sábado, 28 de mayo de 2011

No estamos huérfanos

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29 de mayo de 2011
Juan 14, 15-21

Una Iglesia formada por cristianos que se relacionan con un Jesús mal conocido, poco amado y apenas recordado de manera rutinaria, es una Iglesia que corre el riesgo de irse extinguiendo. Una comunidad cristiana reunida en torno a un Jesús apagado, que no seduce ni toca los corazones, es una comunidad sin futuro.
En la Iglesia de Jesús necesitamos urgentemente una calidad nueva en nuestra relación con él. Necesitamos comunidades cristianas marcadas por la experiencia viva de Jesús. Todos podemos contribuir a que en la Iglesia se le sienta y se le viva a Jesús de manera nueva. Podemos hacer que sea más de Jesús, que viva más unida a él. ¿Cómo?
Juan recrea en su evangelio la despedida de Jesús en la última cena. Los discípulos intuyen que dentro de muy poco les será arrebatado. ¿Qué será de ellos sin Jesús? ¿A quién le seguirán? ¿Dónde alimentarán su esperanza? Jesús les habla con ternura especial. Antes de dejarlos, quiere hacerles ver cómo podrán vivir unidos a él, incluso después de su muerte.
Antes que nada, ha de quedar grabado en su corazón algo que no han de olvidar jamás: «No os dejaré huérfanos. Volveré». No han de sentirse nunca solos. Jesús les habla de una experiencia nueva que los envolverá y les hará vivir porque los alcanzará en lo más íntimo de su ser. No los olvidará. Vendrá y estará con ellos.
Jesús no podrá ya ser visto con la luz de este mundo, pero podrá ser captado por sus seguidores con los ojos de la fe. ¿No hemos de cuidar y reavivar mucho más esta presencia de Jesús resucitado en medio de nosotros? ¿Cómo vamos a trabajar por un mundo más humano y una Iglesia más evangélica si no le sentimos a él junto a nosotros?
Jesús les habla de una experiencia nueva que hasta ahora no han conocido sus discípulos mientras lo seguían por los caminos de Galilea: «Sabréis que yo estoy con mi Padre y vosotros conmigo». Esta es la experiencia básica que sostiene nuestra fe. En el fondo de nuestro corazón cristiano sabemos que Jesús está con el Padre y nosotros estamos con él. Esto lo cambia todo.
Esta experiencia está alimentada por el amor: «Al que me ama...yo también lo amaré y me revelaré a él». ¿Es posible seguir a Jesús tomando la cruz cada día, sin amarlo y sin sentirnos amados entrañablemente por él? ¿Es posible evitar la decadencia del cristianismo sin reavivar este amor? ¿Qué fuerza podrá mover a la Iglesia si lo dejamos apagar? ¿Quién podrá llenar el vacío de Jesús? ¿Quién podrá sustituir su presencia viva en medio de nosotros?

José Antonio Pagola

miércoles, 25 de mayo de 2011

Democracia real, todavía no

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Bravo muchachos. Ya me sorprendía que no acabarais saltando un día. Pero todo tiene sus ritmos, y la indignación social también. No comparto eso de democracia real “ya”, porque tardará bastante. Pero agradezco vuestra proclama de que nuestra democracia es profundamente irreal, casi sólo virtual. Quienes os critican desde sus butacas dicen que “no proponéis soluciones”, sin darse cuenta de que estáis haciendo un diagnóstico muy exacto. Y que, como pasó con el sida o con el cáncer, sólo cuando se tiene el diagnóstico podemos comenzar a buscar el remedio o la vacuna.
Habéis comprendido en vuestras carnes que este capitalismo global es incompatible con la democracia y que, de seguir por él, nos encaminamos no sólo a crisis sucesivas, a niveles masivos de paro y a generaciones perdidas como la vuestra, sino a una forma de fascismo permisivo. Nuestra democracia es irreal porque no puede haber auténtica democracia política sin democracia económica y, en el campo económico, vivimos bajo la dictadura de “los mercados”.

Soy de los que creen que mejorarán algo las cosas cuando gobierne el PP: pero no porque tenga un mejor programa económico (demasiado tiempo llevamos viendo que no tiene ninguno), sino porque entonces los poderes económicos aflojarán, los grifos financieros abrirán un poco la mano del crédito, y aceptarán correr algún riesgo a cambio de asegurar un gobierno perpetuo de la derecha. Luego, tras los primeros éxitos aparentes en las cifras de paro y de crecimiento, ya se encargarán de imponer sucesivos pasos hacia el desmonte del estado del bienestar: privatizaciones de la salud y demás bocados apetitosos. Y entonces será la hora del palo.

Supongo que conocéis un escrito ejemplar de Julio Anguita renunciando a su pensión como ex-diputado porque “con la pensión como maestro ya se puede vivir suficientemente”. Carta que, a su tiempo, compararon algunos con los emolumentos que Aznar o Felipe González añaden a sus “modestas” pensiones de ex-presidentes. Y que a otros les mereció el comentario de que Anguita será un buen hombre “pero desfasado”. Sin percibir que diciendo eso echaban piedras a su propio tejado: porque reconocían que la honradez es algo desfasado en un sistema como el nuestro.

Como lo muestra la presencia de corruptos en todas las listas y que los partidos no reaccionen eliminándolos sino pretendiendo que los otros tienen más. Como lo demuestra la obscena negativa a reformar una ley electoral que les asegura la poltrona por muy enemigos que parezcan entre sí. Como lo demuestra también el bueno de E. Abidal que, tras una experiencia en que vio la muerte de cerca, comprende que en la vida hay cosas más humanas y más importantes que el dinero y vende sus coches para dar limosnas a enfermos y hospitales; pero no se da cuenta de que de este modo no hace

más que agravar la crisis porque si todos hacen lo mismo, baja la venta de coches y nuestra economía no remonta. Que nuestro sistema sólo puede funcionar malgastando; y sólo sabe producir mucho a base de repartir muy poco.

Por eso vosotros habéis dicho muy bien que no sois anti-sistema sino alter-sistema. Mucho más cuando hemos visto cómo, pasado el primer terror que despertó la crisis, no se ha cumplido absolutamente nada de aquello de “refundar el capitalismo” que prometieron cuando les embargaba el pánico: ni supresión de paraísos fiscales, ni tasa Tobin… “¡Es que son cosas muy difíciles!”. Como si no fuera más difícil aún combatir al Sida cuando estalló y ni sabíamos lo que era. Pero claro: el sida podría afectarles también a ellos. Ahí tenéis al señor DSK y al FMI que levantan un escándalo por una (supuesta o real) violación de una camarera, cuando llevan años violando poblaciones enteras de países pobres sin escándalo de nadie.

Tengo suficientes años como para que estas palabras cobren cierto carácter de testamento. Permitidme pues sugerir algunos horizontes para vuestro trabajo futuro. En primer lugar, no aceptéis la palabra de nadie que no haya visto y palpado la crisis de cerca: que no conozca esos rostros tristes de niños hambrientos, ni la desesperación de las madres cuando oyen llorar de hambre al niño; que no haya visto la mirada baja del señor en paro crónico que no se atreve ni a levantar la vista porque se culpabiliza él de lo que pasa a su familia; a nadie que no haya puesto los pies con cierta asiduidad en lugares como la Mina de Barcelona, la Cañada real de Madrid y otros semejantes.

En segundo lugar dos consejos del Nuevo Testamento (al que no creo que conozcáis mucho, pero eso ahora importa menos): “La raíz de todos los males es la pasión por el dinero” (1 Tim 6,10): sabia constatación hecha hace veinte siglos y mucho más valiosa en la actual estructura económica. A esa observación añadía san Pablo que debéis “trabajar vuestra liberación con temor y temblor”: porque vais a tener no sólo muchos enemigos sino inevitables problemas o divisiones entre vosotros, y las típicas tentaciones de incoherencia propias de nuestra pasta humana. Pero sabéis ya que la única posible solución de nuestro mundo es lo que el mártir Ignacio Ellacuría llamaba “una civilización de la sobriedad compartida”. Porque por el camino que vamos se incuba un doble terrorismo (político y ecológico) que un día acabará con nosotros.

Gracias, ánimo y mucha paciencia.

José Ignacio González Faus

lunes, 23 de mayo de 2011

La verdad padece pero no perece

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Sobre el libro de Pagola "Jesús. Aproximación histórica"
Félix Azurmendi, Sacerdote de la Diócesis de San Sebastián
[Noticias de Gipuzkoa, Sábado, 16 de Abril de 2011]

Hace un año escribí un artículo, bajo el título Pedimos la verdad, en el que reclamaba información por parte de alguien "autorizado", en torno a lo que estaba sucediendo con el libro de José Anto-nio Pagola Jesús. Aproximación histórica. Tras un año nos hallamos con que, según publicaciones en prensa e Internet, "el Vaticano procesa a Pagola", "La Congregación para la Doctrina de la Fe retira el nihil obstat de Mons. Uriarte al Jesús de Pagola", "la iniciativa de Roma… tiene su origen en las presiones del núcleo más integrista de la Conferencia Episcopal Española".
Mi primera reacción se refiere a un hecho lamentable: la Iglesia recurre al "secreto", al silencia-miento y ocultamiento. ¿Qué información tiene la Diócesis de San Sebastián acerca de la verdad de lo que está ocurriendo con el libro de Pagola y con él mismo? ¿Han sido informados debida-mente y en todo momento el Consejo Presbiteral y el Consejo de Arciprestes?
En vista de lo publicado podríamos decir con el Evangelio de Juan en la mano que "la luz brilla en las tinieblas y las tinieblas no la recibieron" y añadir con Santa Teresa de Jesús, y ella sabía lo que decía por su propia experiencia con la Inquisición, que "la verdad padece". Sí, la verdad pa-dece. Pero, añade Santa Teresa, "no perece".
No perece porque hay quienes quieren conocerla y la buscan. En ello les va su propia coherencia. Nadie es propietario de "la verdad". Tratamos de aproximarnos a ella en el ejercicio de nuestra li-bertad y responsabilidad de ir más allá de lo aparente en medio de este gran despropósito.
La desmesura es escandalosa: muchos miles de lectores y creyentes afirman sin dudar el bien que les ha hecho este libro en su fe, los teólogos a los que se les pidió una opinión sobre el mis-mo lo hicieron favorablemente, el obispo del autor le otorgó el nihil obstat, algunos obispos que yo conozco opinaron muy positivamente del libro, numerosos sacerdotes diocesanos de San Sebas-tián se manifestaron públicamente en apoyo del autor… Mientras, otros obispos denunciaron pú-blicamente el libro, sin siquiera hablar con el autor, hasta finalmente presionar en Roma para que la Congregación de la fe abra un proceso, no sé si al libro o al autor del libro o a ambos.
¿Qué es lo que oculta y encierra esta desmesura? No somos ni indiferentes ni insensibles a los problemas eclesiales. Los obispos no debieran estar tranquilos con este "cisma" real en la Iglesia y en nuestras comunidades. Este "cisma" es el hecho que más está dañando a la comunión y a nuestra capacidad evangelizadora hoy. Negar este hecho es pretender cerrar los ojos a la realidad y autoengañarnos. En lugar de crecer en comunión, se alimenta la desunión.
Creo que es un derecho y un deber opinar libremente sobre la gravedad de lo que está aconte-ciendo. Están en juego nuestra fe y nuestra pertenencia eclesial. Por ello reflexiono sobre algunas claves que, creo, explican algo de lo que está sucediendo.
1. En primer lugar está en juego, como problema de fondo, la verdad sobre Jesús. No es, por lo tanto, el libro de Pagola. Este libro no es más que un signo de lo que está ocurriendo en la Iglesia. Es el problema, viejo y nuevo, del Jesús de la historia y el Cristo de la fe. Yo creo que nos esta-mos enfrentando a una tentación también presente en otros momentos de la historia de la Iglesia: por salvaguardar la "dignidad" de Dios, la divinidad de Cristo, ignoramos o subordinamos la humanidad de Jesús. Mientras la médula y lo inaudito de la fe cristiana está en la encarnación de Dios, una encarnación anonadada e histórica, son acusados de "arrianismo" quienes nos están indicando que es precisamente en la humanidad histórica de Jesús en la que Dios se ha encarna-do. Como dijo Pablo VI "en la humanidad sacratísima de Cristo está todo nuestro bien y salva-ción".
El gran problema del sector al que incomoda el libro en cuestión debe de ser que "este Jesús" les molesta, no cuadra con sus intereses "eclesiásticos". Acaban por reproducir lo que pasó en la existencia histórica de Jesús: se vuelve a clavar a Jesús en la cruz, en el rechazo y en la acusa-ción de "heterodoxia". Ésta es la cruz de Jesús, también hoy.
2. Lo que está en juego, en segundo lugar, no es "el libro" de Pagola. Están en juego su palabra y su reflexión, su obra y el propio autor. Pagola molesta por lo que dice: este sector eclesial no pue-de soportar, según parece, su reflexión lúcida, clara y accesible y, sobre todo, hecha desde el Evangelio y desde Jesús. El problema es un Pagola que no calla, cuyo mensaje se difunde masi-vamente gracias a la prensa y a las redes sociales, que llega a miles de personas que lo leen con gran satisfacción. Mientras muchos sacerdotes y obispos aburrimos dentro y fuera de la Iglesia, Pagola capta la atención, despierta interés sobre Jesús, contribuye a formar cristianos y personas adultas y no-dependientes. Asimismo, su aportación es valiosa para el hecho cultural moderno, que recibe a este Jesús como una novedad relevante para vida del hombre y la mujer de este si-glo. Pagola logra inyectar en la capa social y cultural de hoy a Jesús de Nazaret.
3. Hay una tercera dimensión que también está en juego: somos las personas que vivimos y sen-timos nuestra fe en Jesús y nuestra pertenencia eclesial en sintonía con J. A. Pagola. Si es verdad que al libro de Pagola y, como afirman algunos, a Pagola mismo se le ha iniciado un proceso en la Congregación de la Doctrina de la Fe, estamos procesados con él miles de cristianas y cristianos: laicos, sacerdotes, religiosos, muchos teólogos y algunos obispos. Está también procesada una parte mayoritaria de nuestra Diócesis de San Sebastián. Se pueden sentir procesados los 80.000 que han comprado el libro, los miles y miles que le siguen semanalmente y quienes leen con en-tusiasmo cada nuevo libro que escribe. ¿No es esto una exageración y un disparate?
4. Están también en juego los derechos humanos: el respeto a la libertad, fundamentalmente. ¿Quién puede impedir que un libro sea vendido y una persona sea escuchada? ¿La libertad reli-giosa, la libertad de pensamiento y de palabra, donde quedan en la Iglesia? ¿Se puede reclamar la libertad religiosa en la sociedad cuando no se respeta en el interior de la iglesia? ¿Cómo se puede privar a la sociedad y a la misma Iglesia leer lo que quiera?
5. En este hecho oscuro, aparece asimismo el pecado de la Iglesia. Si no se detiene el proceso en curso y se le restituye a Pagola de todos los sufrimientos que se le han originado, un sector ecle-sial muy numeroso, mayoritario en Gipuzkoa, que nos sentimos procesados con Pagola, tenemos derecho a pensar que, en realidad, nos encontramos ante el pecado de la iglesia. Lo anunció Je-sús: "Os llevarán a los tribunales y creerán que hacen un bien".
6. Este asunto nos sitúa ante el problema del modelo de Iglesia. Estamos viviendo eclesiologías incompatibles entre sí. La eclesiología "oficial" vuelve a ser "neoexclusivista". Estamos viviendo un gran miedo al pluralismo, porque es percibido como una amenaza para la fe y la Iglesia. Éste es un callejón sin salida. Desde el miedo no se puede evangelizar La única salida válida, a mi modo de ver, es el diálogo, que ninguna posición eclesiológica se imponga a la otra, que ninguna posi-ción teológica se imponga a las demás. Ahora no existe este diálogo. Por esta razón, la comunión y la colegialidad son dos grandes déficit en nuestras Iglesias y ello representa un gran fracaso y un grave obstáculo para esa nueva evangelización que se pretende impulsar. Sobresalen la intole-rancia y la imposición, el centralismo y el dogmatismo. Todo ello nos está llevando a un nuevo in-dividualismo, un "sálvese quien pueda" que solo produce, a la larga, tristeza e impotencia.
Concluyo. Solo quiero desear que no perdamos la capacidad de indignarnos y que no abdiquemos del deber de reformar la Iglesia. Que no nos falte el aliento de una oración que dirija nuestra mira-da a Jesús y a su palabra, pues puede estar sucediéndonos que digamos creer en Jesús y, en realidad, no lo amemos. Me parece una insensatez y una forma extraña de fanatismo decir que el Jesús que "emerge" y "cobra vida" en el libro Jesús. Aproximación histórica no es en realidad el Jesús en el que cree la Iglesia, el proclamado como Cristo y Señor. Un libro y un autor que han ayudado y ayudan a tantos a encontrarse con Jesús, amarle y creer en Él, no pueden sino estar en la fe de la Iglesia. Espero que se imponga la sensatez y prevalezca la verdad.

domingo, 22 de mayo de 2011

En recuerdo de Rachel Corrie

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Hace pocos días en Gaza, ha perdido la vida una joven pacifista, Rachel Corrie de sólo 23 años.
RachelCorrielto

Democracia real ya

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Nos hacemos eco de las manifestaciones que se han producido estos días previos a las elecciones del 22-M a través de este video colgado en Youtube, que refleja la seriedad y el compromiso de toda esta juventud.
Democracia real ya

sábado, 21 de mayo de 2011

No os quedéis sin Jesús

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22 de mayo de 2011
Juan, 14, 1-12

Al final de la última cena Jesús comienza a despedirse de los suyos: ya no estará mucho tiempo con ellos. Los discípulos quedan desconcertados y sobrecogidos. Aunque no les habla claramente, todos intuyen que pronto la muerte les arrebatará de su lado. ¿Qué será de ellos sin él?
Jesús los ve hundidos. Es el momento de reafirmarlos en la fe enseñándoles a creer en Dios de manera diferente: «Que no tiemble vuestro corazón. Creed en Dios y creed también en mí». Han de seguir confiando en Dios, pero en adelante han de creer también en él, pues es el mejor camino para creer en Dios.
Jesús les descubre luego un horizonte nuevo. Su muerte no ha de hacer naufragar su fe. En realidad, los deja para encaminarse hacia el misterio del Padre. Pero no los olvidará. Seguirá pensando en ellos. Les preparará un lugar en la casa del Padre y un día volverá para llevárselos consigo. ¡Por fin estarán de nuevo juntos para siempre!
A los discípulos se les hace difícil creer algo tan grandioso. En su corazón se despiertan toda clase de dudas e interrogantes. También a nosotros nos sucede algo parecido: ¿No es todo esto un bello sueño? ¿No es una ilusión engañosa? ¿Quién nos puede garantizar semejante destino? Tomás, con su sentido realista de siempre, sólo le hace una pregunta: ¿Cómo podemos saber el camino que conduce al misterio de Dios?
La respuesta de Jesús es un desafío inesperado: «Yo soy el camino, la verdad y la vida». No se conoce en la historia de las religiones una afirmación tan audaz. Jesús se ofrece como el camino que podemos recorrer para entrar en el misterio de un Dios Padre. El nos puede descubrir el secreto último de la existencia. El nos puede comunicar la vida plena que anhela el corazón humano.
Son hoy muchos los hombres y mujeres que se han quedado sin caminos hacia Dios. No son ateos. Nunca han rechazado de su vida a Dios de manera consciente. Ni ellos mismos saben si creen o no. Sencillamente, han dejado la Iglesia porque no han encontrado en ella un camino atractivo para buscar con gozo el misterio último de la vida que los creyentes llamamos "Dios".
Al abandonar la Iglesia, algunos han abandonado al mismo tiempo a Jesús. Desde estas modestas líneas, yo os quiero decir algo que bastantes intuís. Jesús es más grande que la Iglesia. No confundáis a Cristo con los cristianos. No confundáis su Evangelio con nuestros sermones. Aunque lo dejéis todo, no os quedéis sin Jesús. En él encontraréis el camino, la verdad y la vida que nosotros no os hemos sabido mostrar. Jesús os puede sorprender.
José Antonio Pagola

Domingo 5º Pascua, A

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Monasterio Sagrada Familia (Oteiza de Berrioplano)
Texto-homilía del Capellán, Ramón Sánchez-Lumbier

Jesús se nos presenta como Aquél que siempre está en el Padre y al que vuelve para prepararnos sitio (cf. ev.). Jesús se revela como el Camino, la Verdad y la Vida.
Gracias a Jesucristo, vivimos ya en Dios y somos llamados a dar fruto abundante. La mejor cosecha es la fe y comunión en el amor que Dios nos tiene. Ese amor primero y siempre fiel nos hace ser lúcidos y gozosos servidores de los hermanos. Sí, acercándonos al Señor con fe, entramos en la construcción del templo del Espíritu, como piedras vivas (cf. 2ª lect.). Sólo por Jesús podemos ir al Padre. Es, hermanas y amigos, la Palabra verdadera y fiel que nos lleva a vivir con plenitud nuestra condición humana. Y, concretamente, la vocación de ser y actuar como hijos de Dios y hermanos de todos.
Todo ello es fruto de la Resurrección del Señor. En su órbita nos movemos con gozo inmenso llevados por la esperanza. Lo estamos celebrando con la Iglesia. Abramos corazón, ojos y manos al horizonte cósmico y esplendoroso del triunfo de Jesucristo. ¿Cómo hacerlo? Sugiero aceptar la intimidad de Jesucristo. Es el mejor puerto para nuestras fatigas, el más grande consuelo, la verdad más plena. Nadie jamás osó decir lo que Jesús repite hoy: “quien me ha visto a mí, ha visto al Padre” (cf. ev.). No te acostumbres a oírlo, hermana y amigo, porque es realmente sorprendente, lo original cristiano.
Por ser Vida plena, Jesús es la Verdad total. Y se ofrece como Camino y Meta: creer en Él, seguirle cada día, nos conduce al abrazo eterno con Dios, su Padre y nuestro Padre. Tomás no comprende, tampoco Felipe, y eso que eran de los amigos que tuvo cerca. Jesús siente no haber podido ampliar aún el horizonte de los suyos. A pesar de todo, insiste y propone pasos a dar, sentimientos y actitudes para asumir: que nos fiemos de Él, que estemos y nos mantengamos en su presencia, que contemplemos y proclamemos sus obras, que actuemos su amor atendiendo necesidades concretas de la comunidad (cf.1ª lect.).
Por Jesús sabemos que el camino para ir a Dios pasa por el hermano, el prójimo, el necesitado. Dios se ha querido manifestar plenamente dándosenos en su propio Hijo Jesús. Y por Él podemos gustar la entrañable misericordia de nuestro Dios (cf. salmo resp.) y la más profunda verdad de nosotros mismos. En Él se nos revela el pleno sentido de nuestra vida y de nuestra muerte, de los trabajos y alegrías, de las nobles esperanzas y del mejor destino.
Por ello, como Buen Pastor, Jesús Resucitado nos lleva en buena dirección y nos pide decir siempre “no” al poder que esclaviza, a la violencia que destruye, al placer que embota, al consumismo hiriente y abusivo, a la autosuficiencia del orgullo, a la mentira, a la calumnia, a toda injusticia, a la dictadura de cualquier relativismo.
Con la luz del Evangelio de Jesús y en la fortaleza de su santo Espíritu, podremos decir “sí” a todos los recursos humanos servidores de la dignidad de personas y pueblos, “sí” a cuanto contribuye a edificar la nueva humanidad; “sí” a todo lo que ayude a la realización de una casa común más habitable. Todo tiene que hacerse en verdad y libertad, con justicia y solidaridad, con sencillez, alegría y amor. Y la casa común brillará, adornada con la paz de Dios, para bien de todos. Sí, créetelo y juega “tus bazas”: con el ejemplo de Jesús y con la audacia de su santo Espíritu, podemos vivir como comunidad cristiana edificada sobre Roca (cf. 2ª lect.). Será la Iglesia que construye, afectiva y efectivamente, el Reino de Dios, la civilización del amor. Para que todos tengan vida, vida abundante.
Estos últimos domingos hemos ido viendo a la Iglesia en las Escrituras santas como fruto precioso de la Pascua del Señor. Por eso, nuestra comunidad de fe tiene que sentirse de nuevo llamada a proclamar las hazañas del que nos hizo salir de la tiniebla y entrar en su luz maravillosa (cf. 2ª lect.). Sólo si nos dejamos penetrar y guiar por Jesús Resucitado, mostraremos al mundo el verdadero rostro del Dios Vivo, Creador y Padre misericordioso, que a todos quiere salvar. Si creemos de verdad en Jesucristo, si permanecemos fieles a su amor, si crecemos en Él, cumpliremos su mandato, nos amaremos como Él nos amó.
Es cierto que el misterio de la persona y mensaje de Jesús sólo se ve bien a la luz de su resurrección. Con ella, el Padre ha confirmado que el camino de Jesús es el que realmente salva, el único liberador. Hoy, peregrinos de la fe, nuestra esperanza de una más perfecta comunión ha de concretarse en perdón mutuo, en la solidaria acogida, en servicios fraternos, en cantos de gratitud y alabanza, en oración filial y confiada entrega, en testimonios vivos de evangelización (cf. 1ª lect.), en el hecho de compartir gozosamente la hermosa dignidad y libertad de los hijos de Dios y el regalo de la herencia eterna.
Sólo Jesucristo es el Camino, la Verdad y la Vida. Nos pide Jesús: “Creed en Dios y creed también en Mí”. Sí, hermanas y amigos, penetrados del gozo de la Pascua, reavivemos la fe apostólica. La Eucaristía es presencia del Señor entre nosotros, su triunfo sobre el pecado y la muerte; también, alimento para vivir y prenda de gloria esperada. Demos gracias al Señor porque hizo maravillas (cf. 1ª lect.), las sigue haciendo y las hará todavía mayores.





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