sábado, 14 de abril de 2012

Recorrido hacia la fe

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15 de abril de 2012
Juan 20, 19-3

Estando ausente Tomás, los discípulos de Jesús han tenido una experiencia inaudita. En cuanto lo ven llegar, se lo comunican llenos de alegría: "Hemos visto al Señor". Tomás los escucha con escepticismo. ¿Por qué les va creer algo tan absurdo? ¿Cómo pueden decir que han visto a Jesús lleno de vida, si ha muerto crucificado? En todo caso, será otro.
Los discípulos le dicen que les ha mostrado las heridas de sus manos y su costado. Tomás no puede aceptar el testimonio de nadie. Necesita comprobarlo personalmente: "Si no veo en sus manos la señal de sus clavos... y no meto la mano en su costado, no lo creo". Solo creerá en su propia experiencia.
Este discípulo que se resiste a creer de manera ingenua, nos va a enseñar el recorrido que hemos de hacer para llegar a la fe en Cristo resucitado los que ni siquiera hemos visto el rostro de Jesús, ni hemos escuchado sus palabras, ni hemos sentido sus abrazos.
A los ocho días, se presenta de nuevo Jesús a sus discípulos. Inmediatamente, se dirige a Tomás. No critica su planteamiento. Sus dudas no tienen nada de ilegítimo o escandaloso. Su resistencia a creer revela su honestidad. Jesús le entiende y viene a su encuentro mostrándole sus heridas.
Jesús se ofrece a satisfacer sus exigencias: "Trae tu dedo, aquí tienes mis manos. Trae tu mano, aquí tienes mi costado". Esas heridas, antes que "pruebas" para verificar algo, ¿no son "signos" de su amor entregado hasta la muerte? Por eso, Jesús le invita a profundizar más allá de sus dudas: "No seas incrédulo, sino creyente".
Tomás renuncia a verificar nada. Ya no siente necesidad de pruebas. Solo experimenta la presencia del Maestro que lo ama, lo atrae y le invita a confiar. Tomás, el discípulo que ha hecho un recorrido más largo y laborioso que nadie hasta encontrarse con Jesús, llega más lejos que nadie en la hondura de su fe: "Señor mío y Dios mío". Nadie ha confesado así a Jesús.
No hemos de asustarnos al sentir que brotan en nosotros dudas e interrogantes. Las dudas, vividas de manera sana, nos salvan de una fe superficial que se contenta con repetir fórmulas, sin crecer en confianza y amor. Las dudas nos estimulan a ir hasta el final en nuestra confianza en el Misterio de Dios encarnado en Jesús.
La fe cristiana crece en nosotros cuando nos sentimos amados y atraídos por ese Dios cuyo Rostro podemos vislumbrar en el relato que los evangelios nos hacen de Jesús. Entonces, su llamada a confiar tiene en nosotros más fuerza que nuestras propias dudas. "Dichosos los que crean sin haber visto".
José Antonio Pagola

Domingo 2º Pascua

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15-4-2012
Monasterio Sagrada Familia, Oteiza (Ramón Sánchez-Lumbier)

Un mundo nuevo es posible según el corazón de Dios. Celebramos a Jesús Resucitado que fundamenta y da pleno sentido a la vida y al universo. Con el fuego de su Espíritu graba el amor de Dios en el corazón de sus hermanos. “Porque es eterna su misericordia”.
Festejamos con gozo el “domingo de la Divina Misericordia”. El Papa Juan Pablo II quiso que se le llamara así. Decía: “Es menester que la Iglesia de nuestro tiempo adquiera conciencia más honda y concreta de la necesidad de dar testimonio de la misericordia de Dios en toda su misión, siguiendo las huellas de Cristo y de sus Apóstoles”. Otro experto en la fe ha dejado escrito: “He leído y estudiado mucho la Sagrada Escritura y me consuela poder constatar que las palabras que más se repiten referidas a Dios son la misericordia, la piedad, la compasión” (J. Lagrange). Y un reciente autor de espiritualidad cristiana sostiene: “Hay una hermosa expresión en los Evangelios que aparece tan sólo doce veces y que se usa exclusivamente en referencia a Jesús o a su Padre. Esta expresión es Movido a compasión. Se trata de un movimiento a nivel de las entrañas, donde se localizan las emociones más íntimas e intensas” (H. Nouwen). “Jesús no solo dijo: Sed compasivos como mi Padre es compasivo, sino que además fue la encarnación concreta de esa compasión divina en nuestro mundo” (id.).
¡Bien, hermanas! ¿Os imagináis aquel atardecer? Él se les hace presente e insiste en que es el de siempre, de carne y hueso, sencillo, amigo, Hermano y Maestro. Ahora vive resucitado y vuelve a ellos ofreciéndoles su gozo y su paz. Se cumplía, con mayor nitidez, la ardiente esperanza: “Por la entrañable misericordia de nuestro Dios nos visitará el Sol que nace de lo alto...”. ¿Precisamos proceso de iluminación? Tomás es buen ejemplo: no le basta el testimonio de los otros; quiere tocar, sondear identidad, meter dedos y mano en las llagas de quien fue crucificado. Jesús, revelación personal de “la Divina Misericordia”, condesciende y vuelve a los ocho días, también en domingo. Tomás verá y adorará a Jesús Resucitado: "¡Señor mío y Dios mío!". ¡Bien por Tomás! "¡Dichosos los que crean sin haber visto!", sentenciará el Señor.
A lo más íntimo de cada uno quiere llegar la mirada y la llamada del Señor. Somos gente agraciada por la fe en Jesucristo, “muerto por nuestros pecados y resucitado para nuestra justificación”. No lo hemos visto ni oído, no lo hemos podido tocar, pero compartimos el gozo y el riesgo de abrazarnos, en la fe, con el Señor y con los hermanos. ¡Dichosos nosotros! Sí, el que cree, espera y ama “¡ha nacido de Dios!". “¡Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia!” (cf. salmo resp.).
La primera lectura describía el ideal de la Iglesia de Jerusalén en tiempos de los apóstoles: creían en Jesús Resucitado, tenían un solo corazón y una sola alma, eran constantes en la oración y en la “fracción del pan”, lo poseían todo en común, proclamaban que “Jesús es el Señor”, bautizaban, perdonaban los pecados y servían salud y esperanza. Por su testimonio, muchos se incorporaban al grupo de los creyentes en Jesucristo. “¡Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia!”
¡Ésta es nuestra fe! La celebración del misterio pascual, por el inmenso amor con que Dios nos ama, además de avivar el gozo de sabernos renacidos en la Resurrección de Jesucristo, puede transformarnos en auténtica comunidad cristiana. Su “divina misericordia” suscita y promueve la fe en Él. Y esta fe lleva al testimonio de la oración ardiente y del servicio fraterno, del amor solidario y del perdón al enemigo. Sí, “¡dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia!” Unidos en la misma fe, solidarios de todos, caminamos por el mundo con una “esperanza viva”. El mismo Dios nos irá configurando como “cuerpo místico de Cristo”. Por gracia podremos gustar mejor el perdón de Dios y el gozo de la fraternidad. Su santo Espíritu nos transforma en luminoso hogar de paz, como “familia de hijos de Dios”, al servicio de todos.
No hay Pascua sin amor compasivo. El amor de Dios no tiene fin. Nos lo ha manifestado, de una vez por todas, en la entrega del propio Hijo. “¡Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia!” Lo expresamos también hoy, a los ocho días de la Pascua. Lo viviremos de modo nuevo durante todo el tiempo pascual: siete semanas, signo de plenitud.
Además, la Pascua del Señor está presente en el corazón que busca y que sufre, en el que ora confiado, en el que se desvive por los otros, en su Palabra de vida y salvación, en cada sacramento, en la liturgia de la Iglesia, en el prójimo, en el necesitado, en el amor de todos y de cada uno. Porque el Señor vive y vivifica todo. “¡Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia!”.
Al igual que la comunidad primera de los apóstoles, la Iglesia de hoy, reunida en torno al Resucitado, se siente recreada por el Espíritu de Dios para vivir y transmitir el gozo del Evangelio. Aquí y ahora podemos experimentar cómo el Señor nos da su paz y nos envía como testigos y servidores de vida nueva, en gozo y generosidad. La Eucaristía siempre es Pascua. “¡Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia!”. “Él ha resucitado y está vivo entre nosotros. Él viene a comer con sus hermanos y hermanas tristes: los pobres, los enfermos, los ‘ilegales’, las prostitutas, los presos… para que veamos que no es un fantasma, para que apostemos por la vida. Yo os invito a celebrar la vida… Acerquemos nuestra copa a la copa del Resucitado. ¡Celebremos la Vida, celebremos la Resurrección!” (De un “pregón pascual” sobre texto de Karl Rahner, s.j.).
Sí, hermanas y amigos: lo hacemos ahora con asombro y gratitud, compartiendo la misma fe apostólica en este domingo de la Octava de Pascua.

viernes, 13 de abril de 2012

Segundo domingo de Pascua

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Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:
«Paz a vosotros.»
Dom2p12cas

Pascua. Domingo 2

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Tomemos altura para irradiar el aliento del Espíritu.
Dium2p12cas

jueves, 12 de abril de 2012

II Domingo de PASCUA

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Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.
Sa117p2B12cas

domingo, 8 de abril de 2012

Felíz Pascua de Resurrección

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Esta es la noche que sacude conciencias,
quema los ídolos, despierta vocaciones,
alumbra virginidades,
engendra esperanzas,
convierte en arados las espadas,
saca renacidos de las aguas,
alegra a los tristes, provoca adoradores,
descarga pistolas y derriba opresores.

Esta es la noche
que trae la Buena Noticia a los pobres,
abre los ojos de los ciegos,
libera a los prisioneros
y anuncia el perdón a los pecadores.

¡Sea bendito Nuestro Señor
que subiendo a la Cruz
y entrando en la muerte,
venció para siempre
los poderes del mal!

¡ FELIZ PASCUA DE RESURRECCION ¡

jueves, 5 de abril de 2012

Pregón de la Semana Santa de Alcalá

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Rosario Serrano Sánchez, de nuestro grupo de Asociados Alcalá 2, ha sido este año Pregonera de la Semana Santa de Alcalá. Pronunció su pregón en el Teatro Martínez Montañés, el pasado 30 de marzo de 2012.
En el próximo número de Aire de Familia os ofreceremos una entrevista con ella en el que reflexionará sobre esta experiencia de fe y de testimonio público, su profunda vivencia cofrade y su hondo sentir religioso.
Por el momento, queremos compartir con vosotros algunos retazos significativos de este pregón, junto con un video de la televisión local.

Que no haya un solo adorno
que distraiga este gesto…
este equilibrio humano
de los dos mandamientos.

Más sencilla… más sencilla…
haz una cruz sencilla, carpintero.

Ante la cruz, Señor,
aquí me tienes,
ante la cruz, Señor,
pues Tú lo quieres.

Padre y Madre nuestra,
de los congregados en esta plaza
y de toda la humanidad,
tú eres el buen Dios
al que se te puede invocar con todos los nombres,
desde todas las culturas, ideas y religiones.
Te pedimos hoy aquí
que nos des fuerzas
para seguir construyendo
ese otro mundo posible
que deseas
para todos los seres humnaos
y para la madre Tierra.
Que sepamos vivir con sencillez,
para que otros
puedan sencillamente vivir,
que compartamos
lo que somos y tenemos,
para que los empobrecidos
se sientan personas
y puedan vivir con dignidad.
Perdona nuestro egoísmo
y nuestra falta de compromiso
y que aprendamos a perdonar
pues el perdón nos humaniza
y libera profundamente.
NO permitas que caigamos
en la seducción del desaliento,
de la apatía,
y que nos esforcemos
por devolver la esperanza
a los desilusionados de este mundo,
de esta vida que, tantas veces,
se nos hace tan cuesta arriba.

¡Las manos! Obreras inquietas, regalo de Dios.
Se abren, se cierran pero siempre son caricia, consuelo, amor.
Manos maternales que brindan calor.
Manos que se extienden, donando perdón.
Manos de maestro, que saben decir.
Manos que suplican, mirando hacia Dios.
Manos cansadas de tanto esperar…
cerrarse algún día apretando el pan.
Manos temblorosas ante la maldad porque han nacido para acariciar…

En las Angustias todos están esperando que llegue la hora, se han celebrado los Oficios y algunos ya vestían sus túnicas negras y capas blancas.
… Aquí, en el seno de la cofradía, he vivido mi vida cofrade, ¡cuánta intensidad y dedicación! Empecé participando en obras de teatro cuando aún no era hermana de la Cofradía; fueron mis hijos los que me empujaron a serlo y mehice camarera, para estar más cerca.
Mas tarde Casiano (mi marido) fue Hermano Mayor y llevar a cabo sus ideas y proyectos que no eran pocos (…)

Es con Ella con quien vencí la vergüenza de ponerme la mantilla que yo considero una abnegación, un acompañar con mayúsculas (…) También con Ella sentí lo que es vestirse de penitente: el meditar entre la gente, observar rostros, miradas, escuchar palabras, preguntas, sentimientos…

Estaba la madre al pie
de la cruz. La madre estaba.
Enhiesta y crucificada,
color de nardo de la piel.

En el pecho el hueco aquel
que vacío parecía.

No me lo cierres, María
que quiero encerrarme en él,
que quiero encerrarme y ver
todo lo que tú veías.

Se tú mi madre, María,
como lo quería Él.
No termina aquí el Viernes, no te quites la túnica que Jesús en su Santo Entierro y la Soledad están a punto de salir.

La serenidad y belleza de la Soledad, obra de Miguel Bejarano portada por mujeres, cierra el desfile procesional.

¡Cómo impresiona el silencio y el sonido de las cadenas, que los hermanos del Gallardete han cambiado por sus cruces de la mañana!

¡Cómo en el silencio se escucha el rastreo de los pies sobre el asfalto!

¡Cómo en el silencio tañe ese único tambor!

¡Cómo en el silencio resuena la campana del capataz!

Silencio, Silencio, Silencio.

Jesús no responde a la provocación de los que se burlan de él. No pronuncia palabra alguna. No es el momento de dar explicaciones. Su respuesta es el silencio. Un silencio que es respeto a quienes lo desprecian, comprensión de su ceguera y, sobre todo, compasión y amor.

Jesús solo rompe su silencio para dirigirse a Dios con un grito desgarrador: “ Dios mío, Dios mío ¿por qué me has abandonado?” No le pide que lo salve bajándolo de la cruz. Solo que no se oculte, ni lo abandone en este momento de muerte y sufrimiento extremo. Y Dios, su Padre, permanece en silencio.

Sólo escuchando hasta el fondo ese silencio de Dios, descubrimos algo de su misterio.

Dios no es un ser poderoso y triunfante, tranquilo y feliz, ajeno al sufrimiento humano, sino un Dios callado, impotente y humillado, que sufre con nosotros el dolor, la oscuridad y hasta la misma muerte.

Por eso, al contemplar a Jesús ahora en el sepulcro, nuestra reacción no es de burla o desprecio, sino de oración confiada y agradecida.

… El fuego, el cirio pascual encendido en medio de la noche, la solemne invitación a vivir la alegría pascual, la proclamación gozosa de la resurrección de Cristo, el canto jubiloso del aleluya, la celebración agradecida de la Eucaristía, son la mejor invitación a resucitar a una vida nueva.

Las mujeres, van a anunciar a los discípulos su experiencia, tienen que decirles que Jesús vive, que lo han visto, pero ellos están llenos de miedo a los judíos, están encerrados y el anuncio no les anima. ¿Cómo creer a las mujeres?

Las palabras de ellas no bastan para insuflar alegría y devolverles la paz. Necesitan tener la experiencia de ver a Jesús vivo. En este momento ellas fueron las primeras; a pesar de que en esa época la mujer era menos que nada, Jesús una vez más les da la primicia. Tengo que reivindicar la figura de la mujer dentro de la Iglesia, no sería Rosario si no lo hiciera. Este dato tan importante y significativo, aún hoy, sigue sin tenerse en cuenta.
Paz a vosotros,
los que vivís abrumados por el futuro,
los que os sentís aplastados por el pasado,
los que estáis inquietos y agobiados por cualquier causa,
Paz a vosotros.

Paz a vosotros,
los que miráis con recelo e inquietud a los demás,
los que vivís con miedo a que os quiten lo que tanto os ha costado conseguir,
los que no encontráis sosiego en los trajines de la vida.
Paz a vosotros.

Paz a vosotros,
los amenazados de muerte por la guerra, el terrorismo, los paramilitares...
los que tenéis que salir a la calle con escolta,
los que sufrís violencia por decir lo que pensáis.
Paz a vosotros.

Paz a vosotros,
los trescientos mil niños soldado que sois forzados a usar las armas contra otros,
los millones de niños y adolescentes que vivís y dormís en la calle,
los incontables niños inocentes que sufrís la violencia doméstica en vuestra casa.
Paz a vosotros.

Paz a vosotras,
las mujeres maltratadas por vuestros maridos y compañeros,
las mujeres arrinconadas y humilladas por prejuicios culturales,
las mujeres ninguneadas por varones prepotentes.
Paz a vosotras.

Paz a vosotros,
los refugiados, los desplazados, los emigrantes,
los que veis pasar los días sin encontrar trabajo,
los que sufrís toda clase de explotación.
Paz a vosotros.

Paz a vosotros,
los presos de conciencia torturados hasta el límite de vuestra resistencia,
los reclusos y prisioneros indignamente tratados y abusados,
los esclavos de todo tipo y condición.
Paz a vosotros.

Paz a vosotros,
paz a todos vosotros,
los que creéis en mí,
y los que no creéis.
Los que matáis por vuestras ideas,
y los que os dejáis matar por mí y por el Evangelio.
Paz a vosotros.

… Creo que si en nuestras vidas aplicamos este modelo de resurrección podremos mejorar y celebrar esta fiesta de Semana Santa, que no debe ser sólo de de Pasión, sino de un continuo recuerdo de la alegría que conlleva la Resurrección.





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