11 de septiembre de 2011 Mateo 18, 21-35 Los discípulos le han oído a Jesús decir cosas increíbles sobre el amor a los enemigos, la oración al Padre por los que nos persiguen, el perdón a quien nos hace daño. Seguramente les parece un mensaje extraordinario pero poco realista y muy problemático. Pedro se acerca ahora a Jesús con un planteamiento más práctico y concreto que les permita, al menos, resolver los problemas que surgen entre ellos: recelos, envidias, enfrentamientos, conflictos y rencillas. ¿Cómo tienen que actuar en aquella familia de seguidores que caminan tras sus pasos. En concreto: «Si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le tengo que perdonar?». Antes que Jesús le responda, el impetuoso Pedro se le adelanta a hacerle su propia sugerencia: «¿Hasta siete veces?». Su propuesta es de una generosidad muy superior al clima justiciero que se respira en la sociedad judía. Va más allá incluso de lo que se practica entre los rabinos y los grupos esenios que hablan como máximo de perdonar hasta cuatro veces. Sin embargo Pedro se sigue moviendo en el plano de la casuística judía donde se prescribe el perdón como arreglo amistoso y reglamentado para garantizar el funcionamiento ordenado de la convivencia entre quienes pertenecen al mismo grupo. La respuesta de Jesús exige ponerse en otro registro. En el perdón no hay límites: «No te digo hasta siete veces sino hasta setenta veces siete». No tiene sentido llevar cuentas del perdón. El que se pone a contar cuántas veces está perdonando al hermano se adentra por un camino absurdo que arruina el espíritu que ha de reinar entre sus seguidores. Entre los judíos era conocido un "Canto de venganza" de Lámek, un legendario héroe del desierto, que decía así: "Caín será vengado siete veces, pero Lámek será vengado setenta veces siete". Frente esta cultura de la venganza sin límites, Jesús canta el perdón sin límites entre sus seguidores. En muy pocos años el malestar ha ido creciendo en el interior de la Iglesia provocando conflictos y enfrentamientos cada vez más desgarradores y dolorosos. La falta de respeto mutuo, los insultos y las calumnias son cada vez más frecuentes. Sin que nadie los desautorice, sectores que se dicen cristianos se sirven de internet para sembrar agresividad y odio destruyendo sin piedad el nombre y la trayectoria de otros creyentes. Necesitamos urgentemente testigos de Jesús, que anuncien con palabra firme su Evangelio y que contagien con corazón humilde su paz. Creyentes que vivan perdonando y curando esta obcecación enfermiza que ha penetrado en su Iglesia. José Antonio Pagola
sábado, 10 de septiembre de 2011
jueves, 8 de septiembre de 2011
24 Domingo Tiempo Ordinario
Yahvé es clemente y compasivo, lento a la cólera y lleno de amor. Sa102d24A11cas Quien siente la misericordia del Padre, el perdón total, sin condiciones, � la inmensa ternura con la que Dios envuelve y sostiene, �no puede andar calculando los límites del perdón y de la acogida. Dom24A11cas
Reunión del Comité Nacional de Asociados Laicos
Tras las vacaciones de verano, el Comité Nacional de Asociados Laicos vuelve a sus responsabilidades y trabajos, reuniéndose el pasado día 3 de Septiembre en D. Ramón de la Cruz.
El punto fuerte del orden del día lo ocupó la preparación del próximo Encuentro de Animadores de los grupos y Hermanas Apostólicas acompañantes. Aprovechamos para recordar a todos ellos, que éste evento se celebrará los próximos días 30 de septiembre, 1 y 2 de Octubre en el lugar que viene siendo habitual, D. Ramón de la Cruz. Esperamos una asistencia masiva, pues ya sabéis de la importancia de estos encuentros para trabajar coordinados y crecer juntos.
Avanzó la jornada, con la información de nuestro presidente, Pepe Pastor, sobre el gran acontecimiento que viene a celebrar nuestra Familia: EL CONGRESO SAGRADA FAMILIA, en el que todos entraremos el próximo 18 de Septiembre. Animamos desde aquí y en palabras de los Responsables de todas las vocaciones a que “ todos los miembros de nuestra Familia seamos partícipes de un acontecimiento que nos anima y empuja a hacer vida nuestro Carisma en el mundo de hoy”.
La preparación del próximo Encuentro Nacional de Asociados Laicos, tuvo también su lugar en ésta reunión. Se está trabajando en ello con ilusión, y desde aquí convocamos para los días 2, 3 y 4 de diciembre de 2011, al mayor número de laicos, en la madrileña localidad de Pozuelo de Alarcón.
Saludos desde el Comité Nacional de Laicos para toda la Familia.
El punto fuerte del orden del día lo ocupó la preparación del próximo Encuentro de Animadores de los grupos y Hermanas Apostólicas acompañantes. Aprovechamos para recordar a todos ellos, que éste evento se celebrará los próximos días 30 de septiembre, 1 y 2 de Octubre en el lugar que viene siendo habitual, D. Ramón de la Cruz. Esperamos una asistencia masiva, pues ya sabéis de la importancia de estos encuentros para trabajar coordinados y crecer juntos.
Avanzó la jornada, con la información de nuestro presidente, Pepe Pastor, sobre el gran acontecimiento que viene a celebrar nuestra Familia: EL CONGRESO SAGRADA FAMILIA, en el que todos entraremos el próximo 18 de Septiembre. Animamos desde aquí y en palabras de los Responsables de todas las vocaciones a que “ todos los miembros de nuestra Familia seamos partícipes de un acontecimiento que nos anima y empuja a hacer vida nuestro Carisma en el mundo de hoy”.
La preparación del próximo Encuentro Nacional de Asociados Laicos, tuvo también su lugar en ésta reunión. Se está trabajando en ello con ilusión, y desde aquí convocamos para los días 2, 3 y 4 de diciembre de 2011, al mayor número de laicos, en la madrileña localidad de Pozuelo de Alarcón.
Saludos desde el Comité Nacional de Laicos para toda la Familia.
lunes, 5 de septiembre de 2011
Marionetas del deseo
Miriam Subirana 28/08/2011
Elpais.com
Llenamos la vida con distracciones, pero seguimos insatisfechos. El deseo nos esclaviza. Si es nuestro motor, ¿cómo nos ponemos al volante?
El deseo tiene una dinámica en la que siempre hay un punto de insatisfacción. Gisela Zuniga, autora y terapista alemana, explica cómo esta dinámica nos atrapa: "El ser humano ha permitido que lo desvíen de lo auténtico y que la multiplicidad lo seduzca y se apropie de él. Placeres y posibilidades ilimitados corren en su dirección como un torrente y se enseñorean de él". Si convertimos la vida en una continua expectativa, en una continua demanda, nuestra agonía crece incesante e incansable.
LA INSATISFACCIÓN DE TENER
"La mente adopta la forma del objeto que contempla"
(B. K. S. Iyengar)
El director del departamento de decoración y muebles de unos grandes almacenes me comentó alguna vez que cada semana veía entrar a las mismas personas llevándose bolsas cargadas de objetos y se preguntaba dónde los ponían. Era testigo de la compra compulsiva de multitud de personas.
En una ocasión, un señor llamó al programa de radio en el que colaboro, el día que tratamos la adicción a la novedad. Explicó lo siguiente: "Mi mujer cada semana necesita comprarse ropa nueva porque así se siente mejor. ¿Es normal? Ya no nos cabe la ropa en los armarios".
Esta mujer compra por aburrimiento, por incomodidad consigo misma, por obsesión con el cuerpo y para impresionar y agradar a otro. Gasta sin responsabilidad. Vive en la superficialidad "del traje", no en la esencia del ser.
Del mismo modo, empleamos el tiempo para distraernos y no para construir creativamente. Si sintiéramos la cercanía de la muerte y estos fueran nuestros últimos días, nos dedicaríamos a algo más esencial y significativo.
Una mujer me manifestó su preocupación porque sus hijos siempre piden comprar los nuevos tipos de galletas, de yogur, etcétera. La publicidad les convence de que se trata de algo nuevo, pero son los mismos productos de siempre. Lo que cambia es el envoltorio. Sus hijos adquieren estos productos que luego se quedan en la nevera y la mujer se pregunta qué hacer.
¿Qué sociedad hemos construido para que, teniendo tanto -probablemente más que nunca-, continuemos tan insatisfechos? ¿Qué es lo que hace que nuestra insatisfacción siga aumentando? Es una grandísima pregunta.
Vivimos en la cultura del tener, en la que corremos tras los logros, el poder, las posesiones, las personas, los objetos y las modas. Llega un momento en el que no sabemos hacia dónde corremos ni cuál es el sentido, ya que seguimos en una insatisfacción permanente.
Nuestros espacios son cada vez más pequeños y abarrotados de cosas. Espacios pequeños no solo a nivel físico, sino también a nivel interno: no nos queda espacio para pensar ni sentir desde el ser. Mientras la mente está abarrotada de pensamientos y de deseos, no hay espacio para la inspiración ni para la creatividad. Nos falta el espacio interior que permita un fluir de energía creativa. Solo cuando creamos y vivimos de dentro a fuera llenamos nuestra vida de sentido.
El problema surge cuando los deseos pasajeros nos distraen de nuestro propósito esencial. Luego sentimos culpa por el tiempo perdido y el dinero malgastado. Y de este modo se perpetúa nuestro malestar. Zuniga lo define así: "Desesperado, el hombre vive su vida a la carrera, como un hámster subido a su rueda. Es tal la velocidad a la que lo hace que apenas si tiene tiempo para cobrar aliento. El hombre no vive. Lo viven. Y todo porque ignora que su verdadero sitio está en el centro. Aquí, en el centro, hay paz y tranquilidad".
¿NUESTROS DESEOS NOS PUEDEN LLEVAR A UN ESTADO DE PAZ INTERIOR?
"El deseo implica apertura a la alteridad: trascender tu yo, tu pequeño mundo, para abrirte al otro" (Javier Melloni)
Los deseos son uno de nuestros motores. La pregunta clave es: ¿cuál es el deseo por el que vale la pena luchar y satisfacer?
El deseo esencial está conectado con tres ejes. El primero es el deseo de conocer y ampliar nuestros horizontes. Desde pequeños nos mueve la curiosidad por saber y por comprender el mundo que nos rodea. El segundo eje es el impulso de hacernos completos. "Tu conciencia proviene de la unidad", dice Deepak Chopra. Por eso deseamos la unión, sentirnos el uno con el otro. Es un deseo que nos conduce fuera de nosotros. Amamos y buscamos ser correspondidos. Nos damos al otro desde nuestros dones, sintiendo así alegría. El tercero es el impulso a actuar para expresar la creatividad. Así nos damos al mundo desde nuestro talento y nuestros dones. Una acción con la que aportamos y construimos un mundo mejor nos llena de sentido.
Cuando nos desviamos de estos tres ejes esenciales nos invade la sensación de carencia. Tenemos carencias afectivas, estamos faltos de conocimiento o nuestras acciones están vacías de sentido. El resultado es que sentimos un estado de necesidad.
La necesidad crea un vacío que nos impulsa a relacionarnos para cubrirlo con amor y con poder. Nos atrae el amor. Nos atrae el poder. Sin darnos cuenta, caemos en la trampa de un amor que no es amor, sino deseo, y de un poder que no es poder, sino codicia.
Cuando el deseo invade el alma y esta no lo puede contener, este se convierte en algo destructivo y devastador como el cáncer que devora todo lo que encuentra a su paso. Se convierte en una dependencia que pasa a ser una adicción. Adicción al sexo, a la bebida, a los malos tratos, a la sumisión, a someter, al dinero... Entonces el deseo nos esclaviza. Perdemos la soberanía interior. Somos marionetas del deseo. No es de extrañar que vivamos insatisfechos y frustrados. Para huir de estas sensaciones, nos distraemos. Y así seguimos en la rueda del deseo insaciable.
Deje de ser marioneta del deseo. El primer paso para lograr dominio sobre uno mismo es, precisamente, desearlo. El poder mental es capaz de canalizar los pensamientos de manera positiva. Solo cuando uno se da cuenta de lo que subyace a sus deseos puede transformarlos. ¿Qué encubre el deseo que nos vence? ¿Qué es lo que realmente desea? Buscamos amor, paz, respeto, atención, o bien queremos huir de una situación que nos sobrepasa. Aunque la mente suele pedir cosas visibles y materiales, sus necesidades son más profundas y ninguna cosa superficial y efímera puede satisfacerlas.
La meditación nos conduce hacia lo auténtico y eterno. También ayudan las afirmaciones y la visualización. Visualizar consiste en crear imágenes positivas en su mente y, de esta forma, reforzar el pensamiento y fortalecer su voluntad para alcanzar aquello que afirma.
Las afirmaciones son pensamientos determinados. Son promesas que nos hacemos a nosotros mismos. Sirven para romper los hábitos negativos o pensamientos débiles. Por ejemplo: "Hoy haré que el pasado sea pasado y miraré al futuro con una nueva visión". El pasado tiene buenas y malas experiencias. Sin embargo, tendemos a evocar lo negativo. El efecto de esto es que nuestra actitud hacia el futuro se contamina. Un método efectivo para soltar el pasado es ver el beneficio que hubo. Cuando se reconoce un beneficio en lo que sucedió, es más fácil terminar con el resentimiento o la aflicción.
LA DIGNIDAD DE LO ESENCIAL
"Tú eres lo que estás buscando" (Deepak Chopra)
Primero averigüe su deseo esencial y lo que es bueno para usted. Alinee sus deseos con lo que realmente quiere. Así no se dejará llevar por otros deseos que supongan una huida ni una distracción. Finalmente céntrese en este compromiso. Con ello se fortalece, se siente seguro, y su caminar por el mundo es más digno.
Disfrutar el camino
Vivimos en la cultura de ofrecer y buscar recompensas. Si invierte aquí, ganará tanto. Si sigue tales pautas, recibirá la recompensa del cielo. Si sigue siete pasos, logrará el éxito. Estas promesas no son necesariamente erróneas. Cada acción conlleva un retorno. El problema es que al centrarnos en el beneficio, no prestamos atención a la calidad de la acción. Nos atrapa la satisfacción del deseo y no cuidamos el camino para llegar a ella. Si buscamos la calidad de cada instante con atención plena, viviremos mejor y aportaremos más.
LIBROS
- 'El libro de los secretos', de Deepak Chopra. Santillana Ediciones.
- 'El deseo esencial', de Javier Melloni.
- 'Está todo ahí', de Gisela Zuniga. Editorial Desclée de Brouwer.
Elpais.com
Llenamos la vida con distracciones, pero seguimos insatisfechos. El deseo nos esclaviza. Si es nuestro motor, ¿cómo nos ponemos al volante?
El deseo tiene una dinámica en la que siempre hay un punto de insatisfacción. Gisela Zuniga, autora y terapista alemana, explica cómo esta dinámica nos atrapa: "El ser humano ha permitido que lo desvíen de lo auténtico y que la multiplicidad lo seduzca y se apropie de él. Placeres y posibilidades ilimitados corren en su dirección como un torrente y se enseñorean de él". Si convertimos la vida en una continua expectativa, en una continua demanda, nuestra agonía crece incesante e incansable.
LA INSATISFACCIÓN DE TENER
"La mente adopta la forma del objeto que contempla"
(B. K. S. Iyengar)
El director del departamento de decoración y muebles de unos grandes almacenes me comentó alguna vez que cada semana veía entrar a las mismas personas llevándose bolsas cargadas de objetos y se preguntaba dónde los ponían. Era testigo de la compra compulsiva de multitud de personas.
En una ocasión, un señor llamó al programa de radio en el que colaboro, el día que tratamos la adicción a la novedad. Explicó lo siguiente: "Mi mujer cada semana necesita comprarse ropa nueva porque así se siente mejor. ¿Es normal? Ya no nos cabe la ropa en los armarios".
Esta mujer compra por aburrimiento, por incomodidad consigo misma, por obsesión con el cuerpo y para impresionar y agradar a otro. Gasta sin responsabilidad. Vive en la superficialidad "del traje", no en la esencia del ser.
Del mismo modo, empleamos el tiempo para distraernos y no para construir creativamente. Si sintiéramos la cercanía de la muerte y estos fueran nuestros últimos días, nos dedicaríamos a algo más esencial y significativo.
Una mujer me manifestó su preocupación porque sus hijos siempre piden comprar los nuevos tipos de galletas, de yogur, etcétera. La publicidad les convence de que se trata de algo nuevo, pero son los mismos productos de siempre. Lo que cambia es el envoltorio. Sus hijos adquieren estos productos que luego se quedan en la nevera y la mujer se pregunta qué hacer.
¿Qué sociedad hemos construido para que, teniendo tanto -probablemente más que nunca-, continuemos tan insatisfechos? ¿Qué es lo que hace que nuestra insatisfacción siga aumentando? Es una grandísima pregunta.
Vivimos en la cultura del tener, en la que corremos tras los logros, el poder, las posesiones, las personas, los objetos y las modas. Llega un momento en el que no sabemos hacia dónde corremos ni cuál es el sentido, ya que seguimos en una insatisfacción permanente.
Nuestros espacios son cada vez más pequeños y abarrotados de cosas. Espacios pequeños no solo a nivel físico, sino también a nivel interno: no nos queda espacio para pensar ni sentir desde el ser. Mientras la mente está abarrotada de pensamientos y de deseos, no hay espacio para la inspiración ni para la creatividad. Nos falta el espacio interior que permita un fluir de energía creativa. Solo cuando creamos y vivimos de dentro a fuera llenamos nuestra vida de sentido.
El problema surge cuando los deseos pasajeros nos distraen de nuestro propósito esencial. Luego sentimos culpa por el tiempo perdido y el dinero malgastado. Y de este modo se perpetúa nuestro malestar. Zuniga lo define así: "Desesperado, el hombre vive su vida a la carrera, como un hámster subido a su rueda. Es tal la velocidad a la que lo hace que apenas si tiene tiempo para cobrar aliento. El hombre no vive. Lo viven. Y todo porque ignora que su verdadero sitio está en el centro. Aquí, en el centro, hay paz y tranquilidad".
¿NUESTROS DESEOS NOS PUEDEN LLEVAR A UN ESTADO DE PAZ INTERIOR?
"El deseo implica apertura a la alteridad: trascender tu yo, tu pequeño mundo, para abrirte al otro" (Javier Melloni)
Los deseos son uno de nuestros motores. La pregunta clave es: ¿cuál es el deseo por el que vale la pena luchar y satisfacer?
El deseo esencial está conectado con tres ejes. El primero es el deseo de conocer y ampliar nuestros horizontes. Desde pequeños nos mueve la curiosidad por saber y por comprender el mundo que nos rodea. El segundo eje es el impulso de hacernos completos. "Tu conciencia proviene de la unidad", dice Deepak Chopra. Por eso deseamos la unión, sentirnos el uno con el otro. Es un deseo que nos conduce fuera de nosotros. Amamos y buscamos ser correspondidos. Nos damos al otro desde nuestros dones, sintiendo así alegría. El tercero es el impulso a actuar para expresar la creatividad. Así nos damos al mundo desde nuestro talento y nuestros dones. Una acción con la que aportamos y construimos un mundo mejor nos llena de sentido.
Cuando nos desviamos de estos tres ejes esenciales nos invade la sensación de carencia. Tenemos carencias afectivas, estamos faltos de conocimiento o nuestras acciones están vacías de sentido. El resultado es que sentimos un estado de necesidad.
La necesidad crea un vacío que nos impulsa a relacionarnos para cubrirlo con amor y con poder. Nos atrae el amor. Nos atrae el poder. Sin darnos cuenta, caemos en la trampa de un amor que no es amor, sino deseo, y de un poder que no es poder, sino codicia.
Cuando el deseo invade el alma y esta no lo puede contener, este se convierte en algo destructivo y devastador como el cáncer que devora todo lo que encuentra a su paso. Se convierte en una dependencia que pasa a ser una adicción. Adicción al sexo, a la bebida, a los malos tratos, a la sumisión, a someter, al dinero... Entonces el deseo nos esclaviza. Perdemos la soberanía interior. Somos marionetas del deseo. No es de extrañar que vivamos insatisfechos y frustrados. Para huir de estas sensaciones, nos distraemos. Y así seguimos en la rueda del deseo insaciable.
Deje de ser marioneta del deseo. El primer paso para lograr dominio sobre uno mismo es, precisamente, desearlo. El poder mental es capaz de canalizar los pensamientos de manera positiva. Solo cuando uno se da cuenta de lo que subyace a sus deseos puede transformarlos. ¿Qué encubre el deseo que nos vence? ¿Qué es lo que realmente desea? Buscamos amor, paz, respeto, atención, o bien queremos huir de una situación que nos sobrepasa. Aunque la mente suele pedir cosas visibles y materiales, sus necesidades son más profundas y ninguna cosa superficial y efímera puede satisfacerlas.
La meditación nos conduce hacia lo auténtico y eterno. También ayudan las afirmaciones y la visualización. Visualizar consiste en crear imágenes positivas en su mente y, de esta forma, reforzar el pensamiento y fortalecer su voluntad para alcanzar aquello que afirma.
Las afirmaciones son pensamientos determinados. Son promesas que nos hacemos a nosotros mismos. Sirven para romper los hábitos negativos o pensamientos débiles. Por ejemplo: "Hoy haré que el pasado sea pasado y miraré al futuro con una nueva visión". El pasado tiene buenas y malas experiencias. Sin embargo, tendemos a evocar lo negativo. El efecto de esto es que nuestra actitud hacia el futuro se contamina. Un método efectivo para soltar el pasado es ver el beneficio que hubo. Cuando se reconoce un beneficio en lo que sucedió, es más fácil terminar con el resentimiento o la aflicción.
LA DIGNIDAD DE LO ESENCIAL
"Tú eres lo que estás buscando" (Deepak Chopra)
Primero averigüe su deseo esencial y lo que es bueno para usted. Alinee sus deseos con lo que realmente quiere. Así no se dejará llevar por otros deseos que supongan una huida ni una distracción. Finalmente céntrese en este compromiso. Con ello se fortalece, se siente seguro, y su caminar por el mundo es más digno.
Disfrutar el camino
Vivimos en la cultura de ofrecer y buscar recompensas. Si invierte aquí, ganará tanto. Si sigue tales pautas, recibirá la recompensa del cielo. Si sigue siete pasos, logrará el éxito. Estas promesas no son necesariamente erróneas. Cada acción conlleva un retorno. El problema es que al centrarnos en el beneficio, no prestamos atención a la calidad de la acción. Nos atrapa la satisfacción del deseo y no cuidamos el camino para llegar a ella. Si buscamos la calidad de cada instante con atención plena, viviremos mejor y aportaremos más.
LIBROS
- 'El libro de los secretos', de Deepak Chopra. Santillana Ediciones.
- 'El deseo esencial', de Javier Melloni.
- 'Está todo ahí', de Gisela Zuniga. Editorial Desclée de Brouwer.
domingo, 4 de septiembre de 2011
Disparos de silencio
Os presentamos este video que es un homenaje a aquellas personas que no callaron y eso les costó la vida.
sábado, 3 de septiembre de 2011
Reunidos por Jesús
4 de septiembre de 2011
Mateo 18, 15-20
Al parecer, el crecimiento del cristianismo en medio del imperio romano fue posible gracias al nacimiento incesante de grupos pequeños y casi insignificantes que se reunían en el nombre de Jesús para aprender juntos a vivir animados por su Espíritu y siguiendo sus pasos.
Sin duda, fue importante la intervención de Pablo, Pedro, Bernabé y otros misioneros y profetas. También las cartas y escritos que circulaban por diversas regiones. Sin embargo, el hecho decisivo fue la fe sencilla de creyentes cuyos nombres no conocemos, que se reunían para recordar a Jesús, escuchar su mensaje y celebrar la cena del Señor.
No hemos de pensar en grandes comunidades sino en grupos de vecinos, familiares o amigos, reunidos en casa de alguno de ellos. El evangelista Mateo los tiene presentes cuando recoge estas palabras de Jesús: «Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos».
No pocos teólogos piensan que el futuro del cristianismo en occidente dependerá en buena parte del nacimiento y el vigor de pequeños grupos de creyentes que, atraídos por Jesús, se reúnan en torno al Evangelio para experimentar la fuerza real que tiene Cristo para engendrar nuevos seguidores.
La fe cristiana no podrá apoyarse en el ambiente sociocultural. Estructuras territoriales que hoy sostienen la fe de quienes no han abandonado la Iglesia quedarán desbordadas por el estilo de vida de la sociedad moderna, la movilidad de las gentes, la penetración de la cultura virtual y el modo de vivir el fin de semana.
Los sectores más lúcidos del cristianismo se irán concentrando en el Evangelio como el reducto o la fuerza decisiva para engendrar la fe. Ya el concilio Vaticano II hace esta afirmación: "El Evangelio... es para la Iglesia principio de vida para toda la duración de su tiempo". En cualquier época y en cualquier sociedad es el Evangelio el que engendra y funda la Iglesia, no nosotros.
Nadie conoce el futuro. Nadie tiene recetas para garantizar nada. Muchas de las iniciativas que hoy se impulsan pasarán rápidamente, pues no resistirán la fuerza de la sociedad secular, plural e indiferente. Dentro de pocos años sólo nos podremos ocupar de lo esencial.
Tal vez Jesús irrumpirá con una fuerza desconocida en esta sociedad descreída y satisfecha a través de pequeños grupos de cristianos sencillos, atraídos por su mensaje de un Dios Bueno, abiertos al sufrimiento de las gentes y dispuestos a trabajar por una vida más humana. Con Jesús todo es posible. Hemos de estar muy atentos a sus llamadas.
José Antonio Pagola
Mateo 18, 15-20
Al parecer, el crecimiento del cristianismo en medio del imperio romano fue posible gracias al nacimiento incesante de grupos pequeños y casi insignificantes que se reunían en el nombre de Jesús para aprender juntos a vivir animados por su Espíritu y siguiendo sus pasos.
Sin duda, fue importante la intervención de Pablo, Pedro, Bernabé y otros misioneros y profetas. También las cartas y escritos que circulaban por diversas regiones. Sin embargo, el hecho decisivo fue la fe sencilla de creyentes cuyos nombres no conocemos, que se reunían para recordar a Jesús, escuchar su mensaje y celebrar la cena del Señor.
No hemos de pensar en grandes comunidades sino en grupos de vecinos, familiares o amigos, reunidos en casa de alguno de ellos. El evangelista Mateo los tiene presentes cuando recoge estas palabras de Jesús: «Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos».
No pocos teólogos piensan que el futuro del cristianismo en occidente dependerá en buena parte del nacimiento y el vigor de pequeños grupos de creyentes que, atraídos por Jesús, se reúnan en torno al Evangelio para experimentar la fuerza real que tiene Cristo para engendrar nuevos seguidores.
La fe cristiana no podrá apoyarse en el ambiente sociocultural. Estructuras territoriales que hoy sostienen la fe de quienes no han abandonado la Iglesia quedarán desbordadas por el estilo de vida de la sociedad moderna, la movilidad de las gentes, la penetración de la cultura virtual y el modo de vivir el fin de semana.
Los sectores más lúcidos del cristianismo se irán concentrando en el Evangelio como el reducto o la fuerza decisiva para engendrar la fe. Ya el concilio Vaticano II hace esta afirmación: "El Evangelio... es para la Iglesia principio de vida para toda la duración de su tiempo". En cualquier época y en cualquier sociedad es el Evangelio el que engendra y funda la Iglesia, no nosotros.
Nadie conoce el futuro. Nadie tiene recetas para garantizar nada. Muchas de las iniciativas que hoy se impulsan pasarán rápidamente, pues no resistirán la fuerza de la sociedad secular, plural e indiferente. Dentro de pocos años sólo nos podremos ocupar de lo esencial.
Tal vez Jesús irrumpirá con una fuerza desconocida en esta sociedad descreída y satisfecha a través de pequeños grupos de cristianos sencillos, atraídos por su mensaje de un Dios Bueno, abiertos al sufrimiento de las gentes y dispuestos a trabajar por una vida más humana. Con Jesús todo es posible. Hemos de estar muy atentos a sus llamadas.
José Antonio Pagola
Domingo 23
4-9-2011
Monasterio Sagrada Familia (Oteiza de Berrioplano)
Ramón Sánchez-Lumbier
Las lecturas del profeta Ezequiel y del Evangelio son hoy apremiante invitación a corregirnos. Si no empezamos por nosotros mismos, ¿cómo pretender ayudar a otros en este común objetivo? De poco servirán las exigencias formuladas desde fuera y sin amor. La Biblia supone una radical novedad y es también llamada para vivir de modo muy original.
“A nadie debáis nada, sino amor”, escribe san Pablo (cf. 2ª lect.). La deuda del amor debería ser la razón de ser y la explicación última de nuestro actuar. Todos los preceptos divinos son buenos para la convivencia porque proporcionan luz y fortaleza auténticas. Sí, ellos son gracia para nosotros y para todos. Vivirlos requiere actitud humilde y ferviente gratitud. La deuda de amor para con el prójimo la tenemos, ante todo, porque Dios nos amó primero.
Está claro: hemos de velar por el bien de los que nos rodean, preocuparnos por cuanto les atañe. Jesús, Supremo Maestro, nos exhorta a la comprensión, al diálogo, a la corrección fraterna, al perdón mutuo. Jesús nos pide sincera reconciliación. Hechos para amar, para convivir solidariamente, para llegar a ser hermanos, ¿cómo conseguirlo? ¿Acaso tenemos derecho a inmiscuirnos en vida ajena? Todos somos pecadores.
Las cosas no se arreglan solas. Es verdad que cuesta formar comunidades cristianas y vivir en ellas de fe, esperanza y amor. Expresiones como “esto no hay quien lo cambie” y otras reacciones parecidas hacen daño. Es cierto también que se extiende la idea de que la fe es mero asunto íntimo de cada uno sin repercusión alguna en la vida social. Y que muchos bautizados prefieren seguir “a su aire”, desconectados de la comunidad eclesial.
Sin embargo, Dios nos ha llamado desde antiguo para ser miembros vivos y corresponsables de un pueblo santo. A él fuimos incorporados por los sacramentos de la iniciación cristiana y en él crecemos y maduramos por la educación, celebración y vivencia de la fe. Alimentamos y desarrollamos nuestra vocación y misión participando en la vida de la Iglesia.
Sí, pidamos hoy, queridas hermanas y amigos, que esta nuestra Iglesia sea más santa, que parroquias, instituciones, comunidades, movimientos, pastores, religiosas/os y seglares vivamos más conformes con la voluntad del Señor Jesús. Cierto es que toda comunidad, aunque siga mejorando, nunca terminará por ofrecer en este mundo su mayor belleza, la nota más alta, la santidad plena. Porque “la Jerusalén perfecta”, engalanada como una esposa para su esposo, viene “de arriba”.
Estamos llamados a vivir de esperanza, pero trabajando en el mundo. Hemos de poner nuestro mejor empeño en manifestar, con vida y palabras, el amor de Dios, dedicados por entero a su servicio. Sí, todo ello y siempre, con profundo respeto a cada persona, con propuestas bienhechoras y denunciando cuanto se oponga al reconocimiento y promoción de la dignidad humana. También alentando y acogiendo lo bueno, lo hermoso, lo verdadero, lo justo, todos los valores, estén donde estén y vengan de donde vengan.
Esta Eucaristía puede impulsar nuestra marcha por los caminos del Evangelio, como comunidad que cree en Jesucristo y le sigue. Estamos llamados a ejercer, con sabiduría y prudencia, la corrección fraterna en el seno de la propia familia eclesial. Así iremos dándole el esplendor requerido. ¡Qué difícil resulta!, ¿verdad? Pero nos lo pide el Señor, presente entre nosotros. Él nos irá preparando para hacerlo como conviene. Con la Iglesia y gracias a ella, vivamos la dicha de creer en Él.
Monasterio Sagrada Familia (Oteiza de Berrioplano)
Ramón Sánchez-Lumbier
Las lecturas del profeta Ezequiel y del Evangelio son hoy apremiante invitación a corregirnos. Si no empezamos por nosotros mismos, ¿cómo pretender ayudar a otros en este común objetivo? De poco servirán las exigencias formuladas desde fuera y sin amor. La Biblia supone una radical novedad y es también llamada para vivir de modo muy original.
“A nadie debáis nada, sino amor”, escribe san Pablo (cf. 2ª lect.). La deuda del amor debería ser la razón de ser y la explicación última de nuestro actuar. Todos los preceptos divinos son buenos para la convivencia porque proporcionan luz y fortaleza auténticas. Sí, ellos son gracia para nosotros y para todos. Vivirlos requiere actitud humilde y ferviente gratitud. La deuda de amor para con el prójimo la tenemos, ante todo, porque Dios nos amó primero.
Está claro: hemos de velar por el bien de los que nos rodean, preocuparnos por cuanto les atañe. Jesús, Supremo Maestro, nos exhorta a la comprensión, al diálogo, a la corrección fraterna, al perdón mutuo. Jesús nos pide sincera reconciliación. Hechos para amar, para convivir solidariamente, para llegar a ser hermanos, ¿cómo conseguirlo? ¿Acaso tenemos derecho a inmiscuirnos en vida ajena? Todos somos pecadores.
Las cosas no se arreglan solas. Es verdad que cuesta formar comunidades cristianas y vivir en ellas de fe, esperanza y amor. Expresiones como “esto no hay quien lo cambie” y otras reacciones parecidas hacen daño. Es cierto también que se extiende la idea de que la fe es mero asunto íntimo de cada uno sin repercusión alguna en la vida social. Y que muchos bautizados prefieren seguir “a su aire”, desconectados de la comunidad eclesial.
Sin embargo, Dios nos ha llamado desde antiguo para ser miembros vivos y corresponsables de un pueblo santo. A él fuimos incorporados por los sacramentos de la iniciación cristiana y en él crecemos y maduramos por la educación, celebración y vivencia de la fe. Alimentamos y desarrollamos nuestra vocación y misión participando en la vida de la Iglesia.
Sí, pidamos hoy, queridas hermanas y amigos, que esta nuestra Iglesia sea más santa, que parroquias, instituciones, comunidades, movimientos, pastores, religiosas/os y seglares vivamos más conformes con la voluntad del Señor Jesús. Cierto es que toda comunidad, aunque siga mejorando, nunca terminará por ofrecer en este mundo su mayor belleza, la nota más alta, la santidad plena. Porque “la Jerusalén perfecta”, engalanada como una esposa para su esposo, viene “de arriba”.
Estamos llamados a vivir de esperanza, pero trabajando en el mundo. Hemos de poner nuestro mejor empeño en manifestar, con vida y palabras, el amor de Dios, dedicados por entero a su servicio. Sí, todo ello y siempre, con profundo respeto a cada persona, con propuestas bienhechoras y denunciando cuanto se oponga al reconocimiento y promoción de la dignidad humana. También alentando y acogiendo lo bueno, lo hermoso, lo verdadero, lo justo, todos los valores, estén donde estén y vengan de donde vengan.
Esta Eucaristía puede impulsar nuestra marcha por los caminos del Evangelio, como comunidad que cree en Jesucristo y le sigue. Estamos llamados a ejercer, con sabiduría y prudencia, la corrección fraterna en el seno de la propia familia eclesial. Así iremos dándole el esplendor requerido. ¡Qué difícil resulta!, ¿verdad? Pero nos lo pide el Señor, presente entre nosotros. Él nos irá preparando para hacerlo como conviene. Con la Iglesia y gracias a ella, vivamos la dicha de creer en Él.