sábado, 6 de agosto de 2011

Domingo 19º A

Por Con No hay comentarios:
7-8-2011
Monasterio Sagrada Familia (Oteiza de Berrioplano)

Después de la multiplicación de panes y peces, el marco evangélico se transforma: Jesús despide a las gentes y se va solo al monte “para orar”. Mientras, se desata la tempestad contra la barca de sus discípulos. La situación es angustiosa y aparece Jesús que sujetará la mano del dubitativo Pedro y hará amainar al viento.
En otra ocasión parecida, los discípulos se preguntaron: ¿quién es éste que hasta el viento y el lago le obedecen? El texto de hoy afirma que “los de la barca se postraron ante Jesús declarando: ‘realmente eres hijo de Dios’”. Un avance en el conocimiento del Maestro, que los había ido preparando al decir de sí mismo: “soy yo”. Así se atribuía el mismo nombre que Moisés escuchó de Yahvé Dios en el episodio de la zarza incombustible.

La primera lectura, en marco distinto, resulta ingenua y bella narración: Elías llega al monte de Dios –Horeb, Sinaí- por donde Dios va a pasar. Ya se había manifestado a Moisés en ese lugar entre truenos, relámpagos y vendavales. Ahora, con gran lirismo, se dice que vino “un viento huracanado, y un terremoto y fuego”, repitiendo lo mismo para cada sucesión de elementos: en ellos “no estaba el Señor”. Finalmente, se escuchó “un susurro” y sólo se dice que “Elías, al oírlo, se cubrió el rostro”, en actitud de respeto, similar al de Moisés, descalzándose ante Yahvé, al ver que la zarza no se apagaba.

Los cristianos, para vivir como tales, precisamos de la eterna Palabra de Dios. Se hizo “carne”, pero sólo experimentamos su poder cuando resuena en el corazón de la vida, cuando ilumina la existencia desde lo más profundo. No se percibe en los gritos y voces que embotan el propio interior, ni se halla en el fuego de pasiones y ambiciones por el tener, el poder y el dominar.

Sí, está el Señor, “más íntimo a nosotros que nosotros mismos”, en el corazón de la vida, en el susurro, en la brisa suave, en la mirada humilde, en el sentir de los sencillos, en el hermano que pasa a nuestro lado como de puntillas, casi sin rozarnos. Ahí podemos encontrar al que es la eterna Palabra del Padre, la verdadera Palabra salida de la boca de Dios; ahí, con fe, podemos encontrar al que solía subir “al monte a solas para orar” a su Padre. ¿Acaso no sigue siendo Él el mejor ejemplo para todos?

También es cierto: la vida es más que susurro o tenue brisa, y las tempestades son inseparables de la humana condición. El reinado de Dios padece violencia y hay que luchar para entrar, y para permanecer y crecer en él. Nos lo explica el Señor con gestos y palabras.

Jesús duerme sobre el cabezal de la barca, pero no abandona a los suyos. Parece estar al margen de todas nuestras luchas, pero nunca le somos indiferentes. Resucitado junto al Padre, no ha dejado la tierra a merced de malignos poderes. Él “tira” de todo lo nuestro, potenciando nuestra libertad y ampliando el horizonte con la fuerza de su Espíritu.

Nos repite una y otra vez: “¡ánimo, soy yo, no tengáis miedo!”. Es su voz, la del Señor, para ti y para mí, para todos, cuando parece que nos hundimos y cunde el pánico. Como Pedro, siempre podemos gritar: “¡Señor, sálvame!”. Él nos tiende su fuerte brazo. ¿Por qué no creer que nos saca a flote?

A lo largo de 20 siglos, muchos pudieron encontrarse con Jesús en el silencio, en la oración personal, en la atenta lectura de su Palabra, en la celebración creyente de la fe, en verdes praderas, en acantilados y playas, en lagos y montañas, en las maravillas del mundo y de sus estaciones, en variadas melodías religiosas, en el hermano enfermo y atendido, en el pobre, en la persona amada y en el amigo...

De un modo u otro, tuvieron –y ¡tuvimos!- la dulce experiencia y, por ello, la firme convicción de que el Resucitado nos custodia, con cariño y fortaleza, cuando se desatan tempestades y terremotos, sean de las fuerzas naturales o de los acontecimientos cotidianos, sean de nuestra propia fragilidad y caducidad, de la de aquellos seres queridos, de los más alejados, sean también de las más diversas interpretaciones que unos y otros podemos hacer... Pero ¡la verdad es la de Dios!, también para nuestras vidas y compromisos, para nuestras cruces y esperanzas. ¡Él es nuestra suerte y la eterna bendición! Lo sabemos por Jesucristo.

¡Qué pena cuando tantas y tantos sienten que esta vida sólo es “valle de lágrimas” y “tierra de penumbras”. Claro es que dolor y muerte, injusticia, hambre y corrupción, golpean duro y cincelan el corazón. ¿No ayudan también a madurar como personas? La fe cristiana puede convertir nuestra tierra de penumbras en paisaje de hondo gozo y de profunda esperanza. Precisamente, ¡por el amor que Dios nos tiene!, ¡por el amor que mostró entregándonos al propio Hijo! En Él nos ha regalado el triunfo de la vida, la victoria del gozo sobre el dolor, de la paz frente a tanta guerra. ¡Démosle gracias de todo corazón!

viernes, 5 de agosto de 2011

19 Tiempo Ordinario

Por Con No hay comentarios:
Todo viene de Él y se encamina hacia Él
Sa84d19A11cas

martes, 19 de julio de 2011

Legado espiritual de Rosa

Por Con No hay comentarios:
Querida Familia:

A todos los que hemos conocido y tratado a Rosa, nos ha quedado un regusto amargo entre el dolor y la esperanza tras su muerte, el gozo de haberla conocido y querido, la certeza de seguir sintiéndola viva a nuestro lado y la responsabilidad de seguir viviendo con más profundidad si cabe, nuestra propia vocación Sagrada Familia, como hizo ella.

Os compartimos el enlace a un video con una oración compuesta por ella, como parte de su legado espiritual para todos nosotros.

domingo, 10 de julio de 2011

La alimentación derecho de todos

Por Con No hay comentarios:
En estos días, entre las muchas situaciones de emergencia que se están dando en el mundo, estamos viendo imágenes terribles de Somalia de niños esqueléticos, mujeres y ancianos que mueren de hambre. Una repetición del desastre que provocó la hambruna en Etiopía en la década de 1980 que pensábamos que nunca volveríamos a ver.
Vivimos en un mundo de crueles contrastes, donde 750 millones de personas tienen sobrepeso, de las cuales 300 millones son obesos. La obesidad es una enfermedad, frecuentemente causada por comer mal, y comer mucho. Es responsable de 325.000 muertes cada año, especialmente entre los grupos de menores ingresos."

Mientras tanto, el mercado para bajar de peso (alimentos especiales y productos farmacéuticos destinados a dietas de adelgazamiento) mueve más de mil millones por año.

Al mismo tiempo crece la alarma por la escalada de precios de los alimentos básicos ... Una situación que afecta a todo el mundo, pero es potencialmente catastrófica en los países en vías de desarrollo:

 Según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), el precio de los alimentos aumentó considerablemente en junio, después de un fuerte aumento en el precio del azúcar.

 El precio del azúcar aumentó un 14% el mes pasado, como resultado de la alta demanda y una menor producción en Brasil.

 El índice de precios de alimentos de la FAO llegó a 234 puntos en junio, cerca del nivel récord de febrero de 239.

 La subida del precio del azúcar determinó la mayor parte del aumento de otros productos, anulando las caídas en los precios del trigo, el maíz y la soja."

 La Fao ha tomado medidas para revisar la subida de precios de una serie de alimentos esenciales, incluyendo cereales, oleaginosas, lácteos, carne y azúcar.

 Los altos precios de los alimentos - en particular los de trigo, el arroz y el maíz - han provocado disturbios en una serie de países donde las personas dependen de ellos para la mayor parte de su ingesta de alimentos. (BBC)

El 1 de julio, dirigiéndose a los participantes en la 37 ª Conferencia de la FAO, el Papa Benedicto XVI dedicó gran parte de su discurso a este tema, diciendo que "incluso los alimentos se ha convertido en objeto de especulación o se relacionan con las tendencias del mercado financiero vinculado con el objetivo único de fines de lucro

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - "La pobreza, el subdesarrollo y el hambre son a menudo el resultado de la actitud egoísta que viene del corazón del hombre y que se manifiesta en su acción social, en el comercio, las condiciones del mercado, la falta de acceso a los alimentos y como resultado la negación del derecho fundamental de toda persona a comer y luego a no padecer hambre". Lo ha afirmado el Santo Padre Benedicto XVI recibiendo en Vaticano , el 1 de julio, a los participantes de la 37 Conferencia de la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (F.A.O). El Papa ha proseguido diciendo “¿Cómo podemos ignorar el hecho de que los alimentos se han convertido en objeto de especulación, o están relacionados con la evolución de los mercados financieros que, sin reglas claras y carentes de principios morales, están vinculados al único objetivo de la ganancia? La fuente de alimentación es una condición que afecta el derecho fundamental de la vida”.

En su discurso Benedicto XVI ha recordado que “el momento de crisis que ahora abarca todos los aspectos de la realidad económica y social pide ... todo lo posible para contribuir a la eliminación de la pobreza, primer paso para la liberación de los millones de hombres hambrientos, mujeres y niños que no tienen el pan de cada día”. Las causas de tales situaciones aun no se pueden buscar únicamente en los aspectos unidos a la técnica. "Es urgente un modelo de desarrollo que considere no sólo la amplitud de las necesidades económicas o la fiabilidad técnica de las estrategias a seguir, sino también la dimensión humana de cada iniciativa y que sea capaz de lograr la verdadera hermandad ... En esta perspectiva, las instituciones de la Comunidad Internacional están llamadas a trabajar coherentemente con su mandato de defender los valores propios de la dignidad humana mediante la eliminación de las actitudes de cierre y sin dejar espacio a peticiones particulares que pasan como intereses generales".

El Pontífice ha reservado un particular recuerdo “a la situación de millones de niños, que son las primeras víctimas de esta tragedia, condenados a una muerte precoz, a un retraso en su desarrollo físico y psíquico u obligados a formas de explotación para recibir un mínimo de nutrición”. Se necesita sostener las iniciativas para “descubrir el valor de la empresa familiar y sostener el papel central para conseguir una estable seguridad alimentaria... La familia rural es un modelo no sólo de trabajo, sino de vida y de expresión concreta de la solidaridad, donde se confirma el papel esencial de la mujer”.

Al final el Santo Padre ha destacado que garantizar la seguridad alimentaria a las generaciones presentes y a aquellas que vendrán “también significa proteger de una frenética explotación los recursos naturales desde la carrera y del consumo desmedido parece hacer caso omiso de atención a la diversidad genética y biológica, tan importante para las actividades agrícolas. Pero la idea de la propiedad exclusiva de estos recursos se opone a la llamada de Dios a los hombres y las mujeres para que en el "cultivar y guardar" la tierra promuevan el uso participativo de los bienes de la Creación, algo que las normas multilaterales y las actividades internacionales sin duda pueden contribuir a alcanzar”. (SL) (Agenzia Fides 2/07/2011)

¿Cuál es la llamada para la Sagrada Familia en todo esto? ¿Esto está reservado a los expertos y profesionales? ¿Existe algún modo de aportar una diferencia?

sábado, 9 de julio de 2011

Salir a sembrar

Por Con No hay comentarios:
10 de julio de 2011
Mateo 13,1-23

Antes de contar la parábola del sembrador que «salió a sembrar», el evangelista nos presenta a Jesús que «sale de casa» a encontrarse con la gente para «sentarse» sin prisas y dedicarse durante «mucho rato» a sembrar el Evangelio entre toda clase de gentes. Según Mateo, Jesús es el verdadero sembrador. De él tenemos que aprender también hoy a sembrar el Evangelio.
Lo primero es salir de nuestra casa. Es lo que pide siempre Jesús a sus discípulos: «Id por todo el mundo...», «Id y haced discípulos...». Para sembrar el Evangelio hemos de salir de nuestra seguridad y nuestros intereses. Evangelizar es "desplazarse", buscar el encuentro con la gente, comunicarnos con el hombre y la mujer de hoy, no vivir encerrados en nuestro pequeño mundo eclesial.
Esta "salida" hacia los demás no es proselitismo. No tiene nada de imposición o reconquista. Es ofrecer a las personas la oportunidad de encontrarse con Jesús y conocer una Buena Noticia que, si la acogen, les puede ayudar a vivir mejor y de manera más acertada y sana. Es lo esencial.
A sembrar no se puede salir sin llevar con nosotros la semilla. Antes de pensar en anunciar el Evangelio a otros, lo hemos de acoger dentro de la Iglesia, en nuestras comunidades y nuestras vidas. Es un error sentirnos depositarios de la tradición cristiana con la única tarea de transmitirla a otros. Una Iglesia que no vive el Evangelio, no puede contagiarlo. Una comunidad donde no se respira el deseo de vivir tras los pasos de Jesús, no puede invitar a nadie a seguirlo.
Las energías espirituales que hay en nuestras comunidades están quedando a veces sin explotar, bloqueadas por un clima generalizado de desaliento y desencanto. Nos estamos dedicando a "sobrevivir" más que a sembrar vida nueva. Hemos de despertar nuestra fe.
La crisis que estamos viviendo nos está conduciendo a la muerte de un cierto cristianismo, pero también al comienzo de una fe renovada, más fiel a Jesús y más evangélica. El Evangelio tiene fuerza para engendrar en cada época la fe en Cristo de manera nueva. También en nuestros días.
Pero hemos de aprender a sembrarlo con fe, con realismo y con verdad. Evangelizar no es transmitir una herencia, sino hacer posible el nacimiento de una fe que brote, no como "clonación" del pasado, sino como respuesta nueva al Evangelio escuchado desde las preguntas, los sufrimientos, los gozos y las esperanzas de nuestro tiempo .No es el momento de distraer a la gente con cualquier cosa. Es la hora de sembrar en los corazones lo esencial del Evangelio.

José Antonio Pagola

Domingo 15º A

Por Con No hay comentarios:
10-7-2011
Monasterio Sagrada Familia (Oteiza de Berrioplano)
Texto-homilía del Capellán, Ramón Sánchez-Lumbier

En domingo los cristianos celebramos la Pascua del Señor, el triunfo de la humanidad redimida del pecado, la victoria de la vida sobre la muerte, la belleza de la nueva creación. Viviendo la Eucaristía, nos adentramos en el misterio de Dios y nos encontramos a nosotros mismos. Os animo a interiorizar, con la ayuda del Espíritu, la magistral enseñanza de Jesucristo.
Palabra eterna de Dios, se hace carne, viene a los suyos, empapa la tierra, cumple el encargo, es eficaz. Y lo descrito por el profeta (cf. 1ª lect.) se concreta diariamente en la vida de mucha gente de buen corazón. Los profetas del AT habían anunciado el Reino de Dios, pero no llegaron a comprender toda su maravillosa realidad. Habría que esperar el cumplimiento de la Promesa.

La vida pública de Jesús se inicia con el anuncio de que está cerca el Reino de Dios. Y este Reino tiene que crecer en cada uno de nosotros, en nuestra familia, en nuestro pueblo, en la sociedad. Jesús lo aclara: el Reino de Dios, aquí en la tierra, no es otra cosa que su misma vida y acción santificadora. Aceptarle a Él, seguirle, dejarse contagiar por su Espíritu, es colaborar en el Reinado de Dios, ya entre nosotros.

Sí, la enseñanza es del Maestro (cf. ev.): la semilla de Dios es idéntica, siempre válida y eficaz; la vida divina es el mejor regalo, el más precioso tesoro. Pero ¡qué distinto es el fruto! ¿Por qué será? Sabe el Señor que, hoy como ayer, habrá gente que no quiera oír ni entender. Su querer y mandatos encuentran en los corazones eco diverso y hasta opuesto. Para unos, serán gozo y paz, armonía interior y fortaleza invencible. Para otros, cosquilleo molesto, acoso amenazador, cuando no desfasado anuncio y sin valor alguno.

No nos toca juzgar ni condenar. Mas tenemos inteligencia y sentimientos, derecho a opinar sobre cuanto afecta a la convivencia humana. Más aún, con verdad y amor, debemos denunciar el mal y promover el bien. Ahora y en toda ocasión. Miremos también dentro de nosotros mismos.



Preguntamos: ¿de quién es la tierra a la que va el sembrador?, ¿pueden las gentes prepararse para acoger la siembra de la Palabra de Dios? Un mundo autónomo, orgulloso de sí y dispuesto a regularlo todo desde el poder, se quiere mostrar seductor e imperativo, pero a menudo es despilfarrador, ladrón de intimidades, capaz de engatusar a incautos con ídolos de cualquier clase. Puede este mundo adulterar y anular la sensibilidad para valorar adecuadamente lo que constituye el bien común. Son muchos los que han llegado a creer que el único sembrador del hombre es el propio hombre, que no necesitamos a Dios, que no existe, que fue y sigue siendo un engaño.

Sin embargo, Jesús sigue ofreciéndose a todos. Él se nos presenta como la verdadera felicidad para el ser humano. Propone mil ejemplos para animarnos y hacernos ver la importancia de nuestra libertad. Esparce en su Iglesia y en el mundo semillas de vida. Se ha metido en los surcos de la historia y la ha hecho fértil, con fecundidad de vida eterna. El poder de Dios sigue actuando. Sí, es justo y necesario ver lo bello y lo bueno, lo verdadero, cuanto de positivo existe y crece en el campo de nuestro vivir personal y comunitario.

Por la fe en Jesucristo, percibimos la riqueza del Reino de Dios, reino que no es de este mundo, pero que ya ha comenzado, reino y fiesta que no tendrán fin. Y debemos seguir esperando su plenitud. Podemos hacerlo orando y aportando nuestra colaboración. Las fatigas de ahora no tienen parangón con la gloria que un día se nos descubrirá. La creación entera aguarda, aun sin saberlo, la plena manifestación de los hijos de Dios (cf. 2ª lect.).

Mientras, se hacen necesarios los trabajos de la fe y reconocer sus frutos, en ambientes donde hombres y mujeres, de toda edad y condición, puedan dar el treinta, sesenta o el ciento por uno. Todavía habrá muchos gemidos, aún son precisos los trabajos de la evangelización, que implicarán también asumir cruces, dolores y quebrantos, hasta que llegue “la hora de ser hijos de Dios” en plenitud. Si lo olvidamos, si nos comportamos como seres superficiales y arrogantes, la creación entera padecerá las consecuencias de tanto pecado y error.

La Buena Noticia del Reino de Dios se nos proclama y actualiza en la Eucaristía. Aquí y ahora estamos invitados a vivir “la fiesta universal”. Es la fiesta de la salvación que compartimos con gozo, entre tantos claroscuros y contradicciones de nuestras “fiestas populares”. Dichosos vosotros, felices todos, porque Jesucristo, hoy como ayer y como siempre, es para nosotros la Verdad y la Vida, fuente de paz y de santidad. Así se ofrece también al mundo. Con toda la Iglesia, demos gracias a Dios.

La semilla de Dios en mi libertad

Por Con No hay comentarios:
Comentario al Evangelio
Domingo 15º del Tiempo ordinario. Mt 13,1-23
10 de julio de 2011

Este domingo se nos habla de semillas, de lluvia que las riegan, de libertad que permite que sencillamente sean. Acaso para nuestra cultura tecnificada y asfáltica, puede que nos venga raro o lejano el discurso, pero vale la pena asomarse a él humildemente, como quien puede y quiere aprender algo que nos corresponde de veras.
Cuando el hombre se abre al don de Dios manifestado en su Palabra, ceden las esclavitudes y saltan nuestras cadenas, y empezamos a ser en ver¬dad hijos de Dios como nos dice la segunda lectura (Rom 8,18-23). No siempre la libertad del hombre está abierta al don de Dios, por eso existe un gemido, una tristeza, una frustración que nos vela la gloria para la cual hemos sido hechos.
La Gracia de Dios es como la lluvia, nos dibuja bellamente Isaías en la primera lectura, pero si nuestros cauces de absorción están embotados, cerrados a cal y canto, Él respetará delicadamente nuestra cerrazón y ni siquiera nos humedecerá el más grande de los torrentes, por más que Dios quiera empaparnos. Este es el plan de Dios, su proyecto y su deseo. Pero Él no lo impone, sino que lo propone, dejando la última palabra a nuestra libertad. Tremendo misterio y responsabilidad.
Así se entiende esta parábola que Jesús mismo explica a sus discípulos. La semi¬lla es la misma, pero los terrenos de acogida no. Y aquí está la cuestión, como plástica¬mente va desgranando la parábola: no entender la Palabra de Dios porque no nos ha calado (la semilla que cae en el camino); no cuidar eso que se ha entendido ya pero que no nos ha llegado hasta el fondo de nuestro corazón (la que cae en terreno pedregoso); pretender escuchar al mismo tiempo a Dios y a otros que contra Él hablan, yéndonos al final tras los seductores de turno haciendo así estéril lo que el Señor sembró en noso¬tros (lo sembrado entre zarzas).
Pero también existe el terreno humilde, que acoge con sencillez, aunque sea lento e incluso torpe en asimilar. Importa menos la celeridad y la cantidad del fruto (unos dan ciento, otros sesenta, otros treinta por uno), lo único importante es haber acogido esa semilla de su Palabra y que nos fecundice. ¿No quiere Dios sembrarse en nosotros para en nosotros fructificar otra vez el don de la paz y de la gracia, el de la luz y la miseri¬cordia, el del perdón y la alegría... todos esos frutos que nuestro amado mundo no con¬sigue fabricarse y que sin embargo necesita más que nunca? ¡Qué hermosa es la vida de tanta gente sencilla que sin troníos ni alharacas se han dejado fecundar por Dios, por su lluvia y su semilla! El pueblo nuevo de Dios es un pueblo que huele a tierra mojada de la que nacerá en libertad ese mundo según el corazón de Dios. Basta no cerrarse. Basta creerlo, acogerlo y compartirlo. Ojalá tengamos oídos para oír, corazón para acoger y manos para compartir la semilla de cuanto Él hace y dice en nuestra pequeñez.

Fr. Jesús Sanz Montes, ofm
Arzobispo de Oviedo





Archivo de entradas