viernes, 30 de octubre de 2009

Monseñor Romero y tú

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Pincha en el enlace para poder leer la carta a Ellacuría de Jon Sobrino desde el Salvador.

jueves, 29 de octubre de 2009

Se busca Papa negro

Por Con No hay comentarios:
África se perfila como nuevo vivero del catolicismo. Los obispos de la región asumen el discurso antiglobalización y una renovada Teología de la Liberación.

Muchos recuerdan en Roma que el día que Karol Wojtyla fue elegido Papa, en 1978, Carlo Cremona, un cura que comentaba el cónclave en la radio, exclamó en directo: "¡Han nombrado a un Papa negro!". Casi 20 años después, la canción Sarà vero, vogliamo un Papa Nero (Será verdad, queremos un Papa negro), fue un éxito en el Festival de San Remo y la canción más oída de 1997.
El encuentro ha recogido el grito de rebelión de las mujeres.
El catolicismo en el continente ha aumentado un 700% en 10 años.
¿Pero acaso está listo el catolicismo para hacer lo que ha hecho Estados Unidos eligiendo a Barack Obama presidente de la nación? ¿Tendrá el Vaticano alguna vez un jefe negro o, como diría Berlusconi, bronceado?
La idea puede sonar descabellada, pero Filipo Di Giacomo, ex misionero en Congo durante 12 años, recuerda que sería sólo un retorno a los orígenes, "ya que en la serie de los primeros 10 sucesores de San Pedro, cuatro eran africanos o, mejor dicho, afer, es decir, negro de piel".
En las tres últimas semanas, el sínodo africano ha reunido en Roma a 247 obispos y 14 cardenales del continente hambriento. La asamblea, que se cerró el pasado viernes, ha reflexionado sobre los problemas africanos y ha abordado el futuro de una forma crítica.
Sobre el desarrollo, y sus vertientes paz y justicia, los obispos han lanzado duras críticas contra la política financiera y han hecho suyas ideas de los foros antiglobalización. El documento final achaca "guerras y conflictos, crisis y caos" a las "decisiones y acciones de personas que no tienen ninguna consideración por el bien común y, a menudo, a la complicidad trágica y criminal entre responsables locales e intereses extranjeros".
Los obispos han denunciado el saqueo de riquezas naturales por parte de las multinacionales que recurren a la corrupción de las élites políticas locales. "Lo que hacen BP, Shell o Mobil en el delta del Níger no puedo imaginar que lo hagan en el Mar del Norte o en Tejas", dijo John Olorunfemi Onaiyekan, arzobispo de Abuja (Nigeria).
El sínodo reclama un modelo de comportamiento ético a las empresas que operan en África, critica la falta de formación de las clases dirigentes locales africanas y clama contra la Organización Mundial del Comercio, que "sofoca el desarrollo de las agriculturas y las industrias locales impidiendo el autoabastecimiento".
"Al contrario que en el sínodo de 1994, esta vez África se ha contado a sí misma desde dentro", explica Filippo di Giacomo. "Lo que es indignante es que una reunión abierta con un documento que parece escrito por Gramsci y que toca todos los temas que la izquierda invoca en campaña electoral haya sido ignorada por un idiota prejuicio anticlerical. El sínodo ha sido una asamblea del Tercer Mundo como las de Bandung [Indonesia] y Medellín [Colombia] en los años cincuenta y setenta, pero la izquierda, otra vez, ha mirado hacia otro sitio".
Además, en Roma se ha oído el grito de rebelión de las mujeres africanas. El cardenal Turckson, de Cabo Costa (Ghana), reputado sociólogo, dijo que es necesario "evangelizar la cultura tradicional para liberarla de la poligamia, la violencia doméstica, las discriminaciones en las herencias, los matrimonios forzosos...".
Felicia Harry, superiora de la Congregación de las Misioneras de Notre Dame des Apôtres, ha reivindicado que "las monjas no deben servir sólo para enseñar el catecismo, decorar las Iglesias, lavar o remendar los hábitos, sino que deben formar parte de los consejos parroquiales y diocesanos".
La coexistencia con el Islam es otro tema crucial. El sínodo ensalza la cohabitación de países como Nigeria, Ghana o Camerún, alejada del modelo violento que rige en lugares como Sudán, donde ha habido seis crucificados en las últimas semanas.
Los obispos han pedido al Vaticano que adapte las liturgias del continente al rito clásico latino (medida aprobada ya en Congo por el cardenal Ratzinger en 1987). Y han recordado que la disciplina canónica en ambientes de hambre, enfermedad, pobreza y promiscuidad, "debe servir como alternativa social inspirada en las categorías culturales del pueblo y no de las jerarquías".
Además, defienden la versión africana de la Teología de la Liberación, elaborada, entre otros, por dos cameruneses: el teólogo jesuita asesinado Engelbert Mweng, y su discípulo Jean Marc Ela, recientemente fallecido en Canadá. "Nuestras diócesis deben ser modelos de buen gobierno, de transparencia y de buena gestión financiera", dicen las conclusiones. "Tenemos que seguir haciendo lo posible por combatir la pobreza, gran obstáculo a la paz y a la reconciliación. Las sugerencias en este ámbito para crear programas micro-financieros merecen una atención particular".
En la última década, el catolicismo africano ha aumentado sus fieles en un 700%, según el Vaticano, y hoy el 30% de las parroquias italianas tienen párrocos extracomunitarios, en su mayoría subsaharianos. Dentro de 10 años, África será uno de los grandes viveros del catolicismo, y con un 25% de bautizados superará el 20% que habrá en Occidente. "Ese peso se reflejará sin duda en la composición del cónclave", subraya Di Giacomo.
En Roma se esperaba desde hace tiempo que el Papa llamara a algún cardenal africano a trabajar en la Curia. Finalmente el elegido fue uno de los considerados papables, Kodwo Appiah Turkson, de Ghana, que había sido el relator del Sínodo y concelebró la misa con Benedicto XVI. Fue designado para presidir la Comisión de Justicia y Paz, algo así como un ministerio vaticano.

Artículo de EL PAÍS
MIGUEL MORA.
Roma 27/10/2009

¿Qué revela de nosotros la crisis que estamos padeciendo?

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Los periodos de crisis constituyen una especie de "prueba del algodón" con respecto a nuestra autenticidad, y fácilmente "nos ponen al desnudo".

Por eso puede ser bueno que, cuando el paso del tiempo ha permitido captar las principales causas de la crisis, nos preguntemos como creyentes qué revela este acontecimiento del mundo en el que vivimos y de nuestra participación en su dinámica.
Pincha sobre este enlace para poder leer el documento completo de Pedro José Gómez Serrano, profesor de Economía Mundial en la Universidad Complutense de Madrid.

martes, 20 de octubre de 2009

Del miedo a la libertad

Por Con No hay comentarios:
No sabían qué hacer. Era una de esas situaciones donde el miedo parece que te congela hasta los huesos. Decidieron encerrarse en un casa a cal y canto.
Durante tres años habían seguido a un “maestro religioso” que había despertado en ellos grandes esperanzas. Pero la situación había cambiado de forma radical.
El “maestro” había sido ejecutado de forma cruel bajo la acusación de ser un blasfemo. Para colmo resonaban en su memoria las palabras del maestro: “recordad que al discípulo no le espera mejor suerte que al maestro”. Por lógica se temían correr la misma suerte. Posiblemente enviaban a las mujeres del grupo cada día a comprar los alimentos necesarios para cada día. El miedo los tenía atenazados. Había que ser precavidos. Algunos decían que lo habían visto vivo. Pero afirmar eso en público habría sido acelerar su condena a muerte. Mejor callar, esconderse y esperar que lo que había pasado fuera cayendo en el olvido. Pero un buen día, experimentaron en su interior algo que no esperaban y que el Nuevo Testamento define con la palabra “parresía”. La “parresía” es un don de Espíritu que implica: franqueza que proviene de la libertad interior, lealtad que nace del amor a la verdad y valentía que nace de la confianza en el Señor, en su presencia, en su apoyo y no tanto en nuestras propias fuerzas. Ésa fue la experiencia de los apóstoles el día de Pentecostés. Abrieron puertas y ventanas. Comenzaron a predicar que el maestro, Jesús, no había terminado en la muerte, estaba vivo. No sólo estaba vivo, era la encarnación de lo que todo hombre y mujer está llamado a ser para alcanzar su plenitud.Ahí nació la misión. Y todos los expertos dicen que ese día de Pentecostés nació la Iglesia. Es decir, la Iglesia nace de la misión y para la misión.Nace gracias a la “parresía”. Es decir, gracias a la franqueza de la libertad, la lealtad al amor a la verdad y la valentía de la confianza. A veces nos engañamos. Decimos que la Iglesia es misionera porque envía a algunos de sus miembros a anunciar en Evangelio en tierras remotas. Eso es parte de la misión, pero no necesariamente hace la Iglesia misionera. Como comunidad eclesial hemos perdido con frecuencia la franqueza de la libertad, el amor leal a la verdad y la valentía de la confianza. Más de una vez hemos retrocedido al miedo de los inicios tomando posturas que tienden más a defender la integridad de la institución que el anuncio del Reino. A nuestra Iglesia le falta una buena dosis de aquella “parresía” que movió a los primeros evangelizadores y misioneros. Tradicionalmente el mes de octubre es el mes de “las misiones”. No basta acordarnos y dar una mano a aquellos que trabajan en las fronteras de la Iglesia. Las fronteras de la Iglesia ya no son fronteras geográficas, son fronteras culturales, religiosas, raciales… que están en nuestras ciudades, en nuestros barrios, nuestras escuelas, nuestros lugares de trabajo. Como en Pentecostés, la misión está al otro lado de nuestra puerta y de nuestra ventana. ¿Las mantendremos cerradas al que consideramos extraño?La misión hoy, en un mundo global, supone que abramos puertas y ventanas para encontrarnos como hermanos con el que es diferente. Necesitamos el don de la “parresía” para pasar del miedo a la libertad.
Bernardo Baldeón
EDITORIAL DE ANTENA MISIONERA
Publicado el 01 de octubre 2009

lunes, 19 de octubre de 2009

Hans Küng contra Benedicto XVI: el Papa "está conduciendo a la Iglesia a la Edad Media"

Por Con 1 comentario:
Dice que sin él “muchos habrían abandonado la Iglesia”.
Nueva andanada contra Benedicto XVI del teólogo reformista de Tubinga. A sus 81 años, Hans Küng asegura que “el Papa Ratzinger está conduciendo a la Iglesia a la Edad Media” y le pronostica un “gran fiasco”. Entre otras cosas, porque, a su juicio, las afirmaciones del Papa sobre cuestiones de fe son “estrafalariamente ingenuas, a veces premodernas y populistas, fruto de su fe bávara”.
En una entrevista al semanario Stern, Küng ve en la actual política vaticana “un intento de hacer regresar a la Iglesia al Medioevo, con el resultado de que se está vaciando. No se puede volver a los viejos tiempos”.
El teólogo progresista, que se autoproclama “portavoz de la leal oposición a Su Santidad”, asegura que la Iglesia actual está dividida en “baja y alta”. El Papa representaría a la alta y él, a la baja.
En cualquier caso, a Küng no le gusta que lo califiquen de “teólogo rebelde”. “Sin mí -sostiene- muchos habrían abandonado la Iglesia. Son los mismos que me dicen que, mientras yo resista, ellos también”.
En la entrevista, Küng reivindica el derecho de toda persona a decidir sobre su propia muerte. “No me gustaría fallar en ese preciso momento. Y ése momento depende de mi única responsabilidad, no de la de la Iglesia, del Papa, del cura, del médico o del juez”.
El teólogo dice que aguarda con serenidad la muerte y se muestra “curioso de ver qué pasará en el mas allá. Porque no creo en esas simplificadoras representaciones del cielo, como la que representa a la gente sentada en sedes doradas cantando aleluyas”.
Küng dice que no cree en la resurrección de la carne, aunque le gustaría mucho poder encontrarse en el cielo con algunas personas, “especialmente con Mozart e, incluso, con Willy Brandt”.

Pedro Casaldáliga, Teólogo de la Liberación: “Pueden quitárnoslo todo menos la fiel esperanza”

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A sus 81 años, el obispo emérito de la diócesis de São Felix do Araguaia es uno de los más destacados representantes de la Teología de la Liberación y se ha convertido en un referente para la izquierda latinoamericana. Desde que hace cuatro décadas llegó a Brasil para quedarse, su trabajo en defensa de los derechos de los pueblos indígenas y de los grupos sociales más oprimidos, así como su apoyo a los movimientos brasileños de campesinos sin tierra y a la revolución sandinista en Nicaragua en los años ochenta, hacen que Pedro Casaldáliga sea parte fundamental de la memoria viva de la lucha por la dignidad y por la liberación de los pueblos en América Latina.
A mediados del pasado mes de agosto, Pedro Casaldáliga recibía a un grupo de activistas sociales del Estado español en su humilde casa de São Felix, en el estado brasileño de Mato Grosso, para reflexionar que “la mundialización nos ha dado la oportunidad de reconocer que somos una sola humanidad. Somos todos iguales, debemos serlo, en dignidad y en oportunidades”.
Así se daba inicio a una conversación en la que se trató desde la situación política de Brasil hasta las perspectivas actuales de la Teología de la Liberación, pasando por el modelo de consumo o los retos de la izquierda latinoamericana.
Desde la perspectiva que da el llevar ejerciendo muchos años el compromiso con las personas más desfavorecidas del planeta, ¿qué significado tiene para ti hoy la solidaridad?
Ana Pérez
La pregunta que se hace desde el Primer Mundo es ¿qué podemos hacer nosotros? Pues renunciar, por fin, que ya es mucho pedir, al privilegio de ser Primer Mundo. Renunciar a esta condición excepcional de una mínima parte de la Humanidad, si la comparamos con la inmensa mayoría de todo el Tercer Mundo. Estamos intentando subrayar siempre que la solidaridad ha dejado de ser aquella solidaridad paternalista, de enviar la ropa, los medicamentos, ciertos recursos…
Ha de ser una solidaridad que va y que viene, mucho más concreta y mucho más exigente: damos y recibimos, para que también la propia solidaridad, además de alimentar personas y curar enfermedades, facilite y estimule la vivencia de la propia cultura. Porque nosotros ayudamos a personas que tienen una cultura, que no son simplemente un estómago y unas venas, sino que son pueblos. Por eso, hemos de procurar que la solidaridad sea constante, consciente, autocrítica, local y global: de ida y de vuelta.
Cuando te viste con Fidel Castro hace veinte años, él afirmó que “la Teología de la Liberación ayuda a la transformación de América Latina mucho más que millones de libros sobre el marxismo”. ¿En que se basa actualmente la Teología de la Liberación?
A día de hoy, hay diferentes teologías de la liberación. Lo que se ha hecho es incorporar más explícitamente temas, sectores de la sociedad, de la vida, que antes no eran tan considerados. Han ido surgiendo las cuestiones asociadas a los indígenas, las mujeres, la ecología, los niños de la calle… Ahora, se trata de una teología enriquecida por las reivindicaciones de esos grupos emergentes y, por eso, la Teología de la Liberación ya es muy plural en sus objetivos, siempre dentro de la reivindicación de la liberación.
Cuando pedimos liberación para el pueblo negro, pedimos que pueda sentirse con orgullo negro, y que no le sea privada la cátedra, la función publica, el gobierno, que no haya la segregación que todavía hay. Yes que cuando yo vine a América Latina, hace 41 años, los negros, en su inmensa mayoría, no se reconocían como tales.
Incluso, se estiraban el pelo para que no pareciera cabello de negro. Ahora están recuperando su orgullo, su identidad. Algo parecido ha ocurrido con la población indígena. Cuando llegué a Brasil se decía que había 150.000 indios, mientras hoy hay un millón. En esta región, por ejemplo, los indígenas tapirapé reconquistaron su territorio, los karajá han reconquistado asimismo una parte de sus territorios, los xavante también… y todo eso tiene espíritu de Teología de la Liberación.
Una de las críticas que se le hace a la Teología de la Liberación por parte de los conservadores es que se trata de una teología muy materialista, que se preocupa mucho de intereses materiales, de necesidades físicas y olvida el espíritu, la oración. Ante eso, yo reivindicaría tres o cuatro trazos que serían indispensables en la Iglesia de Cristo: el primero, la opción por los pobres; el segundo, conjugar fe y vida; el tercero, la Biblia en manos del pueblo; cuarto, la solidaridad auténticamente fraterna.
¿Qué ha permitido que cuajase en América Latina?
Ana Pérez
En América Latina, la Teología de la Liberación se desarrolló en un momento muy oportuno: acababa de acontecer el Concilio Vaticano II, en el año 1968 cuando yo llegué aquí- corrían vientos de cambio, tenían lugar las dictaduras militares, con lo que el contexto fue propicio para plantar pie y echarse a la liberación. Además, en América Latina hay una cierta unidad de continente. Es el único continente que puede llamarse la patria grande: Nuestra América, como decían los libertadores. Eso facilitó que surgiese una teología característicamente latinoamericana.
Recuerdo siempre cómo las persecuciones, los exilios, las torturas, los mártires, conjugaron mejor toda la realidad latinoamericana. Aquí en Brasil a veces se sentía que estábamos un poco distantes de la América Latina hispanoparlante: un país demasiado grande, con otro idioma… Pero después de todas esas dictaduras militares, donde se mezclaron los cantos y se mezcló la sangre, América Latina es más ella, y es ella y el Caribe. Eso sí, yo prefiero la expresión Nuestra América, porque los libertadores usaban más esa denominación: Bolívar, Martí, Sandino, Fidel…
En la Agenda Latinoamericana que elaboráis cada año, que sirve de base de trabajo a muchos activistas del continente, en 2009 habéis puesto como título “Hacia un socialismo nuevo”. ¿Qué quiere decir esto del socialismo nuevo?
¿Quién lo sabe? (risas) Se podría decir también izquierda, o socialismo, pero en cualquier caso hay unas cuantas exigencias indispensables: primero, no se puede tener como objetivo el lucro; segundo, ha de haber una cierta igualdad, unos niveles bastantes igualitarios, por ejemplo, en los salarios de un ministro y de un campesino; se ha de reivindicar un intercambio de países de igual a igual y, finalmente, no se puede aceptar que el capital se haga el dueño del trabajo, de la economía y de la propia democracia.
Como estamos viendo con el caso de Honduras, ¿pueden volver los tiempos de los golpes de Estado a América Latina?
Quién sabe. Al menos, en Nicaragua y El Salvador, ya no podrá haber nunca lo que hubo: habrá injusticias, habrá situaciones complicadas, pero una revolución bastante popular no se pierde por completo.
Eso sí, el hecho de que un país pueda ser masacrado constantemente y no haya nadie que pueda intervenir en eso, da prueba de que la Humanidad está mal. El socialismo no puede aceptar la idea del colonialismo, del imperialismo. En este sentido, debemos gratitud a Cuba, porque, con todos sus pecados y sus excesos, el hecho de contestar tercamente al imperio es un gran servicio para América Latina y para el mundo. En ese sentido, una política mundializada podría suponer una oportunidad global.
Has venido haciendo también mucho hincapié en el problema del consumismo.
Hasta ahora el consumismo ha sido visto como un exceso de vanidades, que si hay que tener cuarenta pares de zapatos, dos televisiones, etc. Pero esto es mucho más serio: se consumen derechos, se consumen necesidades.
Si hay un 20 por ciento de personas y familias que están en la situación de estar bien, que viven en la civilización del bienestar, hay un 80 por ciento que no tiene lo fundamental. El consumismo es capitalista, y todo lo malo que tiene el capitalismo lo tiene el consumismo.
Si comparas lo que pasa cuando hay un terremoto en Japón y cuando sucede en Honduras, ves que en un sitio mueren tres personas y en el otro, dos mil. Los países del Primer Mundo se permiten ir haciendo, y detrás de nosotros, dicen, el diluvio. Porque lo primero que se mira no es el mundo, es la propia casa.
Para la agenda del año que viene, proponéis como lema “Salvémonos con el planeta”.
Dentro de esta visión de globalidad, descubrí por fin que el planeta es nuestra única casa. Yno hay modo de salvarnos nosotros si no salvamos el planeta. Mejor aún: es bueno recordar que podemos acabar los hombres completamente y el planeta seguirá. Hasta por egoísmo, diríamos, ahora nosotros sólo nos salvamos si es con el planeta.
Se ha creado una conciencia que antes no existía: la Amazonia ha sido prácticamente descubierta, por decirlo así, en los últimos tiempos. Para la Iglesia, no existía la Amazonia. Hubo actitudes de algunos “avanzados”, más bien con ideas bucólicas que políticas, que eran definidos como unos quijotes simpáticos pero no pasaban de ahí. Últimamente, con la globalización, diversos técnicos y científicos recuerdan que la cosa va en serio. Y se ha llegado a una postura más política.
Frente a todo ello, ¿qué se puede hacer?
Ha de ser un gran proceso de conversión, un cambio de mentalidad. Mientras que creamos que podemos tener todo lo que queramos, no hay solución. Precisamente porque la situación es global, ha de llegar a todas las bases la propuesta de dar una conciencia crítica sobre la situación real. Cada familia tiene el derecho y el deber de poner un cierto tope: si por un lado el padre está en una ONG de solidaridad y por otro lado el hijo está consumiendo a mansalva, con esa conducta estamos desmoralizando lo que estamos construyendo.
Es bueno que salgan tantas noticias en boletines alternativos, para que nos demos cuenta de lo que está pasando. Como dicen muchos especialistas, no va a haber problemas: ya los hay y llegamos tarde, había que resolver las cosas anteayer. Otros, más esperanzados, dicen que todavía hay tiempo, que aún se pueden resolver los problemas. Sólo que para eso se necesitan políticas oficiales. Es un gesto que una familia tenga un coche en vez de tener tres, pero no resuelve el problema del petróleo.
¿Dónde queda entonces la política?
Solo se puede resolver el problema si hay, de forma simultánea, políticas oficiales y políticas domésticas, grupales, de partidos, asociaciones, ONG. Como se está diciendo mucho ahora, hay que trabajar localmente y globalmente.
Hay que dar más valor a la política. Hay que meterse en política, hay que asumir la vocación política. Si no, nos quedamos en cantar canciones de protesta. La política ha sido desmoralizada, ha ido quedando en manos de gente sin conciencia social ni responsabilidad. Tanto los partidos como los sindicatos han supuesto muchas decepciones, pero continúan siendo válidos, aunque ya no son tan hegemónicos porque también hay muchos movimientos sociales y ONG que son muy valiosos.
Las mejores ONG son las muy politizadas: cuidan de ayudar estimulando, ayudar propiciando la acción y la formación. Se debería pedir que las ONG hicieran un examen de conciencia política. Porque están ayudando, sí, pero ¿y estructuralmente? La Iglesia católica siempre ha hecho caridad, pero si no nos metemos con las estructuras, continuaremos con unas que son nefastas.
A un año de las elecciones generales en Brasil, ¿cuál es tu valoración del del Gobierno de Lula?
Lula, aunque quisiera, no podría hacer un Brasil socialista. Ahora bien, él podría propiciar muchos gestos que fueran hacia el socialismo: rebajar los salarios de los más ricos y subir el de los más desfavorecidos; facilitar oportunidades a los grupos humanos que no las tenían; poner el trabajo por encima del capital; no entregarse en cuerpo y alma al agronegocio, sino a la agricultura familiar.
¿Se puede exportar? Claro que sí, pero no dando prioridad a lo que no es prioritario. Su lema del mandato ha sido: que todos los brasileños coman una vez por día. Eso es un paso de proto- socialimo, qué menos que eso, ¿no? Pero, así con todo, hay millones que no comen cada día. Y qué jefe de Estado ha tenido la popularidad del 80 por ciento que ahora tiene Lula.
¿Cómo valoras el papel de los movimientos antiglobalización, los encuentros del Foro Social Mundial y las organizaciones que defienden que “otro mundo es posible”?
Esa conciencia mundializada nos ayuda a comprender que debemos transformar el mundo. No vale con cuidar solo la propia casa y el propio país. La utopía se hace así más posible, porque ya es una utopía con visión política, de solidaridad, con actitudes concretas.
Años atrás, ¿quién podría pedir un gobierno mundial? Hoy, hablar de ello ya no es tan utópico. La utopía es hija de la esperanza. Yla esperanza es el ADN de la raza humana. Pueden quitárnoslo todo menos la fiel esperanza, como digo en un poema. Ahora bien, ha de ser una esperanza creíble, activa, justificable y que actúa.
Por eso la Teología de la Liberación ha insistido tanto en la praxis: si decimos que Dios es amor hay que practicarlo; si es vida, hay que potenciar la vida. La religión no es praxis, nos decían, es fe. Pero la fe sin praxis es una quimera, y también un sarcasmo. Teóricamente, la cosa está clara; ahora, en la práctica, vamos a ver…
Pedro Ramiro es investigador del Observatorio de Multinacionales en América Latina (OMAL) - Paz con Dignidad; María González Reyes y Luis González Reyes son miembros de Ecologistas en Acción. Esta entrevista ha sido publicada en el nº 39 de la Revista Pueblos, septiembre de 2009.
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