lunes, 28 de febrero de 2011

Unas 18.000 personas se manifiestan contra el radicalismo religioso en Túnez

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19-02-2011
La Gaceta

"Necesitamos vivir juntos, ser tolerantes con los puntos de vista de los demás", ha dicho Ridha Ghozzi, de 34 años, que acudió a la protesta portando carteles en los que se podía leer "El terrorismo no es tunecino" y "La religión es personal". La manifestación se ha producido a raiz del asesinato de un sacerdote polaco.
Alrededor de 18.000 personas se han manifestado contra el radicalismo religioso y en favor del laicismo después de que un sacerdote polaco fuera asesinado "por grupos terroristas fascistas", en palabras del ministerio del Interior. Otras dos protestas se han producido en distintos puntos de la ciudad después de varias semanas en aparente calma.
La mayor de las manifestaciones ha concentrado a cerca de 18.000 personas que han clamado por la tolerancia religiosa y ha rechazado todo tipo extremismo.
"Necesitamos vivir juntos, ser tolerantes con los puntos de vista de los demás", ha dicho Ridha Ghozzi, de 34 años, que acudió a la protesta portando carteles en los que se podía leer "El terrorismo no es tunecino" y "La religión es personal".
La presencia de fuerzas de seguridad fue escasa aunque el Ejército estableció un perímetro de seguridad en torno al Ministerio del Interior.
El principal movimiento islamista tunecino ha condenado el asesinato de un sacerdote polaco y ha pedido al Gobierno que esclarezca los hechos y encuentre a los culpables de cara a la opinión pública.
Por otro lado, otros 3.000 manifestantes protestaron frente a la Embajada francesa para pedir la destitución del actual embajador francés en Túnez. La actitud cortante que mostró a los periodistas de la televisión estatal ha provocado que gran parte de los medios locales hayan centrado sus focos en la cobertura de este evento.
En otra manifestación, varios centenares de personas han pedido la sustitución del actual Gobierno de transición que está inmerso en la preparación de las elecciones presidenciales previstas para julio o agosto.
El Ministerio del Interior ha publicado un comunicado en el que advierte de que las manifestaciones son ilegales debido a las leyes de emergencia implantadas desde las revueltas. También ha avisado que cualquier persona que forme parte de dichas protestas o de otras futuras puede ser procesado.

domingo, 27 de febrero de 2011

Celebración especial 12 marzo

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El próximo día 12 en Valencia celebraremos toda la Familia de Pedro Bienvenido el 150 Aniversario de su muerte y con ese motivo tendremos una Eucaristia en la que además de esta celebración tendrá lugar el Compromiso como Asociados Laicos de María Guillen, Rosabel Hernández, Cristina Colomer y Juan Jose López todos del grupo de Valencia 2.
Os contaremos la celebración para compartirla con todos vosotros.

Lo primero

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27 de febrero de 2011
Mateo 6, 24-34

«Sobre todo, buscad el reino de Dios y su justicia; lo demás se os dará por añadidura». Las palabras de Jesús no pueden ser más claras. Lo primero que hemos de buscar sus seguidores es "el reino de Dios y su justicia"; lo demás viene después. ¿Vivimos los cristianos de hoy volcados en construir un mundo más humano, tal como lo quiere Dios, o estamos gastando nuestras energías en cosas secundarias y accidentales?
No es una pregunta más. Es decisivo saber si estamos siendo fieles al objetivo prioritario marcado por Jesús, o estamos desarrollando una religiosidad que nos está desviando de la pasión que llevaba él en su corazón. ¿No hemos de corregir la dirección y centrar nuestro cristianismo con más fidelidad en el proyecto del reino de Dios?
La actitud de Jesús es diáfana. Basta leer los evangelios. Al mismo tiempo que vive en medio de la gente trabajando por una Galilea más sana, más justa y fraterna, más atenta a los últimos y más acogedora a los excluidos, no duda en criticar una religión que observa el sábado y cuida el culto mientras olvida que Dios quiere misericordia antes que sacrificios.
El cristianismo no es una religión más, que ofrece unos servicios para responder a la necesidad de Dios que tiene el ser humano. Es una religión profética nacida de Jesús para humanizar la vida según el proyecto de Dios. Podemos "funcionar" como comunidades religiosas reunidas en torno al culto, pero si no contagiamos compasión ni exigimos justicia, si no defendemos a los olvidados ni atendemos a los últimos, ¿dónde queda el proyecto que animó la vida entera de Jesús?
Tal vez, la manera más práctica de reorientar nuestras comunidades hacia el reino de Dios y su justicia es comenzar por cuidar más la acogida. No se trata de descuidar la celebración cultual, sino de desarrollar mucho más la acogida, la escucha y el acompañamiento a la gente en sus penas, trabajos y esperanzas. Compartir el sufrimiento de las personas nos puede ayudar a comprender mejor nuestro objetivo: contribuir desde el Evangelio a un mundo más humano.
En su primera encíclica, Juan Pablo II, recogiendo una idea importante del Concilio Vaticano II, nos recordó a los cristianos cómo hemos de entender la Iglesia. Lo hizo de manera clara. "La Iglesia no es ella misma su propio fin, pues está orientada al reino de Dios del cual es germen, signo e instrumento". Lo primero no es la Iglesia, sino el reino de Dios. Si queremos una Iglesia más evangélica es porque buscamos contribuir desde ella a buscar un mundo más humano.

José Antonio Pagola

Homilía de Ramón Sánchez Lumbier en Oteiza para el Domingo 8º

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Queridas hermanas y amigos: estamos en clima religioso, es decir, ante Dios y con Él. Sí, con todo cuanto es humano y a todos afecta, lo sintamos o no. Nada se oculta a sus ojos. Porque Él existe, porque es Padre bueno, porque quiere que todos participemos de sus bienes, ante su amor revelado, se puede ablandar nuestro corazón. Y lo notamos ante las necesidades de los hermanos. En este clima podremos captar su voluntad, acoger su Palabra y experimentar cómo nos hace revivir.
Él sabe de nuestros desalientos: “el Señor me ha abandonado, el Señor me ha olvidado…”. Pero nos pone al oído su cálida voz: “¿Puede acaso una madre olvidarse de su creatura, dejar de enternecerse por el hijo de sus entrañas…; aunque lo hiciera, yo nunca me olvidaré de ti” (cf. 1ª lect.). Lo dijo y lo dice, nos lo dice a nosotros aquí y ahora.
Somos conscientes de cuanto nos aqueja, nos vemos sometidos a toda clase de temporales, a veces sentimos que el propio interior no sabe a qué a tenerse. Somos conscientes también, especialmente en estos últimos tiempos, de las consecuencias que para unos y otros, más para unos que para otros, tiene la dura crisis económica, de la gravedad de tantas familias con todos sus miembros en el paro y sin ingreso alguno, de los millones de jóvenes sin perspectivas de empleo, de los movimientos populares en países vecinos del norte africano, de sus tragedias en dictaduras, corrupciones y violencias desatadas. Somos conscientes de las cotidianas muertes, muchas más allá que aquí, por hambre, enfermedades y desastres naturales… Pero, además, y es una gracia, podemos suplicar ahora con la Iglesia amada: “Señor, que el mundo progrese según tus designios, gocen las naciones de una paz estable y tu Iglesia se alegre de poder servirte con una entrega confiada y pacífica.” (or. colecta)
Sabemos que creer en Jesucristo es gracia y tarea siempre nuevas. Sus propuestas evangélicas no pueden presentarse a todo el mundo como mero programa moral. Al igual que las Bienaventuranzas, están dirigidas a los que le siguen por haber creído en Él. Como aquellos primeros, entonces envueltos en singulares avatares históricos, lo estamos nosotros hoy y en situaciones más complejas. Jesús sabía de qué hablaba y en qué mundo se movía. También, nítida y exhaustivamente, lo sabe hoy, penetrado y envuelto como está, ya para siempre, en la gloria del Padre. Todo ello no le aleja de lo nuestro. Al revés, fiel a sus palabras nos recuerda alentándonos: “estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.” (cf, Mt 28,20)
Somos conciudadanos de un amplio y contradictorio mundo que se nos hace, por tantos medios, “barrio conocido”, “aldea global”, “casa común”. Nos dicen que todo está cambiando y muy rápidamente, que nuestra vida no podrá ya en adelante ser igual. Preguntamos qué podemos hacer y, dentro de nosotros, si de verdad confiamos en la divina Providencia, si sirve la fe para vivir en todo como hijos amados de Dios. Este evangelio de Jesús, ¿no fomenta un ineficaz providencialismo? ¿No es poesía y mística, imposibles de asumir en medio de tanta injusticia? ¿Escucharemos de nuevo su voz?: “nadie puede estar al servicio de dos amos… No podéis servir a Dios y al dinero… No os agobiéis por la vida…, ¿no valéis vosotros más?..., no andéis agobiados pensando qué vais a comer o qué vais a vestir. Los paganos se afanan por esas cosas. Ya sabe vuestro Padre del cielo que tenéis necesidad de todo eso. Sobre todo, buscad el Reino de Dios y su justicia… A cada día le bastan sus disgustos.” (cf. ev.)
Puede, a su vez, querida hermana y amigo, que te preguntes qué le parecerán al Señor nuestros devaneos mentales y cordiales. Él nos comprende y nos pide una confianza de hijos, la ofrenda gozosa del propio ser, gratitud por su amor y cantar sus maravillas al celebrar la Eucaristía, al rezar y en el cotidiano servicio a los hermanos. ¿No era así la actitud de María, maternal ejemplo para creyentes de toda hora? Podremos, sí, confiar y responder positivamente, podemos hacerlo como tantos santos que vivieron y sufrieron lo suyo. Recuerda lo de Teresa de Jesús: “nada te turbe, nada te espante, quien a Dios tiene nada le falta; sólo Dios basta”. No era “pasota” o inmovilista de su tiempo, no. Piensa, si quieres, en la actividad ingente y en la prodigiosa eficacia de la hermosa súplica de Francisco de Asís “Señor, haz de mí un instrumento de tu paz”: Que donde haya odio, ponga yo amor; donde ofensa, perdón; donde discordia, unión; donde duda, ponga yo la fe; donde desesperación, esperanza; donde tinieblas, ponga yo luz; donde tristeza, alegría;. Oh Maestro, busque más consolar, comprender, amar, darme, olvidarme, perdonar… Porque “es muriendo como se resucita a la vida eterna.”
¿Te dice algo, además, el sencillo programa para cada día de quien se sabía que no era “más que un Papa”, el hoy Beato Juan XXIII? ¿Por qué estar “preocupado, agobiado, angustiado…”, si Dios es el Padre Bueno de todos? ¿No nos vendrá bien traerlo a primer plano, acorde como está con el evangelio de hoy?: “Ya sabe vuestro Padre del cielo que tenéis necesidad de todo eso. Sobre todo, buscad el Reino de Dios y su justicia… A cada día le bastan sus disgustos.” (cf. ev.). Sí, ¡a cada día, su afán! Me complace, pues, reproducir su decálogo espiritual:
1. Sólo por hoy trataré de vivir exclusivamente el día, sin querer resolver el problema de mi vida en un momento. 2. Sólo por hoy tendré el máximo cuidado de mi aspecto: cortés en las maneras, no criticaré a nadie y no pretenderé mejorar a nadie sino a mí mismo. 3. Sólo por hoy seré feliz en la certeza de que he sido creado para la felicidad, no sólo en el otro mundo, sino en éste también. 4. Sólo por hoy me adaptaré a las circunstancias, sin pretender que las circunstancias se adapten a mis deseos. 5. Sólo por hoy dedicaré diez minutos de mi tiempo a una buena lectura; recordando que, como el alimento es necesario para la vida del cuerpo, así la buena lectura es necesaria para la vida del alma. 6. Sólo por hoy haré una buena acción y no lo diré a nadie. 7. Sólo por hoy haré por lo menos una cosa que no deseo hacer y, si me sintiera ofendido en mis sentimientos, procuraré que nadie se entere. 8. Sólo por hoy me haré un programa detallado; quizá no lo cumpliré con precisión, pero lo redactaré. Y me guardaré de dos calamidades: la prisa y la indecisión. 9. Sólo por hoy creeré firmemente –aunque las circunstancias demuestren lo contrario- que la buena providencia de Dios se ocupa de mí como si nadie más existiera en el mundo. 10. Sólo por hoy no tendré temores. De manera particular, no tendré miedos de gozar de lo que es bello y de creer en la bondad.” (Juan XXIII)
Hermanas y amigos: jamás se dejan corroer por el miedo los que se saben hijos de Dios y procuran comportarse siempre como tales. Para ello, resulta indispensable escuchar su Palabra y dejar que nos trabaje por dentro. También, colaborar libremente y con alegría, procurando traducirla en acciones concretas. Más o menos, declarábamos con el salmista: “Sólo en Dios he puesto mi confianza…, sólo Dios es mi esperanza, mi baluarte y firmeza, mi salvador, roca y refugio, y mi gloria…, ya nada me inquietará.” (cf. sal. resp.).

domingo, 20 de febrero de 2011

Nuevo apoyo a Jose Antonio Pagola

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Hola a todos.

En primer lugar, quisiéramos agradeceros vuestra pronta respuesta cuando
hace, más o menos un año, solicitábamos vuestra firma para apoyar nuestra
carta donde pedíamos explicaciones por las que entonces el libro “Jesús,
aproximación histórica” de José Antonio Pagola era retirado de las
librerías. Suponemos que os enterarías por los medios de comunicación que
éramos muchos los firmantes de esa petición (6.725 personas exactamente).
A todos y a cada uno, gracias de nuevo.
Entonces no sólo no tuvimos explicación o respuesta alguna por parte de la
Conferencia Episcopal Española, sino que, justamente un año después, nos
hemos enterado que Roma ha abierto un proceso al libro “Jesús,
aproximación histórica”. Parece ser que algunos siguen empeñados en decir
que su lectura es nociva para, nosotros, sus lectores. Este proceso, que
ahora se inicia, se prolongará durante cuatro o cinco años. Queremos
ayudar a José Antonio Pagola a recopilar testimonios de personas que, a
partir de la lectura del libro «Jesús. Aproximación histórica», se han
encontrado de manera más viva con Jesús y han recuperado o reavivado su fe
en él. No se trata de hablar del libro ni de su autor, sino de contar de
forma sencilla, concreta y espontánea la experiencia personal suscitada
por la lectura del libro.
El testimonio no deberá ser muy extenso (máximo 1 folio por una cara) e
irá acompañado de vuestro nombre, edad, profesión, indicando si
desempeñáis alguna labor específica dentro de la Iglesia (laic@,
misioner@, religios@, sacerdote, distintas pastorales, etc) así como el
pueblo donde residís (esto último es optativo). Recogeremos testimonios
hasta el próximo 15 de Abril de 2011.
El objetivo es ayudar a José Antonio Pagola a publicar un libro que recoja
los testimonios más significativos; de esta manera, todos podremos
contribuir a seguir anunciando la Buena Noticia de Jesús. Gracias por
vuestra colaboración. Por favor, enviad vuestros testimonios a
iglesiasomos@gmail.com

sábado, 19 de febrero de 2011

Amar a quien nos hace daño

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20 de febrero de 2011
Mateo 5, 38-48

La llamada a amar es seductora. Seguramente, muchos escuchaban con agrado la invitación de Jesús a vivir en una actitud abierta de amistad y generosidad hacia todos. Lo que menos se podían esperar era oírle hablar de amor a los enemigos.
Sólo un loco les podía decir con aquella convicción algo tan absurdo e impensable: «Amad a vuestros enemigos, rezad por los que os persiguen, perdonad setenta veces siete... » ¿Sabe Jesús lo que está diciendo? ¿Es eso lo que quiere Dios?
Los oyentes le escuchaban escandalizados. ¿Se olvida Jesús de que su pueblo vive sometido a Roma? ¿Ha olvidado los estragos cometidos por sus legiones? ¿No conoce la explotación de los campesinos de Galilea, indefensos ante los abusos de los poderosos terratenientes? ¿Cómo puede hablar de perdón a los enemigos, si todo les está invitando al odio y la venganza?
Jesús no les habla arbitrariamente. Su invitación nace de su experiencia de Dios. El Padre de todos no es violento sino compasivo. No busca la venganza ni conoce el odio. Su amor es incondicional hacia todos: «El hace salir su sol sobre buenos y malos, manda la lluvia a justos e injustos». No discrimina a nadie. No ama sólo a quienes le son fieles. Su amor está abierto a todos.
Este Dios que no excluye a nadie de su amor nos ha de atraer a vivir como él. Esta es en síntesis la llamada de Jesús. "Pareceos a Dios. No seáis enemigos de nadie, ni siquiera de quienes son vuestros enemigos. Amadlos para que seáis dignos de vuestro Padre del cielo".
Jesús no está pensando en que los queramos con el afecto y el cariño que sentimos hacia nuestros seres más queridos. Amar al enemigo es, sencillamente, no vengarnos, no hacerle daño, no desearle el mal. Pensar, más bien, en lo que puede ser bueno para él. Tratarlo como quisiéramos que nos trataran a nosotros.
¿Es posible amar al enemigo? Jesús no está imponiendo una ley universal. Está invitando a sus seguidores a parecernos a Dios para ir haciendo desaparecer el odio y la enemistad entre sus hijos. Sólo quien vive tratando de identificarse con Jesús llega a amar a quienes le quieren mal.
Atraídos por él, aprendemos a no alimentar el odio contra nadie, a superar el resentimiento, a hacer el bien a todos. Jesús nos invita a «rezar por los que nos persiguen», seguramente, para ir transformando poco a poco nuestro corazón. Amar a quien nos hace daño no es fácil, pero es lo que mejor nos identifica con aquel que murió rezando por quienes lo estaban crucificando: "Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen".
José Antonio Pagola

Monasterio de Oteiza. Domingo 7º T.O.

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20-2-2011

Ramón Sánchez Lumbier. (Capellán)
Puede que te llegue muy a tiempo. Puede, quizá, que no estés para abrazarte con ello. Pero, si has escuchado bien, es para tu alegría, para que vivas “a lo Dios”, para que llegues a alcanzar la meta a la que te han llamado. ¿Que no te atreves? ¿Que te conoces ya demasiado como para seguir soñando con amores de la primera hora?
¡No desesperes! ¡Confía! Sí, y anhela, sin frenos, bienes mayores: para ti, para los tuyos, para tu comunidad, para la Iglesia, para el mundo. Piensa en ello y reza. Reza sin desmayo, reza con serenidad, reza abandonándote en Dios. Y, claro, también haz cuanto esté en tu mano. Él llegó antes, va hoy contigo de camino y estará en el paso del día siguiente, siempre fiel y misericordioso.

¿Podemos, pues, reconsiderar de nuevo lo escuchado? Ya en uno de los pasajes más luminosos del AT, Moisés, de parte de Dios, hablaba así ‘a la asamblea de los hijos de Israel’: “seréis santos porque yo, el Señor vuestro Dios, soy santo”... Eso pedía vivir en contraste con la tendencia dominante: “no te vengarás ni guardarás rencor… sino que amarás a tu prójimo como a ti mismo” (cf. 1ª lect.). Y vivirlo con alegría y bendiciendo a Dios. Porque Dios quiere que su pueblo se le parezca, tiene que haber semejanza entre el Señor y sus amantes adoradores: “El Señor es compasivo y misericordioso. Bendice, alma mía, al Señor… y no olvides sus beneficios… Como un padre siente ternura por sus hijos, siente el Señor ternura por sus fieles” (cf. salmo resp.).

Quien adora y bendice con amor, imita, quiere unión plena, abrazo integrador, comunión de vida. Eso supone reconocer ante todo la soberanía de “solo Dios”, el Dios-Vivo, único en quien podemos y debemos gloriarnos, el que todo nos lo ha dado para que vivamos por él y con él: “Así pues, que nadie se gloríe en los hombres, pues todo es vuestro; Pablo, Apolo, Cefas, el mundo, la vida, la muerte, lo presente, lo futuro. Todo es vuestro, vosotros de Cristo, y Cristo de Dios”. Esta última frase podría ser lema de la grandeza y libertad de todo cristiano. ¿Te lo crees, hermana?, ¿te lo crees, amigo?, ¿no vivifica todo nuestro ser?, ¿no nos hace saltar de alegría? En estos tiempos también, ya lo sé, parece “cosa de locos”. Y es que se trata de ‘una sabiduría divina’ que, si nos alcanza, nos afecta por completo. ¿Nos enteramos?: “¿No sabéis que sois templos de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros?” Ya san Pablo observaba: “Si alguno de vosotros se cree sabio de este mundo, que se haga necio para llegar a ser sabio. Porque la sabiduría de este mundo es necedad ante Dios” (cf. 2ª lect.).

Queridas hermanas y amigos: ¿estaba loco san Pablo?, ¿estamos alelados nosotros por creer en la Palabra del Señor? ¿No será que, siguiendo a Jesús en verdad, el evangelio se hace luz y vida, gozoso anuncio y poder que transforma corazones? ¿Puedes sinceramente con esta oración?: “Confío, Señor, en tu misericordia; alegra mi corazón con tu auxilio y cantaré al Señor por el bien que me ha hecho” (sal 12,6). ¡Enhorabuena! Así, ya no te extrañarán las propuestas de Jesucristo. Al revés, te gozarás con ellas, siempre de nuevo. ¡Bendito sea el que nos quiere bienaventurados, dichosos, ya desde ahora, siguiendo sus caminos!

Lo vamos viendo: en los evangelios de estos domingos Jesús despliega cuanto implican sus Bienaventuranzas. Hoy, el pasaje llega a la cima. Lo que menos podían esperar aquellos primeros discípulos era que les pidiera amar a los enemigos. ¿Estaba loco también Él? ¿Sabía lo que decía? ¿Era eso lo que Dios quería? ¿Es eso lo que sigue queriendo?

“Los oyentes le escuchaban escandalizados. ¿Se olvida Jesús de que su pueblo vive sometido a Roma? ¿Ha olvidado los estragos cometidos por sus legiones? ¿No conoce la explotación de los campesinos de Galilea, indefensos antes los abusos de los poderosos terratenientes? ¿Cómo puede hablar de perdón a los enemigos, si todo les está invitando al odio y a la venganza?... (Pero) su invitación nace de su experiencia de Dios. El Padre de todos no es violento sino compasivo…, no excluye a nadie de su amor…Ésta es la síntesis de la llamada de Jesús: ‘Pareceos a Dios. No seáis enemigos de nadie, ni siquiera de quienes son vuestros enemigos. Amadlos para que seáis dignos de vuestro Padre del cielo’… (En verdad,) amar así es lo que mejor nos identifica con aquel que murió rezando por quienes lo estaban crucificando: ‘Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen’” (Pagola).

Tratemos de “aterrizar”. Porque “el amor que Jesús nos propone se debe hacer gesto cotidiano, permanente. Porque los amigos o enemigos a los que indistintamente debemos amar se pueden encontrar cerca o lejos, en nuestro hogar o en el vecino, puede ser un familiar o un compañero, frecuentar nuestras sendas o sorprendernos en caminos infrecuentes… Pero todo esto da lo mismo. No hay distinción que valga para dispensarnos de lo único importante, de lo más distintivo y de lo que nos diferencia de los paganos: el amor. En esto nos reconocerán como sus discípulos” (Mons. Sanz).

Concluyo con otra cita episcopal: “Para ser cristiano no basta cumplir con la justicia de este mundo. Hay que imitar la justicia de Dios que nos ama a todos, buenos y malos, con infinita misericordia…Ésta es la luz del mundo. Ésta es la levadura que puede transformarlo. Los proyectos laicistas de la ciencia, de la política, se quedan muy cortos e impotentes… El amor convence… ¿No será la falta de este amor vivido con claridad la causa de la poca fuerza evangelizadora de nuestras comunidades?” (Mons. Sebastián).

Hermanas y amigos: ¿Reconoceremos que precisamos el Espíritu de Dios para vivir como hijos suyos? Todo lo bueno y hermoso tiene su fuente, su centro y su meta en la Eucaristía. Aquí tenemos la suerte inmensa de vivir el encuentro con este misterio de Amor de Dios-Padre-de todos, revelado y entregado en Jesucristo su Hijo para que podamos vivir con la fuerza de su mismo Espíritu. Deseémoslo con auténticas ansias de amor. Pidámoslo con incesante fe porque Dios nos lo quiere dar para que nos vayamos pareciendo a Él. Y renovemos la vocación que nos dignifica, la gracia acogida y la tarea asumida de ser hijos de Dios, beneficiarios y servidores de su amor a todos. Como lo fue Jesús. En obediencia fiel, con total generosidad, con la dulce y audaz esperanza de un postrer encuentro eternamente feliz.





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