
salación que se filma cada día y cuyos protagonistas tenemos más cerca
de lo que suponemos.
Pero también en ese cine hay muchos cristianos entretenidos con los
reclamos publicitarios, las palomitas de maíz y los “efectos
especiales” de la acción en pantalla.

lunes, 31 de enero de 2011

Claves para entender el libro de Hawking

Por Con No hay comentarios:
Vida Nueva - Viernes 21 de Enero del 2011
Raúl Berzosa- Obispo Auxiliar de Oviedo

Vaya por delante mi admiración a la persona y al trabajo científico de Stephen Hawking. Su última obra, El Gran Diseño(Crítica, Barcelona, 2010), sin quitarle ningún mérito, más parece obra del colaborador en la misma, L. Mlodinov, que de él mismo. Me baso en el estilo y en la temática divulgada. Me centraré sólo en el planteamiento “religioso”que trasluce. Y lo hago en dos partes: por un lado, dejando que hable el propio libro, en diez tesis (apuntamos aquí tan sólo algunas). Y, por otro lado, aportando algunas acotaciones críticas.
1. Según los autores, para comprender el universo al nivel más profundo necesitamos saber no sólo cómo se comporta el universo, sino también por qué. Es necesario responder a tres preguntas: ¿Por qué hay algo en lugar de nada? ¿Por qué existimos? ¿Por qué este conjunto particular de leyes y no otro?
2. Según ellos, los pensadores cristianos, sucesores de los griegos, se opusieron a la noción de que el universo esté regido por una ley natural indiferente y también rechazaron la idea de que los humanos no tienen un lugar privilegiado en el universo.
3. Según los autores, Descartes trató de reconciliar las leyes fijas del universo con el concepto de Dios. El filósofo y científico francés afirmó que una vez que Dios ha puesto en marcha el mundo, lo deja funcionar por sí solo.
4. Si la naturaleza se rige por leyes fijas, dicen en el libro, surgen tres cuestiones: ¿cuál es el origen de dichas leyes? ¿Hay algunas excepciones a estas leyes, por ejemplo, los milagros? ¿Hay un solo conjunto posible de leyes? Los pensadores cristianos mantuvieron que Dios debe ser capaz de suspender sus leyes para hacer milagros.
5. Subrayan que, según el Antiguo Testamento, Dios hizo a Adán y Eva tan sólo seis días después de la creación. En la actualidad, adoptamos un punto de vista diferente: que los humanos son una creación reciente pero que el universo empezó mucho antes, hace unos trece mil setecientos millones de años (…).

Acotaciones críticas
Hasta aquí, los planteamientos del libro. Por mi parte, y apoyado en otros autores, me atrevería a realizar algunasacotaciones críticas en un diálogo necesario entre ciencia y fe.
Primera acotación: lo primero que hay que afirmar, con todo respeto, es que, efectivamente, según la denominada teoría M, y en el sentido que nuestros autores la entienden, Dios sería una hipótesis inútil… ¿Pero es la única teoría científica posible?
Segunda acotación: ¿de qué Dios hablamos cuando hablamos de Dios? En las citas del libro se habla “superficialmente” del Dios cristiano sin tener en cuenta las reflexiones serias y los intentos contemporáneos de diálogo entre fe revelada y ciencia.
Tercera acotación: concedamos que, científicamente, no se pueda demostrar la existencia de Dios, pero tampoco la no existencia del mismo.
Cuarta acotación: ¿sólo se puede dar un diálogo paralelo, o de sordos, entre ciencia y fe? ¿Hay incompatibilidad total? Creemos, con muchos autores contemporáneos (J. Haugnt, J. Polkinghorne, A. Peacocke, D. Edwars, I. Barbour…) que ciencia y fe se necesitan y se complementan.
Quinta acotación: recogemos algunas críticas significativas de otros autores. Así el jesuita M. Carreira ha hecho notar que “la nada no puede crear. Porque la nada no tiene ni gravedad ni materia” (Paraula, 28-11-2010). G. Ellis, paradójicamente, ha afirmado que “este libro obligará a la gente a elegir entre religión y ciencia y hará que mucha gente elija la religión, con lo que la ciencia saldrá perdiendo” (El Mundo, 4-9-2010).





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