lunes, 14 de marzo de 2011

Pregón de Cuaresma

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Los que habéis sido bautizados,
los que habéis escuchado la voz del Espíritu,
los que habéis acogido la revelación del Dios vivo,
los que habéis descubierto que sois sus hijos,
¡adentraos en el desierto sin miedo
y caminad con paso ligero!

Cuaresma es ese tiempo que viene y va,
tiempo para vivirlo en camino,
sin instalarse, sin retenerlo, sin lamento,
con la esperanza siempre a flor de piel
y la mirada fija en otro tiempo,
la Pascua, que es definitivo.

Entrad en Cuaresma convencidos,
listos para el combate, ligeros de equipaje,
la mente despejada,
entrañas llenas de ternura y misericordia,
calzado apropiado,
y mucha paciencia con vosotros mismos.

Dejaos mecer por la brisa del Espíritu;
poned vuestro corazón en sintonía
con los latidos de Dios y el grito de los afligidos,
bebed en los manantiales de la vida
y no os dejéis engañar por los espejismos del desierto.

Bajad del monte a los caminos de la vida,
bajad sin miedo y llenos de misterio.
No profanéis los templos vivos,
buscad de noche como Nicodemo
y, como aquellos griegos, preguntad a discípulos y amigos por Jesús y su reino
y cómo sembrarse en el campo del mundo
para germinar a su estilo.

Vivid la Cuaresma bien despiertos,
caminando en comunidad,
con fe, esperanza y amor,
fijos los ojos en Jesús.

¡Daos esa oportunidad!

sábado, 12 de marzo de 2011

La Cuaresma, un camino de alegría

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Primer domingo de Cuaresma, A
13 de marzo de 2011
Mt 4,1-11

Antes de la escucha de la Palabra de Dios, antes de las ofrendas, antes de la comunión, la misa tiene un comienzo humilde: recordarnos que somos pecadores. No es una humillación que te aplasta, sino que es la que te permite recomenzar. La liturgia de cuaresma comienza con una afirmación impopular, que es quizás la que nos ha colgado a los cristianos el sambenito de tener una fe oscuran¬tista. La afirmación es que necesitamos convertirnos porque somos indigentes.
El salmo responsorial del primer domingo de cuaresma dice preci¬samente: “reconozco mi culpa, tengo siempre presente mi pecado” (Sal 50). Y, sin em¬bargo, si el pecado (y todos nuestros fracasos y limitaciones) tuviese la palabra última y fatal, eso sería lo triste.
Eso del pecado y eso de ser pecadores no es un “tic” cristiano, sino una realidad patente. El cristiano le pone nombre, lo reconoce, y le ofrece una solución, pero el pecado no es invención del cristianismo. Pensemos en la generosa gama de corrupciones, inmoralidades, violaciones, robos, homicidios, injus¬ticias, depravaciones... Pensemos en todos esos sucesos que llenan hoy día las páginas luctuosas. Estas cosas son pecado, pero no existen porque los cristia¬nos las cataloguemos como tales, sino justamente al revés: porque se dan, por eso las llamamos pecado y las ponemos un nombre.
No obstante, si sólo llegásemos a denominar nuestro fracaso, nuestros fallidos intentos de ser felices sin ofender, sin manchar, sin machacar, el cristianismo sería cruel por advertirnos anticipadamente de un mal que no tiene cura, de algo que realmente no tiene solución. Pero este es precisamente el núcleo del acon¬tecimiento cristiano: que la salvación, la felicidad, la superación de todo pecado, de todo fracaso y de toda muerte se llama Jesucristo.
Por eso, el salmo 50 continúa diciendo: “crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme... devuélveme la alegría de tu salvación”. Efectivamente, el mensaje de la cuaresma cristiana no es la condena a un terrible paredón, sino precisa¬mente la más grande, la más inesperada y la más inmerecida de las amnistías.
Comienza la cuaresma. Es el desierto de todas nuestras tentaciones en donde se nos salva de la soledad librándonos de nuestras seducciones funestas. Comienza un tiempo de penitencia, de ayuno y de oración, para prepararnos a la acogida renovada de la Luz pascual que viene a iluminar todas nuestras oscuridades, la acogida de la salvación del Hijo de Dios en cuyas heridas todas las nuestras han sido curadas, la acogida de la victoria del Resucitado que viene a triunfar sobre todas nues¬tras muertes. Por eso, paradójicamente... la cuaresma es camino de alegría.

Jesús Sanz Montes, ofm
Arzobispo de Oviedo

Domingo 1º Cuaresma

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Monasterio Sagrada Familia. Oteiza de Berrioplano.
Texto-homilía del Capellán, Ramón Sánchez-Lumbier
El pasado “miércoles de ceniza”, con toda la Iglesia, emprendíamos el camino en “tiempo propicio” de conversión. ¡Hacia la Pascua! Convertirse, dicho “en cristiano, es reencontrarse, ante todo, con el rostro del Dios que nos revela Jesucristo; y, con él, avivar nuestra condición de hijos y de hermanos. Convertirse, dicho “en cristiano”, es volver al Padre de Jesús y Padre nuestro.
Tendremos ocasiones múltiples en este tiempo de gracia: lluvia y mesa más abundante de la Palabra de Dios, espirituales exhortaciones de gentes de fiar, celebraciones sacramentales de la Reconciliación y de la Eucaristía, prójimos necesitados, lejos y a la puerta, pruebas personales y sociales, cruz del día a día…
El Papa Benedicto XVI propone Mensaje para esta Cuaresma: «Con Cristo sois sepultados en el Bautismo, con él también habéis resucitado” (cf. Col 2,12). Hermanas, amigos: ¿no es buena noticia que enardece el corazón y empuja a vivir, desde dentro, el camino del seguimiento? ¿No amplía la esperanza de valorar mejor la inmensa gracia de haber sido llamados a compartir la Pascua del Señor? Novedad de vida, don y tarea, concentrada en el Bautismo. En él fuimos incorporados a Jesucristo a fin de participar de su vida y misión, aquí peregrinos y en el esplendor de la eterna gloria. ¿No es maravilloso poder empezar así la Cuaresma? Nuestra buena voluntad sea ya un canto de gratitud al Señor por cuanto ha hecho y quiere seguir haciendo con nosotros.
Pero, es verdad: no obstante tanta divina acción, nos queda un amargo sabor cuando no podemos superar manías y egoísmos. Por eso, acogida en la fe la Palabra de Dios, anhelamos más purificación y santificación. Escribe el Papa: “El Bautismo no es un rito del pasado, sino el encuentro con Cristo que conforma toda la existencia del bautizado, le da la vida divina y lo llama a una conversión sincera, iniciada y sostenida por la Gracia, que lo lleve a alcanzar la talla adulta de Cristo”… “La misericordia de Dios, que borra el pecado y permite vivir en la propia existencia ‘los mismos sentimientos que Cristo Jesús’ (Flp 2,5), se comunica gratuitamente”.
El ejemplo de Jesús tentado en el desierto, después de haber sido bautizado en el Jordán, hizo que el tiempo cuaresmal en los comienzos de la Iglesia fuese el principal proceso de conversión para los catecúmenos llamados a ser bautizados en la Vigilia pascual. Ellos lo tomaron muy en serio, y la comunidad cristiana les acompañaba con oración, educación en la fe y prácticas penitenciales.

La cuaresma cristiana –en nuestros días también- sigue siendo “tiempo de gracia” para configurarnos con Jesucristo, el “Hijo fiel” y el “Hombre para los demás”. Incorporados a Jesús-el-Señor, todos los cristianos estamos llamados a ser “pascua”, a vencer la tentación, a adorar sólo a Dios, a servir a los hermanos, a compartir con los pobres. Sí, la Palabra de Dios nos ayuda a profundizar en esta vocación bautismal y nos da pistas para comprender qué supone, para cada uno de nosotros y para la humanidad entera, esta decisiva alternativa: marginar o acoger a Dios, darle la espalda o abrazarse con su proyecto salvador.
En efecto, “adanes y evas” diversos somos tentados por mil señuelos de orgullo y egoísmo; y todos caemos al desobedecer a Dios (cf. 1ª lect.). Pero “donde abundó el pecado, pudo más la gracia”: “el nuevo Adán” salió vencedor en sus duras pruebas (cf. ev.). Pablo mostraba el paralelismo entre el viejo Adán y Jesucristo, el Hombre Nuevo (cf. 2ª lect.). Jesús asumió todo lo nuestro, pasó haciendo el bien, fue tentado, venció al Tentador, padeció, murió y resucitó para hacernos hijos de Dios que confían, oran y aman. Él sigue actuando en nuestro favor para que seamos verdaderos hermanos que se sirven de las cosas y las comparten. Con su gracia, con el poder y cariño de su Espíritu, ¿cómo no vamos a ser hijos fieles que adoran sólo a su Dios, Creador y Padre? ¿Cómo no vivir para los demás? ¿Cómo no responder con amor a tanto amor?
Con el evangelio de hoy nos llega la reflexión del Papa: “el primer domingo del itinerario cuaresmal subraya nuestra condición humana en la tierra. La batalla victoriosa contra las tentaciones, que da inicio a la misión de Jesús, es una invitación a tomar conciencia de la propia fragilidad, y a acoger la Gracia que libera del pecado e infunde nueva fuerza en Cristo, camino, verdad y vida. Es una llamada decidida a recordar que la fe cristiana implica, siguiendo el ejemplo de Jesús y en unión con él, una lucha ‘contra los dominadores de este mundo tenebroso’ (Ef 6,12), en el cual el diablo actúa y no se cansa, tampoco hoy, de tentar al hombre que quiere acercarse al Señor. Cristo sale victorioso, también para abrir nuestro corazón a la esperanza y guiarnos a vencer las seducciones del mal”.

Hermanas y amigos: a ser más solidarios, a vivir como hermanos, a tener entrañas de misericordia y servir eficazmente a los necesitados, nos llevará el mismo amor de Dios. Contemplar y gustar su rostro, a la luz de la experiencia y mensaje de Jesús, se nos hace posible por su Espíritu en la asidua meditación de la Palabra divina y en la más insistente y confiada oración. No perdamos el tiempo. Aprovechemos, más bien, esta nueva oportunidad de gracia y de salvación. Con el Papa, “encomendamos nuestro itinerario a la Virgen María, que engendró al Verbo de Dios en la fe y en la carne, para sumergirnos, como ella, en la muerte y resurrección de su Hijo Jesús y obtener la vida eterna” (fin del Mensaje citado).
La Iglesia nos irá proponiendo terapia adecuada para que, “dedicados con mayor entrega a la alabanza divina y al amor fraterno, por la celebración de los misterios que nos dieron nueva vida, podamos llegar a ser con plenitud hijos de Dios” (cf. prefacio Cuaresma I). Sí, nos avala y fortalece el triunfo de Jesucristo. ¡Su Pascua es nuestra victoria! Lo celebramos en la Eucaristía. ¡Demos gracias a Dios!

Tentaciones

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Mateo 4, 1-11
13-3-2011

No le resultó nada fácil a Jesús mantenerse fiel a la misión recibida de su Padre, sin desviarse de su voluntad. Los evangelios recuerdan su lucha interior y las pruebas que tuvo que superar, junto a sus discípulos, a lo largo de su vida.
Los maestros de la ley lo acosaban con preguntas capciosas para someterlo al orden establecido, olvidando al Espíritu que lo impulsaba a curar incluso en sábado. Los fariseos le pedían que dejara de aliviar el sufrimiento de la gente y realizara algo más espectacular, "un signo del cielo", de proporciones cósmicas, con el que Dios lo confirmara ante todos.
Las tentaciones le venían incluso de sus discípulos más queridos. Santiago y Juan le pedían que se olvidara de los últimos, y pensara más en reservarles a ellos los puestos de más honor y poder. Pedro le reprende porque pone en riesgo su vida y puede terminar ejecutado.
Sufría Jesús y sufrían también sus discípulos. Nada era fácil ni claro. Todos tenían que buscar la voluntad del Padre superando pruebas y tentaciones de diverso género. Pocas horas antes de ser detenido por las fuerzas de seguridad del templo Jesús les dice así: "Vosotros sois los que habéis perseverado conmigo en mis pruebas" (Lucas 22,28).
El episodio conocido como "las tentaciones de Jesús" es un relato en el que se reagrupan y resumen las tentaciones que hubo de superar Jesús a lo largo de toda su vida. Aunque vive movido por el Espíritu recibido en el Jordán, nada le dispensa de sentirse atraído hacia formas falsas de mesianismo.
¿Ha de pensar en su propio interés, o escuchar la voluntad del Padre? ¿Ha de imponer su poder de Mesías, o ponerse al servicio de quienes lo necesitan? ¿Ha de buscar su propia gloria, o manifestar la compasión de Dios hacia los que sufren? ¿Ha de evitar riesgos y eludir la crucifixión, o entregarse a su misión confiando en el Padre?
El relato de las tentaciones de Jesús fue recogido en los evangelios para alertar a sus seguidores. Hemos de ser lúcidos. El Espíritu de Jesús está vivo en su Iglesia, pero los cristianos no estamos libres de falsear una y otra vez nuestra identidad cayendo en múltiples tentaciones.
Identificar hoy las tentaciones de la Iglesia y de la jerarquía, de los cristianos y de sus comunidades; hacernos conscientes de ellas como Jesús; y afrontarlas como lo hizo él, es lo primero para seguirle con fidelidad. Una Iglesia que no es consciente de sus tentaciones, pronto falseará su identidad y su misión. ¿No nos está sucediendo algo de esto? ¿No necesitamos más lucidez y vigilancia para no caer en la infidelidad?

Jose Antonio Pagola

jueves, 10 de marzo de 2011

Una economía al servicio de las personas

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Ante la crisis, conversión y solidaridad.
Carta Pastoral de los Obispos de Pamplona y Tudela, Bilbao, San Sebastián y Vitoria.
CUARESMA - PASCUA 2011
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Una economía al servicio de las personas

40 días con los últimos

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La campaña de cuaresma “Cuarenta días con los últimos” está promovida por los religiosos marianistas.
Comienza el tiempo de cuaresma, tiempo de conversión personal y estructural, tiempo de reflexión, denuncia, cambio y oración. Como otros años, durante estos cuarenta días pretenden acercarnos a los últimos, a los más desfavorecidos del planeta. Este año, centrándose en aquellos cuyo derecho a la salud está claramente vulnerado.
Cuaresma 2011

La Cuaresma

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Redescubrir y vivir la Cuaresma para este 2011 y para siempre. Un trabajo pastoral de la Parroquia Santa María de la Amargura de Málaga, servido por la delegación diocesana de Pastoral Juvenil de Sigüenza-Guadalajara.
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