domingo, 28 de noviembre de 2010

Pastillas contra el dolor ajeno

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No cuesta nada...

Acaban de anunciar que, a partir de mañana, venderán en todas las farmacias de España unas pastillas muy especiales. Tan especiales, que en vez de curar a quien las toma, cura a millones de personas ajenas, olvidadas, que no pueden tomar las medicinas que necesitan.
Se llaman "Pastillas contra el dolor ajeno".
Os sonará a chino, pero es muy fácil: Médicos Sin Fronteras va a vender estas pastillas, a un precio de 1€, para que, con la recaudación, se pueda tratar a millones de personas que sufren enfermedades olvidadas, como la enfermedad del sueño, el chagas, el sida infantil, el kala azar, la Tuberculosis, o la malaria. Son enfermedades que a nosotros no nos afectan, pero que en el tercer mundo causan estragos, porque las empresas farmacéuticas venden la medicación a "precio occidental", lo que imposibilita recibir tratamiento a las personas pobres.
Así que, por 1€, os venderán seis pastillas (en realidad son caramelos de mentol) con las que ayudaréis a tratar a quienes no pueden pagarse las medicinas.
Es un precio muy bajo a pagar, y nos lo ponen muy fácil: no nos piden que vayamos a África en una caravana solidaria, ni una mensualidad. Solo 1€. Menos que algunas chucherías. Menos que el autobús. Y podemos comprarlas en cualquier farmacia.

http://www.msf.es/pastillascontraeldolorajeno/compralas.php

Animaos, por favor. Y, además de colaborar vosotros, animáis a vuestras familias y amigos. Es solo 1€.
Que ruede la rueda..

Tradiciones y origen de la corona de Adviento

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Juanjo Romero
Director Técnico de InfoCatólica

El domingo comienza el Adviento. Estaba preparando un post explicando el origen de la «Corona de Adviento», una costumbre ajena a nuestra cultura que poco a poco se va asentando, y que simboliza el trascurso de las cuatro semanas hasta la Navidad. La configuración actual es de origen luterano, pero forma parte ya de la tradición católica.
Aun a riesgo de ser un poco extenso, le he pedido permiso a Pedro Manuel Merino y Adolfo Ivorra para republicar un artículo suyo aparecido en lexorandi.es. Una estupenda página que sigo hace tiempo, referencia del rito mozárabe y que trae unos artículos sobre historia de la liturgia y costumbres sensacionales. Queda claro que la recomiendo vivamente, ¿no?
A mi me ayuda mucho conocer el por qué de las oraciones y las costumbres, supongo que a alguno más también. Y en esta ocasión con doble motivo, es una costumbre eminentemente familiar, una ocasión perfecta para la catequesis de nuestros hijos y para hacer hogar.

http://infocatolica.com/blog/delapsis.php/1011250303-tradiciones-y-origen-de-la-co#more10525

sábado, 27 de noviembre de 2010

Signos de los tiempos

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28 de noviembre de 2010
Mateo 24,37-44

Los evangelios han recogido de diversas formas la llamada insistente de Jesús a vivir despiertos y vigilantes, muy atentos a los signos de los tiempos. Al principio, los primeros cristianos dieron mucha importancia a esta "vigilancia" para estar preparados ante la venida inminente del Señor. Más tarde, se tomó conciencia de que vivir con lucidez, atentos a los signos de cada época, es imprescindible para mantenernos fieles a Jesús a lo largo de la historia.
Así recoge el Vaticano II esta preocupación: "Es deber permanente de la Iglesia escrutar a fondo los signos de esta época e interpretarlos a la luz del Evangelio, de forma que, acomodándose a cada generación, pueda responder a los perennes interrogantes de la humanidad sobre el sentido de la vida presente y futura...".
Entre los signos de estos tiempos, el Concilio señala un hecho doloroso: "Crece de día en día el fenómeno de masas que, prácticamente, se desentienden de la religión". ¿Cómo estamos leyendo este grave signo? ¿Somos conscientes de lo que está sucediendo? ¿Es suficiente atribuirlo al materialismo, la secularización o el rechazo social a Dios? ¿No hemos de escuchar en el interior de la Iglesia una llamada a la conversión?
La mayoría se ha ido marchando silenciosamente, sin sacar ruido alguno. Siempre han estado mudos en la Iglesia. Nadie les ha preguntado nada importante. Nunca han pensado que podían tener algo que decir. Ahora se marchan calladamente. ¿Qué hay en el fondo de su silencio? ¿Quién los escucha? ¿Se han sentido alguna vez acogidos, escuchados y acompañados en nuestras comunidades?
Muchos de los que se van eran cristianos sencillos, acostumbrados a cumplir por costumbre sus deberes religiosos. La religión que habían recibido se ha desmoronado. No han encontrado en ella la fuerza que necesitaban para enfrentarse a los nuevos tiempos. ¿Qué alimento han recibido de nosotros? ¿Dónde podrán ahora escuchar el Evangelio? ¿Dónde podrán encontrarse con Cristo?
Otros se van decepcionados. Cansados de escuchar palabras que no tocan su corazón ni responden a sus interrogantes. Apenados al descubrir el "escándalo permanente" de la Iglesia. Algunos siguen buscando a tientas. ¿Quién les hará creíble la Buena Noticia de Jesús?
Benedicto XVI viene insistiendo en que el mayor peligro para la Iglesia no viene de fuera, sino que está dentro de ella misma, en su pecado e infidelidad. Es el momento de reaccionar. La conversión de la Iglesia es posible, pero empieza por nuestra conversión , la de cada uno.

José Antonio Pagola

1º Domingo de Adviento

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¡Oh Profundidad infinita que asomas por doquier!,
danos la obertura de la mente y del corazón
para que podamos reconocerte en todo.
Que cada instante sea el camino por el que volvamos a ti
del mismo modo que tú vienes a nosotros en cada situación.
Que todo momento sea la oportunidad y la celebración
de este encuentro que se hace transparente a tu Presencia”.
Javier Melloni

Adviento 1 Domingo -A- 28-11-10

sábado, 13 de noviembre de 2010

Para tiempos difíciles

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14 de noviembre de 2010
Lucas 21, 5-19

Los profundos cambios socioculturales que se están produciendo en nuestros días y la crisis religiosa que sacude las raíces del cristianismo en occidente, nos han de urgir más que nunca a buscar en Jesús la luz y la fuerza que necesitamos para leer y vivir estos tiempos de manera lúcida y responsable.
Llamada al realismo. En ningún momento augura Jesús a sus seguidores un camino fácil de éxito y gloria. Al contrario, les da a entender que su larga historia estará llena de dificultades y luchas. Es contrario al espíritu de Jesús cultivar el triunfalismo o alimentar la nostalgia de grandezas. Este camino que a nosotros nos parece extrañamente duro es el más acorde a una Iglesia fiel a su Señor.
No a la ingenuidad. En momentos de crisis, desconcierto y confusión no es extraño que se escuchen mensajes y revelaciones proponiendo caminos nuevos de salvación. Éstas son las consignas de Jesús. En primer lugar, «que nadie os engañe»: no caer en la ingenuidad de dar crédito a mensajes ajenos al evangelio, ni fuera ni dentro de la Iglesia. Por tanto, «no vayáis tras ellos»: No seguir a quienes nos separan de Jesucristo, único fundamento y origen de nuestra fe.
Centrarnos en lo esencial. Cada generación cristiana tiene sus propios problemas, dificultades y búsquedas. No hemos de perder la calma, sino asumir nuestra propia responsabilidad. No se nos pide nada que esté por encima de nuestras fuerzas. Contamos con la ayuda del mismo Jesús: «Yo os daré palabras y sabiduría»… Incluso en un ambiente hostil de rechazo o desafecto, podemos practicar el evangelio y vivir con sensatez cristiana.
La hora del testimonio. Los tiempos difíciles no han de ser tiempos para los lamentos, la nostalgia o el desaliento. No es la hora de la resignación, la pasividad o la dimisión. La idea de Jesús es otra: en tiempos difíciles «tendréis ocasión de dar testimonio». Es ahora precisamente cuando hemos de reavivar entre nosotros la llamada a ser testigos humildes pero convincentes de Jesús, de su mensaje y de su proyecto.
Paciencia. Ésta es la exhortación de Jesús para momentos duros: «Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas». El término original puede ser traducido indistintamente como "paciencia" o "perseverancia". Entre los cristianos hablamos poco de la paciencia, pero la necesitamos más que nunca. Es el momento de cultivar un estilo de vida cristiana, paciente y tenaz, que nos ayude a responder a nuevas situaciones y retos sin perder la paz ni la lucidez.
José Antonio Pagola

jueves, 11 de noviembre de 2010

Tiempo Ordinario 33 C

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A veces andamos buscando a Dios donde no está. Lo encontraremos, buscándolo en lo pequeño y en los pequeños de la vida. Dios se hizo hombre, y ya sólo a través de los hombres lo encontraremos.
Dios está en cada acontecimiento que vivimos, en las dificultades y en las alegrías. Sal de ti, búscalo, hazte preguntas, acércate a los que te precisen, y lo encontrarás.

Tiempo Ordinario 33 C La ESPERANZA Es POSIBLE 14 Noviembre 10 -C

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Me confieso progresista

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IGNACIO VIZCAGÜENAGA ARRIORTUA,
Asesor Religioso de la Comunidad Laical Trinitaria Algorta

Como cristiano me veo necesariamente progresista. Me explico: quiero para el ser humano, para todo ser humano, un futuro mejor; lo quiero más libre, con más dignidad, más respetado. Deseo para él una libertad física, social, política, económica, psicológica, religiosa mayor, arraigada y sustentada en la libertad interior, espiritual, fruto de múltiples conquistas íntimas. Lo sueño más provisto de valores, de ideales, de criterios éticos y de proyectos. Defiendo y promuevo ese futuro.
Mi fe cristiana, lejos de bloquear estos anhelos, me los activa con urgencia. Sueño con la revolución que Jesús encendió en la historia. Su vida y su mensaje es un gigantesco foro que proyecta luz y fuerza sin cesar en dirección al progreso humano.
La fe cristiana es una llamada a madurar como persona, a crecer en amor y solidaridad, en respeto y tolerancia con el “otro”. A su luz, el “otro”, cercano o lejano étnica y culturalmente, se me muestra como don -no como rival-, como riqueza familiar, como parte de ese gran Nosotros, sólo dentro del cual me es dado realizarme como persona. El otro es mi hermano. La pluralidad, la diferencia, la descubro como valor a respetar y a cultivar en la comunión de la unidad mundial. Por ello mi fe me lleva a entablar con todos, con independencia de su piel, de su cultura o su credo, relaciones fraternas, solidarias. Vínculos de amistad, de respeto y de gratitud.
También ante el Otro (Dios), mi fe me sitúa en actitud gozosa y esperanzada, en talante progresista. Veo a Dios, no como a Alguien que bloquea mi dignidad y crecimiento, sino como quien fundamenta y catapulta mi desarrollo humano “cargando” mis pilas sin sustituirme en mi responsabilidad; quien me invita a deponer mis infantilismos y a asumir esperanzado mi adultez creativa. El Dios que he encontrado en Jesús es Amor, Padre. Es Luz y vida. A esa luz me “autocomprendo” mejor, y se me renueva e ilumina también toda mi “cosmovisión”; me veo en mi admirable identidad, con todo su recorrido inmanente-trascendente, con mis responsabilidades indeclinables constitutivamente relacionado con Dios y con todos los humanos, abierto al entero cosmos, respetuoso con la naturaleza.
Sí, este Dios, lejos de obstruir el progreso humano, me lo propone como “proyecto” personal y familiar, como tarea esencial humana. Y tan insustituible es Dios en el progreso humano que, sin él, nos extraviamos, pervertimos nuestra identidad y vocación. Pensad en Auschwitz, Nagasaki, los Gulags… Eso sí, dejemos a Dios ser Dios; no lo manipulemos, haciendo imágenes suyas desde nuestros intereses, a nuestra imagen y semejanza. Clavemos los ojos en Jesús, “Dios con nosotros”, a la luz de su Espíritu. Entiendo que el progreso humano está hecho de conocimientos y experiencias, de investigación y de vida. Defiendo la ciencia y la técnica al servicio del progreso humano. Subrayo humano.
Como progresista estoy en contra de esa apoteosis de la superficialidad y de la trivialización en nuestra cultura, de ese intento de forjar un modelo de hombre “light”, sin criterios ni valores, con la moda como eje, con la televisión como sustento intelectual, con tanta literatura “cleenex”, filtrada hasta en muchos “best sellers”. Rechazo tanta inmadurez e irresponsabilidad ante el sexo, ante la vida y la muerte.
Denuncio ese reventón de atropellos que genera un consumismo y hedonismo desbocados y que atenta contra derechos fundamentales de los más débiles. Un progreso que deja su camino sembrado de innumerables cadáveres inocentes merece otro nombre. Denuncio, por ello, que llamemos también “progreso” a lo que es su degeneración y su muerte. Jesús nos enseñó que el progreso humano va siempre en dirección al Amor y a la Vida. En dirección a la Felicidad, cuyos contenidos y camino nos señaló.

EcleSALia 20 de septiembre de 2010
Artículo enviado por la comunidad laical como testimonio del pensamiento de Ignacio, falleció el pasado 8 de agosto de 2010





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