sábado, 8 de mayo de 2010

¡MIRAD CÓMO SE APEDREAN! Eclesalia

Por Con No hay comentarios:
Por JAIRO DEL AGUA, autor del libro “Meditaciones desde la calle” de ediciones Khaf, jairoagua@gmail.com MADRID.

ECLESALIA, 07/05/10.- ¿Existen católicos "no cristianos"? Pues parece que sí, puesto que existen católicos de faca al cinto que arremeten contra todo lo que se mueve. Los hay y los ha habido siempre a lo largo de nuestra historia. Pero ahora muchos de ellos pululan por Internet como "blogger" o comentaristas y arremeten contra cualquier viento nuevo sin compasión ni modales. Y lo hacen de forma reiterada, consciente, violenta, frecuentemente embozados en seudónimos y datos falsos. Es uno de los fenómenos actuales que más me llaman la atención.
Sin embargo los cristianos somos, ante todo, personas libres porque libres nos creó el Creador y porque a liberarnos vino el Señor. He aquí algunas pruebas: "El Señor es Espíritu y donde está el Espíritu del Señor allí hay libertad" (2Cor 3,17). "Hablad y obrad como quien debe ser juzgado por una ley de libertad" (Sant 2,12). "Pero ahora, al morir a la ley, a la cual estábamos sujetos, hemos quedado libres para servir a Dios no conforme a la letra de la vieja ley, sino conforme a la nueva vida del Espíritu" (Rom 7, 6). "Cristo nos ha liberado para que seamos hombres libres… Los que queréis ser justificados por la ley quedáis desligados de Cristo y separados de la gracia. Nosotros aguardamos la justicia esperada por la fe, mediante la fe del Espíritu... Lo que importa es la fe y que esta fe se exprese en obras de amor… Pero si os mordéis y devoráis los unos a los otros, llegaréis a destruiros mutuamente… Pues si os dejáis conducir por el Espíritu, no estáis bajo la ley. Ahora bien, las obras de la carne son bien claras: lujuria, impureza, desenfreno, idolatría, supersticiones, enemistades, disputas, celos, iras, litigios, divisiones, partidismos, envidias…" (Gal 5,1 y ss).

Los supuestos católicos de armadura y pica demuestran muy poco respeto a la libertad. Por ahí ya empiezan a descalificarse como cristianos. Si no te gusta un articulista, no lo leas. Si una opinión te parece contraria a la verdad, aporta la tuya con respeto. ¿Por qué ese afán de dar espadazos a diestro y siniestro? "No apaguéis el Espíritu, no despreciéis el don de Profecía. Revisadlo todo y quedaos sólo con lo bueno" (1Tes 5,19). Y toma sólo lo que hoy puedas digerir: "Os di a beber leche, no alimento sólido, porque no lo podíais soportar; ni podéis todavía, pues aún sois carnales. Desde el momento que hay envidias y discordias entre vosotros, ¿no es porque aún sois carnales y vivís a lo humano? Porque cuando uno dice: «Yo soy de Pablo», y otro: «Yo de Apolo», ¿no procedéis de una manera puramente humana?" (1Cor 3,2).

Pero hay más. Para los cristianos es básica la omisión de juicio: "No juzguéis y no seréis juzgados" (Mt 7,11). "Así pues, nada juzguéis antes de tiempo, hasta que venga el Señor, que iluminará los escondrijos de las tinieblas y pondrá de manifiesto las intenciones del corazón, y entonces cada uno recibirá de Dios la alabanza que merezca" (1Cor 4,5). No todos vemos lo mismo, ni hemos adquirido los mismos conocimientos, ni tenemos el mismo desarrollo personal. ¿Quién te dice a ti que ése que escribe o habla no lo hace desde lo mejor y gratuitamente? Sólo eso merecería un delicado respeto: "Nosotros no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído" (He 4,20).

Sin embargo, estos "católicos de papel" prefieren cualquier papel doctrinal, por apolillado que esté, a la Escritura y descargan sus arcabuces verbales contra sus hermanos por saltarse no sé qué canon, número del catecismo o superada interpretación. Olvidan que todo compendio doctrinal requiere permanente actualización, que los papeles y cuadrículas son tantos que es imposible mantenerlos al día. Así nos encontramos con que parte del Catecismo oficial se ha quedado obsoleto (hay puntos y temas de urgente reforma), que la Liturgia tiene gazapos escondidos en la rutina (en contra de los que todavía afirman que "lex orandi, lex credendi": todo lo que se ora hay que creerlo; al parecer, aunque sea erróneo), que la selección del Leccionario es inapropiada para nuestros días (no lo digo yo, lo dijo el Sínodo de Obispos en octubre 2008), etc.

Estos católicos en celo -o lo que sean- se comportan como los apóstoles antes de su conversión: "Pero los samaritanos no lo recibieron porque iba camino de Jerusalén. Al ver esto, los discípulos Santiago y Juan dijeron: «Señor, ¿quieres que digamos que baje fuego del cielo y los consuma?». Jesús se volvió hacia ellos y los reprendió: No sabéis de qué espíritu sois, porque este Hombre no ha venido a perder a los hombres, sino a salvarlos" (Lc 9,53).

O, lo que es peor, se muestran como los nuevos fariseos: "Los guardias respondieron: «Nadie habló jamás como habla este hombre». Los fariseos les dijeron: «¿También vosotros os habéis dejado engañar? ¿Ha creído acaso en él algún jefe o algún fariseo? Esa gente que no conoce la ley son unos malditos»” (Jn 7, 45). "A algunos que, pensando estar a bien con Dios, se sentían seguros de sí y despreciaban a los demás, les dirigió esta parábola: Dos hombres fueron al templo a orar; uno era fariseo y el otro publicano" (Lc 18,9). ¿Qué más dijo el Señor de los fariseos?

Los que escriben o comentan en los "blogs" o en cualquier foro -virtual o real- con los bolsillos cargados de pólvora y los ojos cegados de ira olvidan una verdad evidente: la vida del hombre sobre la tierra es progresiva -individual y colectivamente- como lo es la revelación del Espíritu. Al menos lo es nuestra capacidad de descubrirla: "Muchas cosas tengo que deciros todavía, pero ahora no estáis capacitados para entenderlas. Cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará a la verdad completa. Pues no os hablará por su cuenta, sino que os dirá lo que ha oído y os anunciará las cosas venideras" (Jn 16,12).

Olvidan igualmente que la "doctrina oficial", ciertamente muy valiosa, constituye la señalización conocida y recomendada para un momento dado. Pero nada impide que se puedan descubrir nuevos caminos y luces, accesos anteriormente ocultos. Apedrear a los buscadores sinceros porque hablan lenguas nuevas es tan necio como negarse a usar los inventos recientes o desechar los descubrimientos científicos. Me gusta preguntar: ¿Qué hubiera sido de los israelitas sin los exploradores o los profetas?

Y por último, olvidan un valor básico para cualquier cristiano: la prioridad de la Paz. Somos discípulos de un pacifista. Lo que no quiere decir que seamos flojos, débiles, vencidos, ni cobardes. Todo lo contrario. Para ser pacifista, para salir a la palestra armado solamente con el deseo de hacer el bien, hay que ser muy fuerte, muy profundo y muy cristiano. Después de tantas "guerras de religión" y "abusos contra las personas" con los que hemos deshonrado a la Iglesia, por fin Juan Pablo II nos lo dijo muy claro: "La fe se propone no se impone", por muy reluciente, excelsa e irrevocable que nos parezca nuestra fe particular. Ni tú, ni yo, ni nadie, tenemos derecho alguno a "excomulgar" a quien no se expresa como yo pienso, digo o practico. Proponer es lo nuestro, nunca imponer. Y menos con las envenenadas armas de la injuria, la maledicencia, la difamación o la calumnia.

Si lo que éste o aquél afirman haber descubierto no te hace bien, pues sigue tu camino y tu conciencia. Desde luego yo nunca pretenderé imponerte lo que escribo. Si escribo es porque deseo hacer el bien. Es más, porque muchas personas me confirman reiteradamente que les hace bien lo que escribo. ¿Negaré a otros escritores católicos, estudiosos, teólogos, escriturarios, etc. esa misma recta intención?

No creo que se pueda ser católico sin ser cristiano, a pesar de los violentos de todas las épocas. Aunque nuestra intención sea erradicar el error y el supuesto mal que vemos en ojo ajeno, nunca podemos pretender arrancarlo violentamente. Lo dice el Evangelio y lo olvidan, incluso, muchos guías espirituales: "¿Quieres que vayamos a arrancarla? Les contestó: ¡No! No sea que, al recoger la cizaña, arranquéis con ella el trigo. Dejad crecer juntas las dos cosas hasta la siega" (Mt 13,28). ¿Qué doctrina oficial avala entonces a ésos que no se separan de la guadaña?

Muchos, demasiados católicos, olvidamos nuestras señas de identidad y hacemos el ridículo más sonoro. El signo por el que empezó a reconocerse a los cristianos fue aquella rotunda admiración: "¡Mirad cómo se aman!" (Tertulliano, Apologeticum, 39). Hoy día, cualquiera que surfee un poquito por páginas religiosas podría decirnos: ¡Mirad cómo se insultan, juzgan y apedrean! ¿Por qué? Porque olvidamos el Evangelio y negamos el Espíritu.

Repetimos lo mismo que nuestro Señor censuró: el fanatismo, el rigorismo humano y la rigidez de una religión miope que se apega a lo secundario (letra, rito, doctrina y tradición) y olvida lo principal (el amor, el Espíritu y el camino a la plenitud). Nos lo dejó clarísimo en su testamento: "Os doy un mandamiento nuevo, que os améis unos a otros; igual que yo os he amado, amaos también entre vosotros. En esto conocerán que sois discípulos míos, en que os amáis unos a otros" (Jn 13,34).

Cuando oigas o leas palabras nuevas, interpretaciones distintas, voces inéditas, tómalas o déjalas, cuestiónate o sigue por la senda de lo trillado. ¡La elección es tu derecho! Pero no acuses a nadie de hereje o de enemigo. Antes de descalificar, agredir o matar relee el martirio de san Esteban: "«Veo los cielos abiertos y al Hijo del Hombre de pie a la derecha de Dios». Ellos, lanzando grandes gritos, se taparon los oídos y se lanzaron todos a una sobre él; lo llevaron fuera de la ciudad y se pusieron a apedrearlo" (He 7,56). ¿No hacemos hoy lo mismo?

A esos católicos inmovilistas de agresión rápida y verbo ofensivo les recordaré: "El cristianismo es Camino que hay que caminar, Verdad que hay que descubrir y Vida que hay que desarrollar". El inmovilismo es contrario al cristianismo: "Jesús le dijo: «Sígueme y deja que los muertos entierren a sus muertos»" (Mt 8,22).

La prueba final es breve y rotunda: "Por sus frutos les conoceréis" (Mt 7,20). Si se apedrean entre sí o apedrean a otros, ni católicos ni cristianos; sólo violentos y agresivos homínidos. Confundir religión con violencia -sea en el grado que sea- es una de las mayores degradaciones de nuestra historia y la negación de nuestra identidad. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Para más información: http://blogs.periodistadigital.com/jairodelagua.php

Burka

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Burka: la cárcel de tela.

Burka

jueves, 6 de mayo de 2010

Sexto Domingo de Pascua

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Señor, que te alaben los pueblos.

Que te alaben los pueblos,
que te alaben en espíritu y en verdad,
con una vida entregada a tu servicio
y con obras de amor multiplicadas.

El Señor tiene piedad y nos bendice,
porque es todo Piedad y Bendición.

Ilumina su rostro sobre nosotros.
Su rostro se ilumina cuando nos mira,
es amor de madre, y se alegra.
Nos acepta, nos quiere como somos,
su luz nos hace ver la luz.

Conozca la tierra tus caminos:
son de paz y liberación,
caminos de salvación.

Riges el mundo con justicia.
Las leyes grabadas en el ser humano,
en la naturaleza toda,
son fuerzas creativas y progresivas,
sedientas de superación y perfección.
Se componen de amor y esperanza,
son sabias y humanizadoras.

Pascua 06 Domingo -C- Paz y Vida 09-05-10

miércoles, 5 de mayo de 2010

Secretos de belleza

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Dolores Aleixandre

Con este título de sección de revista femenina quiero referirme a un descubrimiento que acabo de hacer en la escena de Marcos de la mujer que ungió a Jesús (Mc 14, 3-10). Aprovecho para recordar que en ninguna parte del texto se dice que ella fuera María Magdalena, personaje en el que, como en una muñeca rusa, vamos metiendo una detrás de otra a cada mujer que aparece en los evangelios.
En esta escena aparece una mujer de identidad desconocida que ni se postró, ni derramó lágrimas, ni ungió los pies de Jesús, ni se los secó con los cabellos: entró en la casa donde se celebraba la cena “llevando un frasco de perfume de nardo puro muy costoso, rompió el frasco y se lo derramó sobre la cabeza”.
La critican, claro, los listillos que saben siempre lo que hay que hacer o dejar de hacer en cada momento pero Jesús, tajante, les corta el discurso: “¡Dejadla! Ha hecho una obra bella conmigo”. Tantos años leyendo el Evangelio y por primera vez me doy cuenta de que el adjetivo griego kalós significa “bello” además de “bueno”. Es decir, que el gesto de la mujer no es sólo un ejemplo de generosidad o de bondad sino de “belleza” y así se va a recordar “allí donde se anuncie la buena noticia”.
El término “belleza” atrae inmediatamente una asociación de imágenes para todos los gustos: Penélope Cruz paseando majestuosa por la alfombra roja; George Clooney tomándose una taza de café; un nuevo modelo de BMW; el color de las piedras de Salamanca; Mozart; un rostro de Modigliani; una pradera en los Picos de Europa; un capitel de Silos. O, en versión barata, cualquiera de esos Power Point llenos de atardeceres, playas, flores exóticas y bosques otoñales que nos atascan el correo.
¿Será esta la “belleza que salvará al mundo”? No es de extrañar el recelo de muchos ante la tendencia a camuflar lo cristiano bajo el envoltorio de una belleza light para no herir la sensibilidad de quienes confiesan: “Chica, qué quieres que te diga, a mí me da mucha más paz una imagen de Buda que la de un hombre crucificado…”
La belleza del gesto de la mujer apunta en otra dirección: el narrador se detiene primero con fruición en la calidad y el valor del frasco y del perfume, como si quisiera hacer aflorar nuestras reacciones espontáneas ante lo valioso: guardarlo, retenerlo, preservarlo, administrarlo con cuidado y precaución. Pero en seguida nos sobresalta describiendo el gesto de la mujer, claramente inadecuado e imprudente tratándose de un recipiente tan lujoso y de un perfume tan exquisito: “lo rompió” y “lo derramó”.
Qué derroche, qué desperdicio, cuánto despilfarro, qué afrenta para los pobres… Son juicios en los que podemos ver reflejadas nuestras ideas sobre un tipo de belleza que, pensamos, brilla y reposa en lo que es apropiado, conveniente, satisfactorio, provechoso y bueno; en lo que pertenece al orden del tener, poseer o conquistar.
La opinión de Jesús es otra: él encuentra la belleza en la acción excesiva, desbordante y carente de medida de la mujer, tan parecida a su manera de amar. Por eso le brinda el juramento solemne de que su gesto, nacido de la gratuidad del amor, va a convertirse en una profecía viva de la que todos podrán aprender.
Quizá en aquel momento, al mirar el frasco hecho mil pedazos sobre el suelo, había comprendido la parábola silenciosa que el Padre le narraba aquella noche: en aquel frasco vacío y roto, estaba toda su existencia convocada al vaciamiento y a la muerte.
Pero estaba también la promesa de que aquel perfume derramado y libre que él iba entregar cuando llegara su hora, iba a convertirse en la vida y la alegría del mundo.
Y en su extrema y paradójica belleza.

lunes, 3 de mayo de 2010

José, un hombre sin importancia

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La única cosa que sabemos de él, es que vivió con Jesús. Pero siempre discretamente; no dejó discursos, ni cartas, ni himnos, ni siquiera una frase. José, que no fue el protagonista más grande de la historia.
Primero, no es el verdadero padre de Cristo. Por eso, no figura y no sabemos de él tantas cosas interesantes, halagadoras, que nos satisfacen.
No fue corredentor, ni apóstol, ni mártir, ni profeta, ni obispo, ni diácono, ni laico carismático…sino simplemente ese “número dos” de dimensiones colosales, que muestra el ridículo de tantos pretenciosos “números uno” que somos.
Vayamos al taller a preguntar a San José porque está ahí. No da su opinión constantemente, no hace discursos, no se fabrica problemas, no tiene respuestas para todo, no profetiza. Sólo guarda las cosas en su corazón, y continúa trabajando, sirviendo en silencio y con amor.
José, enséñanos a no ser protagonistas, a trabajar sin exhibiciones personales, a colaborar sin pretender imponer nuestros criterios, a dar sin que lo sepa nuestra mano izquierda, a amar sin reclamar nada.
Dinos como vivir siendo el “número dos”; como hacer cosas magníficas, quedándonos en segundo plano. Dinos, que es imposible que todos seamos el “número uno”. Dinos que la mayor parte de nosotros, debemos ocupar esos segundos planos, donde se haya escondida nuestra verdadera grandeza. Dinos como vivir con dignidad sin ser “importante”. Que estemos convencidos que se puede y se debe ser útil, fiel, efectivo, y aún convertirse en héroe…sin ser importante.
Explícanos como ser grande sin buscar la grandeza, cómo luchar sin esperar aplausos, cómo avanzar sin publicidad, como perseverar y morir sin esperar homenajes.
José, tú no formabas parte de ninguna comisión directiva, de ningún comité organizador. ¿Quieres explicarnos como has hecho, para desarrollar al máximo todas las posibilidades de tu personalidad, para “realizarte” en tu casa, en tu taller, sin sentir ninguna angustia vital, ningún vacio en tu “yo”?
Queremos saber cuál es tu secreto, José, nosotros los protagonistas, porque todos hemos nacido con vocación de desempeñar los “primeros roles”, de ser jefes, profetas, iniciadores de una nueva era…Nuestro problema consiste en que todos queremos coger las riendas, y ninguno quiere tirar del carro. Se diría que nos sentimos llamados a organizar, dirigir, pero nadie se siente llamado a servir, colaborar…
Tú, que no dejaste tus herramientas de trabajo y para recorrer las plazas diciendo que sabías muy bien donde se encontraba la salvación del mundo; tú, que sabiendo tantas cosas, no te pusiste a la cabeza de un comité mesiánico de nazarenos, ni, más tarde, a la cabeza de un comité mesiánico de israelitas…, dinos cómo hacer para ser útil, positivo, generoso, sin querer ser “importante”, protagonista…Y lo que es más difícil aún, dinos cómo hacer para darnos sin hacernos notar , y a pesar de todo, sentir en el corazón una paz y una alegría profundas…
Pero, José, en vez de darnos una conferencia, sonríe, se calla, y continúa trabajando…Nosotros los “importantes”, los “especialistas”, los “bien informados”, los que firmamos …esperamos siempre la respuesta de este hombre sin importancia, de quien apenas sabemos que fue “un hombre bueno”.
P. Ramón Juste S.J

sábado, 1 de mayo de 2010

No perder la identidad

Por Con No hay comentarios:
2 de mayo 2010
Juan 13, 31-33a.34-35

Jesús se está despidiendo de sus discípulos. Dentro de muy poco, ya no lo tendrán con ellos. Jesús les habla con ternura especial: «Hijitos míos, me queda poco de estar con vosotros». La comunidad es pequeña y frágil. Acaba de nacer. Los discípulos son como niños pequeños. ¿Qué será de ellos si se quedan sin el Maestro?
Jesús les hace un regalo: «Os doy un mandato nuevo: que os améis unos a otros como yo os he amado». Si se quieren mutuamente con el amor con que Jesús los ha querido, no dejarán de sentirlo vivo en medio de ellos. El amor que han recibido de Jesús seguirá difundiéndose entre los suyos.
Por eso, Jesús añade: «La señal por la que conocerán todos que sois discípulos míos será que os amáis unos a otros». Lo que permitirá descubrir que una comunidad que se dice cristiana es realmente de Jesús, no será la confesión de una doctrina, ni la observancia de unos ritos, ni el cumplimiento de una disciplina, sino el amor vivido con el espíritu de Jesús. En ese amor está su identidad.
Vivimos en una sociedad donde se ha ido imponiendo la "cultura del intercambio". Las personas se intercambian objetos, servicios y prestaciones. Con frecuencia, se intercambian además sentimientos, cuerpos y hasta amistad. Eric Fromm llegó a decir que "el amor es un fenómeno marginal en la sociedad contemporánea". La gente capaz de amar es una excepción.
Probablemente sea un análisis excesivamente pesimista, pero lo cierto es que, para vivir hoy el amor cristiano, es necesario resistirse a la atmósfera que envuelve a la sociedad actual. No es posible vivir un amor inspirado por Jesús sin distanciarse del estilo de relaciones e intercambios interesados que predomina con frecuencia entre nosotros.
Si la Iglesia "se está diluyendo" en medio de la sociedad contemporánea no es sólo por la crisis profunda de las instituciones religiosas. En el caso del cristianismo es, también, porque muchas veces no es fácil ver en nuestras comunidades discípulos y discípulas de Jesús que se distingan por su capacidad de amar como amaba él. Nos falta el distintivo cristiano.
Los cristianos hemos hablado mucho del amor. Sin embargo, no siempre hemos acertado o nos hemos atrevido a darle su verdadero contenido a partir del espíritu y de las actitudes concretas de Jesús. Nos falta aprender que él vivió el amor como un comportamiento activo y creador que lo llevaba a una actitud de servicio y de lucha contra todo lo que deshumaniza y hace sufrir el ser humano.
José Antonio Pagola

Fallecimiento de Tere Monforte

Por Con 8 comentarios:
Como los árboles se muestran estos días llenos de vida, así también Tere estará ahora, gozando de la presencia del Señor.
¿Os  imagináis su encuentro con el Fundador, con las Primeras Madres?
Tenemos en el cielo una intercesora más que nos ayudará a que vivamos más y más el espíritu de la Sagrada Familia.
Esta tarde a las 18:00, en el Tanatorio de la M30 (sala 9) se celebrará una Eucaristía por ella. Mañana a las 11:40 será el entierro en el Cementario de la Almudena.
Tere, intercede por esta Familia tuya.





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