lunes, 8 de marzo de 2010
domingo, 7 de marzo de 2010
Las mujeres en la BIblia
Panorama de la historia de las mujeres en la Biblia.
MATRIARCAS
Panorama de La Historia de Las Mujeres
Panorama de La Historia de Las Mujeres
MATRIARCAS
Panorama de La Historia de Las Mujeres
Panorama de La Historia de Las Mujeres
Día internacional de la mujer
De la Comisión de Justicia, Paz e Integridad de la Creación Secretaría USG/UISG
Queridos hermanos y hermanas en Cristo;
El 8 de marzo 2010 es el Día Internacional de la Mujer
Ofrecemos una oración para ese día…
El 8 de marzo es un día importante de celebración para nuestra comunidad mundial. En este día celebramos cada año la fortaleza y el potencial de todas las mujeres.
El Día Internacional de la Mujer es una ocasión para que las comunidades en todos los continentes, a menudo separadas por diferencias culturales, económicas y políticas se reúnan para celebrar el papel y la contribución fundamental de las mujeres en nuestro mundo.
Hoy recordamos a todas las madres, hermanas e hijas. Testimoniamos, el rol esencial de todas las mujeres del mundo entero. Recordamos también a las mujeres que pueden sentirse no queridas y cuidadas, a las que se hallan en peligro, y a todas aquellas que arriesgan sus vidas o que sufren abusos de cualquier tipo.
Como hermanas y hermanos en Cristo, recordamos que la explotación de las personas vulnerables en nuestro mundo continúa. Hombres y mujeres son objeto del tráfico de seres humanos en muchas partea del mundo y experimentan, independientemente del sexo o la geografía, sufrimientos a nivel individual, familiar y comunitario. Dirijamos nuestro corazón a todas nuestras hermanas y hermanos que sufren la miseria y la humillación causadas por otros seres humanos a causa de esta forma de explotación.
Los invitamos a compartir la oración adjunta para este día. Ha sido desarrollada por los miembros de la Comisión de Justicia Paz e Integridad de la Creación en Roma, enfocando en el tráfico de personas.
La intención es celebrar el Día Internacional de la Mujer, conscientes de la necesidad de un cambio continuo en este mundo. Animamos a todos los religiosos consagrados del mundo entero a unirse en oración con nuestros hermanos y hermanas, amigos y colaboradores en todas partes. La adaptación y uso de esta oración en cualquier ámbito de los ministerios es bienvenida.
Recomendamos que junto con la oración para el Día Internacional de la Mujer se realicen actividades o acciones concretas, esto podría incluir la tarea de buscar maneras de celebrar a las mujeres y tomar conciencia del sufrimiento continuo y la necesidad de cambio.
Por favor, descarguen la oración y distribúyanla lo más ampliamente posible.
Gracias,
Unidos en Cristo, Secretaría de la Comisión de JUPIC USG / UISG
OracionDia Int. de La Mujer Espanol
Queridos hermanos y hermanas en Cristo;
El 8 de marzo 2010 es el Día Internacional de la Mujer
Ofrecemos una oración para ese día…
El 8 de marzo es un día importante de celebración para nuestra comunidad mundial. En este día celebramos cada año la fortaleza y el potencial de todas las mujeres.
El Día Internacional de la Mujer es una ocasión para que las comunidades en todos los continentes, a menudo separadas por diferencias culturales, económicas y políticas se reúnan para celebrar el papel y la contribución fundamental de las mujeres en nuestro mundo.
Hoy recordamos a todas las madres, hermanas e hijas. Testimoniamos, el rol esencial de todas las mujeres del mundo entero. Recordamos también a las mujeres que pueden sentirse no queridas y cuidadas, a las que se hallan en peligro, y a todas aquellas que arriesgan sus vidas o que sufren abusos de cualquier tipo.
Como hermanas y hermanos en Cristo, recordamos que la explotación de las personas vulnerables en nuestro mundo continúa. Hombres y mujeres son objeto del tráfico de seres humanos en muchas partea del mundo y experimentan, independientemente del sexo o la geografía, sufrimientos a nivel individual, familiar y comunitario. Dirijamos nuestro corazón a todas nuestras hermanas y hermanos que sufren la miseria y la humillación causadas por otros seres humanos a causa de esta forma de explotación.
Los invitamos a compartir la oración adjunta para este día. Ha sido desarrollada por los miembros de la Comisión de Justicia Paz e Integridad de la Creación en Roma, enfocando en el tráfico de personas.
La intención es celebrar el Día Internacional de la Mujer, conscientes de la necesidad de un cambio continuo en este mundo. Animamos a todos los religiosos consagrados del mundo entero a unirse en oración con nuestros hermanos y hermanas, amigos y colaboradores en todas partes. La adaptación y uso de esta oración en cualquier ámbito de los ministerios es bienvenida.
Recomendamos que junto con la oración para el Día Internacional de la Mujer se realicen actividades o acciones concretas, esto podría incluir la tarea de buscar maneras de celebrar a las mujeres y tomar conciencia del sufrimiento continuo y la necesidad de cambio.
Por favor, descarguen la oración y distribúyanla lo más ampliamente posible.
Gracias,
Unidos en Cristo, Secretaría de la Comisión de JUPIC USG / UISG
OracionDia Int. de La Mujer Espanol
Dios es negra y sin papeles
HELENA MALENO GARZÓN, colectivo Caminando Fronteras
TANGER (MARRUECOS).
Imagina que diste a luz el domingo pasado en un hospital público marroquí. Un niño precioso.
Imagina que te dieron el alta al día siguiente, lunes.
Imagina que volviste a casa, cansada, sangrando del post-parto, con dolores aún en un útero que lucha por volver a su sitio.
Imagina que en casa te está esperando tu niña de dos años y dos meses y tu pareja.
Imagina que esta mañana mientras bañabas al bebé comenzaste a ver que le costaba respirar.
Imagina que corriste al hospital público marroquí.
Imagina que te dijeron que no podían atenderte.
Imagina que fuiste dos veces.
Imagina que la tercera vez tu bebé dejó de respirar casi en la puerta del hospital.
Imagina que pediste auxilio por tu bebé muerto.
Imagina que se lo llevaron a la morgue del hospital.
Imagina que a ti, a tu niña de dos años y dos meses y a tu pareja os llevaron a comisaría.
Ahora imagínate retorciéndote de dolor en las entrañas, el dolor agrio de la muerte de tu hijo, el dolor de un útero que te recuerda recién parida, el dolor de una leche que sube a tus senos duros como piedras. Pero imagínate NEGRA, imagínate AFRICANA, imagínate POBRE, imagínate SIN PAPELES.
Estás sentada, doblada sobre tu vientre en aquel sucio despacho de policías que van y vienen y te hablan en una lengua que no entiendes. Allí te miro e intento traducirte las preguntas que me parecen estúpidas, crueles e inhumanas.
Quieren saber qué hacéis en su reino, cómo habéis entrado y cuánto tiempo lleváis aquí. Quieren saber cómo os llamáis, cómo se llaman vuestros padres y porqué habéis venido.
Tu pareja grita y pide piedad. Sabe que todas las preguntas van dirigidas a justificar una deportación al desierto. Tu pareja grita y te tranquiliza llamándote “honey”.
Tu niña sonríe, juega con su gorro y canta “haleluya”.
La policía busca un intérprete de árabe a inglés para hacer el parte y llevaros a Tribunal.
Me dices que si te deportan al desierto y allí te violan no crees que aguantarás el dolor, que aún estás recién parida.
Un policía se me acerca y me pregunta: ¿Por qué hacéis esto? ¿Por placer? Este amable policía llama “esto” a acompañar a unos padres sumidos en el dolor, a comprar algo de comida para una niña que lleva todo el día sin probar bocado y a intentar traer un poco de humanidad o al menos de buen trato a esa puñetera comisaría.
Entonces le miro, me horroriza su frialdad, y le contesto, lo hacemos por amor. Veo en él a esos seres que comen, cagan y hacen de policía para poder seguir comiendo y cagando. Siento lástima.
Detienen a tu pareja en comisaría y me dicen que como caso humanitario te dejan dormir en casa. Mañana tienes que pasar el Tribunal junto a tu marido.
Te hundes. Es la primera vez que te veo enderezar ese vientre que te duele. Gritas y lloras hasta que un policía te manda callar.
No lo soporto, me puede la escena y le pido por favor que entienda que tu hijo ha muerto hoy, que estás recién parida, que te duelen las entrañas.
Me responde con desprecio que en este reino hay unas leyes, que aquí se hace lo que dice el procurador del rey y que tú eres una NEGRA CLANDESTINA.
Mañana iremos al Tribunal, mañana un hombre de este reino decidirá si te tiran a ti y a tu niña al desierto de madrugada. A partir de ahí la suerte decidirá si serás violada, si tu hija será raptada o por qué no violada también.
Imagínate que todo eso te ha pasado hoy.
Imagínate que a todas nos duelen sus entrañas.
Imagínate que a todas nos duelen nuestras entrañas».
Fr. Santiago Agrelo Martínez (Arzobispo de Tánger)
ECLESALIA, 23/02/10
TANGER (MARRUECOS).
Imagina que diste a luz el domingo pasado en un hospital público marroquí. Un niño precioso.
Imagina que te dieron el alta al día siguiente, lunes.
Imagina que volviste a casa, cansada, sangrando del post-parto, con dolores aún en un útero que lucha por volver a su sitio.
Imagina que en casa te está esperando tu niña de dos años y dos meses y tu pareja.
Imagina que esta mañana mientras bañabas al bebé comenzaste a ver que le costaba respirar.
Imagina que corriste al hospital público marroquí.
Imagina que te dijeron que no podían atenderte.
Imagina que fuiste dos veces.
Imagina que la tercera vez tu bebé dejó de respirar casi en la puerta del hospital.
Imagina que pediste auxilio por tu bebé muerto.
Imagina que se lo llevaron a la morgue del hospital.
Imagina que a ti, a tu niña de dos años y dos meses y a tu pareja os llevaron a comisaría.
Ahora imagínate retorciéndote de dolor en las entrañas, el dolor agrio de la muerte de tu hijo, el dolor de un útero que te recuerda recién parida, el dolor de una leche que sube a tus senos duros como piedras. Pero imagínate NEGRA, imagínate AFRICANA, imagínate POBRE, imagínate SIN PAPELES.
Estás sentada, doblada sobre tu vientre en aquel sucio despacho de policías que van y vienen y te hablan en una lengua que no entiendes. Allí te miro e intento traducirte las preguntas que me parecen estúpidas, crueles e inhumanas.
Quieren saber qué hacéis en su reino, cómo habéis entrado y cuánto tiempo lleváis aquí. Quieren saber cómo os llamáis, cómo se llaman vuestros padres y porqué habéis venido.
Tu pareja grita y pide piedad. Sabe que todas las preguntas van dirigidas a justificar una deportación al desierto. Tu pareja grita y te tranquiliza llamándote “honey”.
Tu niña sonríe, juega con su gorro y canta “haleluya”.
La policía busca un intérprete de árabe a inglés para hacer el parte y llevaros a Tribunal.
Me dices que si te deportan al desierto y allí te violan no crees que aguantarás el dolor, que aún estás recién parida.
Un policía se me acerca y me pregunta: ¿Por qué hacéis esto? ¿Por placer? Este amable policía llama “esto” a acompañar a unos padres sumidos en el dolor, a comprar algo de comida para una niña que lleva todo el día sin probar bocado y a intentar traer un poco de humanidad o al menos de buen trato a esa puñetera comisaría.
Entonces le miro, me horroriza su frialdad, y le contesto, lo hacemos por amor. Veo en él a esos seres que comen, cagan y hacen de policía para poder seguir comiendo y cagando. Siento lástima.
Detienen a tu pareja en comisaría y me dicen que como caso humanitario te dejan dormir en casa. Mañana tienes que pasar el Tribunal junto a tu marido.
Te hundes. Es la primera vez que te veo enderezar ese vientre que te duele. Gritas y lloras hasta que un policía te manda callar.
No lo soporto, me puede la escena y le pido por favor que entienda que tu hijo ha muerto hoy, que estás recién parida, que te duelen las entrañas.
Me responde con desprecio que en este reino hay unas leyes, que aquí se hace lo que dice el procurador del rey y que tú eres una NEGRA CLANDESTINA.
Mañana iremos al Tribunal, mañana un hombre de este reino decidirá si te tiran a ti y a tu niña al desierto de madrugada. A partir de ahí la suerte decidirá si serás violada, si tu hija será raptada o por qué no violada también.
Imagínate que todo eso te ha pasado hoy.
Imagínate que a todas nos duelen sus entrañas.
Imagínate que a todas nos duelen nuestras entrañas».
Fr. Santiago Agrelo Martínez (Arzobispo de Tánger)
ECLESALIA, 23/02/10
sábado, 6 de marzo de 2010
¿Dónde estamos nosotros?
Unos desconocidos le comunican a Jesús la noticia de la horrible matanza de unos galileos en el recinto sagrado del templo. El autor ha sido, una vez más, Pilato. Lo que más los horroriza es que la sangre de aquellos hombres se haya mezclado con la sangre de los animales que estaban ofreciendo a Dios.
No sabemos por qué acuden a Jesús. ¿Desean que se solidarice con las víctimas? ¿Quieren que les explique qué horrendo pecado han podido cometer para merecer una muerte tan ignominiosa? Y si no han pecado, ¿por qué Dios ha permitido aquella muerte sacrílega en su propio templo?
Jesús responde recordando otro acontecimiento dramático ocurrido en Jerusalén: la muerte de dieciocho personas aplastadas por la caída de un torreón de la muralla cercana a la piscina de Siloé. Pues bien, de ambos sucesos hace Jesús la misma afirmación: las víctimas no eran más pecadores que los demás. Y termina su intervención con la misma advertencia: «si no os convertís, todos pereceréis».
La respuesta de Jesús hace pensar. Antes que nada, rechaza la creencia tradicional de que las desgracias son un castigo de Dios. Jesús no piensa en un Dios "justiciero" que va castigando a sus hijos e hijas repartiendo aquí o allá enfermedades, accidentes o desgracias, como respuesta a sus pecados.
Después, cambia la perspectiva del planteamiento. No se detiene en elucubraciones teóricas sobre el origen último de las desgracias, hablando de la culpa de las víctimas o de la voluntad de Dios. Vuelve su mirada hacia los presentes y los enfrenta consigo mismos: han de escuchar en estos acontecimientos la llamada de Dios a la conversión y al cambio de vida.
Todavía vivimos estremecidos por el trágico terremoto de Haití. ¿Cómo leer esta tragedia desde la actitud de Jesús? Ciertamente, lo primero no es preguntarnos dónde está Dios, sino dónde estamos nosotros. La pregunta que puede encaminarnos hacia una conversión no es "¿por qué permite Dios esta horrible desgracia?", sino "¿cómo consentimos nosotros que tantos seres humanos vivan en la miseria, tan indefensos ante la fuerza de la naturaleza?".
Al Dios crucificado no lo encontraremos pidiéndole cuentas a una divinidad lejana, sino identificándonos con las víctimas. No lo descubriremos protestando de su indiferencia o negando su existencia, sino colaborando de mil formas por mitigar el dolor en Haití y en el mundo entero. Entonces, tal vez, intuiremos entre luces y sombras que Dios está en las víctimas, defendiendo su dignidad eterna, y en los que luchan contra el mal, alentando su combate.
José Antonio Pagola
7 de marzo de 2010
3 Cuaresma (C)
Lucas 13, 1-9
No sabemos por qué acuden a Jesús. ¿Desean que se solidarice con las víctimas? ¿Quieren que les explique qué horrendo pecado han podido cometer para merecer una muerte tan ignominiosa? Y si no han pecado, ¿por qué Dios ha permitido aquella muerte sacrílega en su propio templo?
Jesús responde recordando otro acontecimiento dramático ocurrido en Jerusalén: la muerte de dieciocho personas aplastadas por la caída de un torreón de la muralla cercana a la piscina de Siloé. Pues bien, de ambos sucesos hace Jesús la misma afirmación: las víctimas no eran más pecadores que los demás. Y termina su intervención con la misma advertencia: «si no os convertís, todos pereceréis».
La respuesta de Jesús hace pensar. Antes que nada, rechaza la creencia tradicional de que las desgracias son un castigo de Dios. Jesús no piensa en un Dios "justiciero" que va castigando a sus hijos e hijas repartiendo aquí o allá enfermedades, accidentes o desgracias, como respuesta a sus pecados.
Después, cambia la perspectiva del planteamiento. No se detiene en elucubraciones teóricas sobre el origen último de las desgracias, hablando de la culpa de las víctimas o de la voluntad de Dios. Vuelve su mirada hacia los presentes y los enfrenta consigo mismos: han de escuchar en estos acontecimientos la llamada de Dios a la conversión y al cambio de vida.
Todavía vivimos estremecidos por el trágico terremoto de Haití. ¿Cómo leer esta tragedia desde la actitud de Jesús? Ciertamente, lo primero no es preguntarnos dónde está Dios, sino dónde estamos nosotros. La pregunta que puede encaminarnos hacia una conversión no es "¿por qué permite Dios esta horrible desgracia?", sino "¿cómo consentimos nosotros que tantos seres humanos vivan en la miseria, tan indefensos ante la fuerza de la naturaleza?".
Al Dios crucificado no lo encontraremos pidiéndole cuentas a una divinidad lejana, sino identificándonos con las víctimas. No lo descubriremos protestando de su indiferencia o negando su existencia, sino colaborando de mil formas por mitigar el dolor en Haití y en el mundo entero. Entonces, tal vez, intuiremos entre luces y sombras que Dios está en las víctimas, defendiendo su dignidad eterna, y en los que luchan contra el mal, alentando su combate.
José Antonio Pagola
7 de marzo de 2010
3 Cuaresma (C)
Lucas 13, 1-9
jueves, 4 de marzo de 2010
Cuaresma Tercer Domingo
DÉJALA UN POCO MAS
No es la primera vez que vienes
y que la higuera muestra sus hojas arrogante
-verdes, grandes, ásperas, sin fruto-,
engañándote.
Sabes que ocupa terreno fértil,
que sudaste y te deslomaste cuidándola
para que diera los higos mejores,
inútilmente.
Y aunque tienes ganas de cortarla
tu corazón hortelano se resiste.
Le cavarás la tierra, le echarás abono
nuevamente...
Hablo robándote las palabras
que me dijiste al encontrarme
e invitarme a tu causa y buena nueva
urgentemente.
Déjala un poco más.
Déjanos un poco más.
Déjame un poco más, Señor,
y cuídame.
Ulibarri Fl.
Cuaresma3
No es la primera vez que vienes
y que la higuera muestra sus hojas arrogante
-verdes, grandes, ásperas, sin fruto-,
engañándote.
Sabes que ocupa terreno fértil,
que sudaste y te deslomaste cuidándola
para que diera los higos mejores,
inútilmente.
Y aunque tienes ganas de cortarla
tu corazón hortelano se resiste.
Le cavarás la tierra, le echarás abono
nuevamente...
Hablo robándote las palabras
que me dijiste al encontrarme
e invitarme a tu causa y buena nueva
urgentemente.
Déjala un poco más.
Déjanos un poco más.
Déjame un poco más, Señor,
y cuídame.
Ulibarri Fl.
Cuaresma3
lunes, 1 de marzo de 2010
Continuaré arrodillándome
Fr. Santiago Agrelo
Arzobispo de Tánger
Pues sí, “a pesar de terremotos y de hambrunas, matanzas y tsunamis”, continuaré arrodillándome ante Dios, que es como decir, continuaré acercándome a la noche de su historia con el hombre.
A tientas me acerco a la noche del mal, pues aún reconociendo en todas partes su presencia, yo no sabría identificarlo, definirlo, circunscribirlo. La experiencia me dice que muchas veces he llamado mal al bien y considerado un bien el mal.
A tientas me acerco al misterio que representa el sentido de la historia –la del mundo y la del hombre-, el sentido de la evolución, el sentido de la libertad y del amor, el sentido de la vida y de la muerte. Me pregunto si la libertad y el amor pueden ser una clave de sentido para el mundo. Me pregunto si la libertad y el amor de mi padre o de mi madre serían razón suficiente para justificar el movimiento de las placas tectónicas en este planeta y el de las estrellas en el universo.
A tientas me acerco al misterio del poder, que el examinador de Dios parece identificar con la capacidad de hacer uno lo que quiera. En mi fe, el único poder de Dios que he conocido es el que se ha manifestado en formas escandalosas de no poder. A mi Dios todopoderoso -¡todopoderoso!- lo he reconocido niño para el que no hay lugar en la posada, lo he visto huido de un tirano cualquiera, lo he visto hacer el bien por los caminos de los pobres, lo he visto peregrino en un mundo en el que nada era suyo, lo he visto crucificado como un malhechor entre malhechores. Y tan avezados tengo los ojos a verlo, que lo he visto en Haití también entre los escombros. Pues tiene mi Dios querencia por la vida de los pobres, y estaba en aquellas vidas antes del terremoto, en el terremoto y después del terremoto, como estaba en aquel otro pobre antes de la cruz, en la cruz y después de la cruz.
Delante de mi Dios pobre, en la cruz, en Haití, en todas las fronteras del dolor humano, continuaré arrodillándome, pues hay heridas que curar, lágrimas que secar, hermanos a quienes amar, y todo eso se hace mejor de rodillas.
Puede que sea muy importante preguntarse por qué anda Dios herido; pero lo más urgente pienso que es arrodillarse para vendarlo: Continuaré arrodillándome.
Arzobispo de Tánger
Pues sí, “a pesar de terremotos y de hambrunas, matanzas y tsunamis”, continuaré arrodillándome ante Dios, que es como decir, continuaré acercándome a la noche de su historia con el hombre.
A tientas me acerco a la noche del mal, pues aún reconociendo en todas partes su presencia, yo no sabría identificarlo, definirlo, circunscribirlo. La experiencia me dice que muchas veces he llamado mal al bien y considerado un bien el mal.
A tientas me acerco al misterio que representa el sentido de la historia –la del mundo y la del hombre-, el sentido de la evolución, el sentido de la libertad y del amor, el sentido de la vida y de la muerte. Me pregunto si la libertad y el amor pueden ser una clave de sentido para el mundo. Me pregunto si la libertad y el amor de mi padre o de mi madre serían razón suficiente para justificar el movimiento de las placas tectónicas en este planeta y el de las estrellas en el universo.
A tientas me acerco al misterio del poder, que el examinador de Dios parece identificar con la capacidad de hacer uno lo que quiera. En mi fe, el único poder de Dios que he conocido es el que se ha manifestado en formas escandalosas de no poder. A mi Dios todopoderoso -¡todopoderoso!- lo he reconocido niño para el que no hay lugar en la posada, lo he visto huido de un tirano cualquiera, lo he visto hacer el bien por los caminos de los pobres, lo he visto peregrino en un mundo en el que nada era suyo, lo he visto crucificado como un malhechor entre malhechores. Y tan avezados tengo los ojos a verlo, que lo he visto en Haití también entre los escombros. Pues tiene mi Dios querencia por la vida de los pobres, y estaba en aquellas vidas antes del terremoto, en el terremoto y después del terremoto, como estaba en aquel otro pobre antes de la cruz, en la cruz y después de la cruz.
Delante de mi Dios pobre, en la cruz, en Haití, en todas las fronteras del dolor humano, continuaré arrodillándome, pues hay heridas que curar, lágrimas que secar, hermanos a quienes amar, y todo eso se hace mejor de rodillas.
Puede que sea muy importante preguntarse por qué anda Dios herido; pero lo más urgente pienso que es arrodillarse para vendarlo: Continuaré arrodillándome.
